Como un sombrero: Quítate la cabeza
Quisiera hablarte de ese corazón que no se ve. Así: cuando se ingresa a lugares delicados (el cuarto de un bebé, un templo, una antigua tierra sagrada...) con frecuencia es indispensable quitarse los zapatos para no ensuciar con el mundo esa porción de pureza. En otros, es de buena educación quitarse el sombrero en señal de respeto y de permanecer algo así c omo "con la mente desnuda", dispuesto a estar con el otro, a escuchar o a silenciarse junto a los demás. Pero habría lugares, habría momentos, en los que tendríamos que escribirnos un cartel recordatorio que dijera, -parafraseando, inclusive, al mismísimo Antiguo Testamento-: "QUÍTATE LA CABEZA, PORQUE EL INSTANTE QUE PISAS ES TIERRA SANTA". El instante del que hablo es tan delicado como el cuarto de un bebé, un templo, una antigua tierra sagrada... Requiere que te salgas del pensamiento y recorras aquél camino que se dice suele ser el más largo: de la cabeza al corazón. Y sientas, en vez de pensar. Y sienta...