Un cuento: Amigarnos con nuestras "imperfecciones" Con mucha frecuencia las buenas personas, -aquéllas verdaderamente valiosas-, suelen ser más duras consigo mismas que con cualquier otro: les cuesta disculparse sobre su pasado y su presente, les duelen sus propias falencias, sus "imperfecciones", y se torturan con ellas, apenándose y hasta avergonzándose de ser quienes son. Tienen un alto ideal de sí mismos y se sienten "fallados" si no lo despliegan tal cual lo imaginan. Descubrir esto es un paso esencial en el trabajo sobre sí: darse cuenta de que esos "defectos" son parte de nuestra identidad, y que necesitamos aceptarlos para que, recién entonces, puedan empezar a jugar a favor en nuestro camino cotidiano. Aquí va un antiguo cuento que nos habla de esto... Un aguador de la India tenía sólo dos grandes vasijas que colgaba en los extremos de un palo y que llevaba sobre los hombros. Una tenía varias grietas por las que se escapaba el agua, de m...