Cada vez más, encuentro personas que se sienten a punto de desplomarse, que han tomado demasiados compromisos y ahora están agotadas o hartas. Pueden ser laborales, familiares y/o personales, el tema es que esos asuntos han crecido exponencialmente. A veces, se trata de individuos con una gran capacidad para soportar vastas y variadas obligaciones. Otras, de gente q ue ha contraído cargas por imposición de otros o de las circunstancias. O de quienes creen que la vida es una sucesión de deberes que están obligados a tomar. Algo que comparten es la forma de asumir esas situaciones: en general, no se preguntan si las desean o pueden con ellas o cómo las llevarán a cabo, sea porque no saben decir “No” o que no se conocen lo suficiente o que piensan que la vida es una lucha que hay que ganar o que “así son las cosas”. Esa actividad constante les hace creer que son importantes, indispensables, potentes, dignos de merecer reconocimiento, cariño, poder, dinero, presti...