Escribí este cuento en 2004 para un programa de radio que en aquél año realizaba. Está basado en algo real que viví yo misma con mi padre. Hoy lo encontré, y quiero convidarlo para quien pueda servirle. Va con mi abrazo! Eran demasiado parecidos: con el enojo a flor de piel. Y, tal como dos combustibles resultan peligrosos de juntar, permanecían estancos, uno al lado del otro, hasta que alguna chispa insignificante los inflamaba. Y, a la hora de la explosión, poco importaba cuál de los dos se había encendido primero: la cosa quemaba, y no era fácil apagarla. Ese día, Alex había vuelto de la Facultad irritado: los docentes estaban de paro, por lo cual, ni bien había llegado a Buenos Aires, tuvo que volver a subirse al tren, y, allí, aprovechar el tiempo dándose clase a sí mismo. Es que... si no estudiaba en el tren, no había dónde ni cuándo: la única manera e...