Virginia Gawel: los 5 ingredientes para una vida lúcida
Hay una línea muy delgada que es la más ancha de todas: la que divide la intención respecto del acto. La intención es como un arco estirado (más in-tensión que intención); pero hay vidas que se van con el arco estirado y sin flecha alguna; vidas que han sido espera por vivir; vidas tan “imperfectas” que no alcanzaron nunca a cargar la flecha en el arco… No quiero eso para mí. Nunca lo quise. Pues el oficio del arquero es tensar el arco cargando la flecha, y errar. Errará, errará, y errará. Es su único medio de acertar. Pero se acierta haciendo, no apuntando a perpetuidad. De hecho, la palabra “oficio” creo que es muy buena: la define el diccionario como “las labores a las que se dedica una persona”, y su etimología viene de “opus” (obra) y “facere” (hacer). Hacer nuestra obra. Qué otra cosa es, si no, vivir? Apuntar a perpetuidad? Anhelar sin intentarlo? “Quien desea y no obra engendra peste”, decía William Blake. Y los que solemos trabajar con el tema de la muerte sabemos que ...