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Mostrando las entradas etiquetadas como Virginia Gawel
Virginia Gawel: Apego y desapego (sobre el no sufrir de más)
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Virginia Gawel: El miedo a la desaprobación
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Virginia Gawel: Permiso para deselegir
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Existen palabras que están como a punto de nacer, pero todavía no hay suficiente cantidad de gente que esté consciente de su ausencia. Sin embargo... un día las entrañas de muchos se constriñen porque se está dando a luz una nueva comprensión colectiva; y entonces la palabra, como un niño, corona de boca en boca, cual si fuera un parto múltiple, de a cientos... de a miles.. . Creo ver naciendo, así, una palabra que algún día se volverá imprescindible: deselegir. Y es que, generación tras generación, hemos creído elegir; elegir la vida que construimos, nuestros quehaceres, nuestros amores, nuestras creencias… nuestros hábitos: hábitos corporales, mentales, emocionales… hábitos. Pero un hábito no es más que un dispositivo automático generado para que nos resulte más sencillo habitar esta Tierra. Mas lo cierto es que eso no fue "elegir "(aunque haya quienes vivan y mueran creyendo que sí): fue adaptarse a lo que sentíamos que era “lo mejor”, creando defensas eficaces para ...
Virginia Gawel: la ley de completamiento
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Te invito a que observes un mecanismo mental: ¿qué te sucede ante los puntos suspensivos de esta frase: "Ojo por ojo [...]" ? Lo más pr obable es que, apelando al archivo de tu memoria, la hayas completado con la antigua frase bíblica. Ese mecanismo cognitivo-cerebral se llama "tendencia al completamiento": necesitamos CERRAR una estructura que percibimos como inacabada, y por lo general la mente lo hace apelando a lo que SUPONE que falta (tal como necesitamos cerrar un círculo que halláramos inconcluso en una pizarra). Sin embargo, en esta ocasión, por ejemplo, lo que queríamos compartirte NO era la frase bíblica, sino un pensamiento de Gandhi que previene sobre la venganza, y que dice: "Ojo por ojo... y el mundo va quedando ciego". Bien: a la hora de relacionarnos con otra persona, este mecanismo puede ser fatal: cuando me miras a mí, cuando te miro a ti. Al conocer a alguien, este automatismo se dispara desde nuestra parte más animal: el instinto...
Cuando herimos sin querer, Virginia Gawel
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DECIR "LO SIENTO ", SINTIÉNDOLO, es más hondo que pedir dis-culpas. Por empezar, PEDIR disculpas es PEDIRLE a quien ya le hemos SACADO . Por seguir, cuando digo "lo siento", sintiéndolo, lo que estoy haciendo es OFRECER: ofrecer mi corazón renunciando a mi orgullo, mis autojustificaciones, mi negación o minimización de cuánto lastimé. Pobre persona la que prefiere seguir salvaguardando su ego en vez de su dignidad! Para decir "Lo siento!", sintiéndolo, hay que ser muy valiente. Solo personas así tendrían que habitar el mundo que venga luego de tanta impunidad que nada siente... Te abrazo... y te escucho lo que quieras decir... sumar!! Virginia Gawel www.centrotranspersonal.com.ar
Virginia Gawel: Después del miedo al rechazo
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Nos achicamos, deformamos, estiramos, replegamos… para no experimentar esa sensación tan temida. ¿Por qué? Primero, es un resabio que nos queda del mamífero que somos, y sobre todo de cuando era bebé: para ese entonces, ser rechazados podía implicar, instintivamente, el abandono y la muerte. Más tarde, el instinto gregario nos dijo que estar con otros significaba ser más fuertes (=tener más posibilidades de sobrevivir). Otra vez: rechazo= soledad= amenaza de muerte. Pero cuando evolucionamos… comprendemos que no es así! Podemos superar esas improntas primarias desde las que nos aterra el rechazo. Es más: si no lo hacemos nos sentimos morir de sobreadaptación. Y lo cierto es esto: el miedo al rechazo rige nuestra vida sólo mientras nos rechacemos a nosotros mismos. De cualquier rechazo podemos sobreponernos, salvo del seguir autorrechazándonos. Cuando la persona se va desplegando y se legitima a sí misma, si está decidida a no renunciar a su real identidad, a no negociar lo inne...
