“Límites” se ha convertido en una mala palabra, al parecer. Denotaría restricciones, autoritarismo, conformidad; no es moderna; no solo molesta sino que también asusta. La paradoja es que, al no considerarla, nos estamos sumiendo en el caos. Vivimos en la era del “Yo puedo todo”. La palabra clave de esa afirmación es la primera: ese es el Yo del ego. Liberado de Dios, puede hacer cualquier cosa, por lo que se lanzó a la conquista del mundo. El problema es que, por definición, el ego es limitado, carente, incompleto; por lo tanto, eso es lo que busca y glorifica y, para lograrlo, no descansa en su afán. El otro problema es que lo debe lograr a través de un cuerpo, que es más limitado todavía. ¿Se aprecia la ironía? Esta es una experiencia de limitación justamente. En este contexto MATERIAL, no podemos pensar en algo y lograrlo instantáneamente. Requiere un aprendizaje, un proceso, una toma de conciencia de las consecuencias, una colaboración con otros, una espera...