"Los vínculos son el lugar en donde el alma cumple su destino", dice el psicoterapeuta y ex sacerdote Thomas Moore. "Ningún hombre es una isla, la muerte de todo hombre me disminuye, no preguntes por quién doblan las campanas, están doblando por tí", escribió el poeta inglés John Donne en el siglo diecisiete. Más acá, el filósofo Paul Tillich dijo: "El amor es el impulso ontológico hacia la reunión de lo separado". Todas estas definiciones son rayos de una rueda en cuyo centro hay una certeza ineludible: existimos vinculados, somos nuestros vínculos. Somos el hijo o la hija de, el hermano o la hermana de, el amigo o la amiga de, la pareja de, el amante o la amante de, el enemigo o la enemiga de. El discípulo o el maestro de. O lo fuimos. O lo seremos, la vida lo dirá. Tenemos un nombre porque no estamos solos y por ese nombre nos identificaremos, únicos, inéditos e irremplazables entre los seres con quienes convivimos: todos los seres. Mis vínculos ...