Virginia Gawel: Llegar del otro lado del dolor
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Imagen: "Despertar", de Marco Tulio Transitar un duelo es difícil. Y la vida nos propone duelos por demás: una pareja que termina, los hijos que se van, el cuerpo que pierde habilidades, lugares que ya no volveremos a ver, animales queridos, tantas, tantas cosas... Además hay duelos por asuntos invisibles: resignar no sólo lo que ya fue, sino lo que nunca ha sido: anhelos incumplidos, proyectos que no llegaron a realizarse, amores truncos aún antes de empezar... Es parte vital de la tarea humana atravesar esos dolores, más grandes o más pequeños. Como aquellos que caminan sobre brasas, estamos llamados a cruzar este dolor, aunque queme, para pasar al otro lado. ¿Y qué hay del otro lado? Difícil es concebirlo mientras estamos aún en carne viva. Pero si nos animamos a seguir caminando, del otro lado nos pueden esperar distintas preciosuras: templanza, integridad, comprensión, madurez, apertura, claridad, y... (quién sabe!), a veces Alegría. Una Alegría que no es ortopédica...
Virginia Gawel: Cuando retrocedemos en nuestra vida
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Hermosos y atrevidos: la vida es un experimento
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Gandhi llamó a su autobiografía “Mis experimentos con la Verdad”. Maravilloso título! También dijo de sí mismo y de todos: “Yo, débil, tímido, casi insignificante, si siendo como soy hice lo que hice, imagínense lo que pueden hacer todos ustedes juntos.” Él también era tímido! Pero decidió que su vida fuera dirigida por otra parte de sí: su parte au daz, atrevida. “Atrevido” es una bella palabra: significa, en su raíz, “atribuirse, asignarse a sí mismo la capacidad de hacer algo”. Ser atrevido tiene un ingrediente más que la valentía: uno puede ser valiente para soportar la adversidad que viene hacia nosotros. Nos propulsa a ir más allá de los condicionamientos que nos marcaron nuestra geografía interior: "Esto SÍ eres; esto otro NO eres". La propia vida empieza cuando nos sacamos el polvo de esas afirmaciones ajenas y nos formulamos las tres preguntas esenciales: "¿Qué soy? ¿Cómo soy? ¿Quién soy?". La respuesta a esas preguntas no es intelectual, no son palabras...
Las mareas emocionales: ecuanimidad y determinación
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“Lo hago porque lo siento”; “No lo terminé porque ya no tenía ganas”; “Abandoné porque perdí el entusiasmo inicial y me desalenté”...Expresiones como éstas pueden ser muy importantes para tomar ciertas decisiones de nuestra vida: hay cosas que sólo deberíamos hacer o seguir haciendo si las emociones nos acompañan; mirarnos por dentro y darnos cuenta de que la mejor opción es elegir a partir de cómo nos sentimos. Sin embargo, como la vida es paradójica, el enunciado opuesto también puede ser verdad. Y en determinado tipo de temperamento (ciclotímico, emotivo, con sentimientos que suben y bajan como las mareas) es posible que dejarse llevar por el sentir sea un parámetro peligroso. ¿Cuál es el riesgo? Que los propósitos más íntimos (necesarios para desplegar nuestra evolución en este mundo) queden muy frecuentemente malogrados por supeditarse a “cómo nos sintamos”: se empieza una nueva actividad con mucha pasión… pero si algo nos vulnera el ánimo, la pasión se apaga. Se comienza ...
