Yo, la Victima, Laura Foletto
Tendemos a creer que no lo somos, especialmente si estamos trabajando con nosotros mismos y ya nos consideramos concientes y fuera de este flagelo. Lamento desilusionarte/me: nadie de nosotros lo está. Está incrustado en nuestras células, en nuestra sangre, en nuestros comentarios y pensamientos, en nuestras relaciones. Es una raíz insidiosa, propagada lenta y profundamente a lo largo de toda/s nuestra/s vida/s, instalada en las familias y la sociedad. Nadie está libre. Toma muchos ropajes. El más trillado es, por supuesto, el de quien está bajo el dominio de alguien (padres, hermanos, jefes, amigos, etc.). Lo reconocemos fácilmente. Lo que no vemos es que ésa es una relación disfuncional en que ambos se necesitan mutuamente. En realidad, no hay víctima/victimario, sino que los dos están sujetos a una esclavitud que los desmerece como seres humanos. Pensamos que la víctima no tiene poder aquí, pero sí lo posee: generalmente, obtiene determinados beneficios que cree que...