Hay una preciosa expresión en la Psicología del Zen: “Vivir sin cabeza”. Necesitamos ejercerla: que, de a ratos, el pensamiento se vuelva sólo como la música de fondo de una película. Silenciar el pensamiento y abrir los sentidos: ver, escuchar, palpar... percibir lúcidamente. Pensar con hondura es algo noble, mas la rumia mental nos desconecta de lo que está allí. Y "lo que está allí" es nada menos que la Vida: "allí" están los demás (a quienes dejamos de ver, de escuchar, de palpar), la Naturaleza (que olvidamos contemplar, permitir que nos conmueva, retozar en ella...), el entorno diario (que es el escenario en el cual vamos jugando nuestro Destino)... Pero sobre todo eso: están los que son una invitación a comprender el Amor. Y están aquéllos de quienes deberíamos aprender a cuidarnos. Pero si nos manejamos en el reino de los pensamientos... dejamos de ver quiénes son quiénes! Y terminamos traspolados: descuidando los vínculos sanos, y apegados a quienes...