Virginia Gawel: Resentimiento y Rencor
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Sobre nuestros ancestros: Padres de hierro, Virginia Gawel
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Hay padres que no aman. Hay padres que sólo dañan. Hay también padres que aman y lo expresan de las más variadas maneras: abrazan, dicen, cantan, preguntan mirando a los ojos, acompañan desde cerquita, y tienen el “te amo” presto para salir de los labios, entre barbas, bigotes o lampiñamente, pero así, tan fácil como una paloma hace surco en el aire. A esos padres los dejo allí hoy. Los dejo allí, y los abrazo. Pero hoy quiero traer a los padres que sufren una condición singular: los que aman, pero parece que no. Los que crecieron aprendiendo que los hombres no lloraban, que de los temas de afectos se ocupaban las madres. Los que fueron martillados en sus corazones para que no cometieran la torpeza de emitir ternuras a hijos varones, para conservarlos viriles; ni a sus hijas mujeres, porque no sabían dónde poner los cuerpos para dar eso tan raro: un abrazo de padre. Los que recibieron de sus padres, y sus padres de sus padres, y sus padres de sus padres… Una regla emocional muy...
Virginia Gawel: El amor chiquitito y el otro amor
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“El mejor Amor es el Amor sin objeto.” Así lo decía Rumi, el poeta persa, hacia el 1200. Un verso revelador. El Amor no como un sentimiento, no como una emoción, no como un tipo de vínculo, sino algo previo: una “materia prima” que es, en nosotros… (y quizás “fuera” de nosotros, constituyendo la Creación misma). Cuando amamos a nuestra pareja, nuestro hijo, nues tro perro, nuestro terruño… es esa “materia prima” la que inviste al “objeto de Amor”, y se nos vuelve más claro que amamos “a algo”. Sin embargo, si en un ratito cerraras los ojos, respiraras serenamente y prestaras atención a tu pecho, es posible que pudieras percibir que allí “anida” esa materia prima. Ya no volcada hacia nada ni nadie, sino como si tu pecho fuera su sede humana… Lo has sentido? Percibirlo puede ser una experiencia muy movilizante… Amar a lo inmediato (nuestros vínculos cotidianos, por ejemplo) es un arte muy difícil de ejercer. En algún momento del día necesitamos hacer contacto con esa “materia prima” d...
Yo no quiero ser de sal, Virginia Gawel
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La mujer de Lot se dio vuelta para mirar atrás y se convirtió en una estatua de sal. (Así se lo cuenta.) He sido la mujer de Lot. He cre ído que el tiempo pasado era mejor. He despreciado mi tiempo, mi época, la Humanidad tal como hoy es, a la que pertenezco. Yo no quiero ser de sal. Yo no quiero ser devota de San Pasado. Yo quiero entregarme, dulce, a la aurora, y vivir su día, mirando hacia adelante. Tampoco quiero que me confundan los perfumes de mi infancia: los amo, pero ya no son. Y, es cierto: no están los que no están. Pero a los que están: ¿les abro mi pecho, en son de bienvenida? Soy de mí misma. Ni de Lot ni de nadie. Elegí esta época para nacer (no otra). Remango mis brazos y hago lo posible para que sea mejor. Pero no estoy sola: tú, que llegaste hasta este renglón, estás conmigo, laborando. Virginia Gawel www.centrotranspersonal.com.ar
No hagas más de lo mismo, Virginia Gawel
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El cerebro humano tarda unos 30 años en madurar. Durante ese tiempo se van delineando determinados circuitos neuronales por ensayo-error, estableciéndose PATRONES DE CONDUCTA. Un patrón podría expresarse así: cada vez que sucede A, yo hago B, luego C y más tarde E para; la resultante usual de mi conducta deriva en W. Sin embargo, muchos de esos patrones que en algún mom ento fueron exitosos para tener un lugar entre los demás (por ejemplo, encerrarse en sí mismo apartándose del mundo, ser "el gracioso" que sobrevive contando sus ocurrencias, buscar que todo salga "perfecto" aun a costa de la propia salud...) en otra etapa de la vida se vuelven UN ESTORBO. Aprendimos a ser DE DETERMINADA MANERA y ni siquiera nos damos cuenta de cuánto nos repetimos! Pero cuando empezamos a darnos cuenta... allí puede acontecer lo maravilloso. Allí comienza nuestra REAL POSIBILIDAD DE SER LIBRES. Allí se manifiesta la oportunidad de CAMBIAR PATRONES ANTIGUOS Y DISFUNCIONALES. Tra...
El autoacoso, Virginia Gawel
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Mucho se habla hoy del acoso en sus distintas versiones: el acoso en las calles, el acoso en las escuelas, el acoso en los lugares de trabajo... Sexuales o intimidatorios, burlescos o a mano alzada. Todos despreciables, denunciables, necesarios de ser extirpados de nuestra sociedad hasta que no quede ni una miguita de ninguno de ellos. Pero hay un acoso silencioso, erosionante, que licua tu sangre, te carcome el espíritu, arrasa con tus anhelos, vandaliza tus Intentos. Es el autoacoso: juzgarte sin piedad, evaluarte como insuficiente, sospechar de ti mismo como si fueras un impostor. Descalificar cada rasgo noble de tu identidad; minimizar cada logro, relativizándolo. El autoacoso enferma silenciosamente (aunque dentro tuyo tu detractor te hable a gritos, todos los días). El autoacoso es una forma persistente, agobiante, del autoodio. ¿Se cura? Sí. El primer paso es DARSE CUENTA. El segundo paso es DESIDENTIFICARSE DEL ACOSADOR INTERNO: reconocer su voz y no darle AUTORIDAD SOB...
Cuál es tu impulso inevitable?, Virginia Gawel
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Amo los girasoles. Y desde ese amor quiero preguntarte algo: ¿cuál es tu sol? "Heliotropismo" es la palabra que señala ese fenómeno: "helio" es "sol", "tropos" es "movimiento", "dar vueltas". El girasol mira al sol y no puede dejar de mirarlo, porque está ligado a él su vida misma. No tiene opción. Está condenado a funcionar al unísono con todos sus compañeros gira soles, todos uniformemente encandilados por la luz del cielo, para quedar desconsolados cada noche. Hasta que un día el girasol madura. Sus semillas están a punto de ser entregadas, y entonces agacha su cabeza, deja de seguir al sol, deja de mirarlo. El sol está allí, lo invita, pero el trabajo del girasol ahora es mirar a la tierra. Entrega su propio sol y se inclina hasta deshacerse poco a poco por completo. Ofrenda su corona radiante: la opaca para que se vuelva alimento. Y ese girasol deshecho fecunda el suelo para su próximo ciclo, continuado por sus semil...
Cuando por fin nos damos cuenta, Virginia Gawel
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Casi siempre primero hay que quererlo. Como un mecánico que se posesionara por descubrir el dispositivo que hacía que funcionara una antigua máquina que no conoce... como un botánico que anhelara comprender cuál es el secreto para que determinada hierba tenga virtudes curativas prodigiosas... Hace falta, entonces, querer darnos cuenta de cómo somos. Dicen las Psicologías de Oriente que el primer paso, antes de llegar a saber quién se es, es poder saber cómo se es. Pero de verdad! (Pues cuando uno se concibe desde su propia superficie presume de saber ya todo sobre sí. Oscar Wilde decía con ironía que un humano es, en verdad, tan insondable que “sólo los superficiales se conocen a sí mismos.”) Para saber cómo se es, uno necesita ponerle mucha dedicación a una tarea que requiere pasión y constancia: la de autoobservarse. Observarse a sí mismo parece un acto del intelecto; sin embargo, no lo es: puede empezar por allí, pero poco a poco se va convirtiendo en una actitud de vida que, a...
La ocasión es tu maestra, Virginia Gawel
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No necesariamente la que querías. No como la deseabas. O, a veces, precisamente la que anhelabas. Allí está: la ocasión, tal como ES. Allí: en tu vida (el más arduo monasterio). Toma tu ocasión y has algo bueno con ella. Aunque rechinen tus dientes, hasta luego quedarte laxo como una pluma. La ocasión de hacer... o de renunciar a hacer. La ocasión de discernir. Sé orfebre de tu ocasión, tal como se presenta: artesano de tus días. Vuélvete maestro de tus zonas más ignorantes. Y luego enséñame a mí lo que te has enseñado. Porque todos vinimos a aprender de todos. Virginia Gawel www.centrotranspersonal.co m.ar