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Si.... Rudyard Kipling

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Si... Rudyard Kipling Si guardas en tu puesto la cabeza tranquila cuando todo a tu lado es cabeza perdida. Si tienes en ti mismo una fe que te niegan y no desprecias nunca las dudas que ellos tengan. Si esperas en tu puesto sin fatiga en la espera; Si engañado no engañas. Si no buscas más odio que el odio que te tengan. Si eres bueno y no finges ser mejor de lo que eres. Si, al hablar, no exageras lo que sabes y quieres. Si sueñas y los sueños no te hacen su esclavo. Si piensas y rechazas lo que piensas en vano. Si tropiezas al Triunfo, si llega tu Derrota y a los dos impostores los tratas de igual forma. Si logras que se sepa la verdad que has hablado a pesar del sofisma del Orbe encanallado. Si vuelves al comienzo de la obra perdida, aunque esta obra sea la de toda tu vida. Si arriesgas en un golpe y lleno de alegría tus ganancias de siempre a la suerte de un día, y pierdes, y te lanzas de nuevo a la pelea si decir nada ...

Elejí Vivir, Rudyard Kipling

¡ELEGÍ VIVIR! No quise vivir sin sueños y elegí la ilusión que me despierta, el horizonte que me motiva y el proyecto que me llena. No quise vivir triste y elegí la paz, la felicidad, la luz, el abrazo que reconforta, la sonrisa que libera. No quise vivir cansado y elegí el descanso del amigo,  el camino compartido, el avanzar disfrutado del paisaje  y el reposo del guerrero. No quise huir y elegí mirar de frente, mirar a los ojos, decirle adiós a los miedos y fantasmas. No quise vivir solo y elegí la alegría de descubrir al otro, de dar, de compartir, de vivir enamorada de la Vida. A cada instante sigo eligiendo cómo vivir mi Vida. Rudyard Kipling.

Elegí la Vida, Rudyard Kipling

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No quise dormir sin sueñ os: y elegí la ilusión que me despierta, el horizonte que me espera, el proyecto que me llena, y no la vida vacía de quien no busca nada, no desea nada más que sobrevivir cada día. No quise vivir en la angustia: y elegí la paz y la esperanza, la luz, el llanto que desahoga, que libera, y no el que inspira lástima en vez de soluciones, la queja que se denuncia, la que se grita, y no la que se murmura y no cambia nada. No quise vivir cansado: y elegí el descanso del amigo y del abrazo, el camino sin prosa compartida, y no parar nunca, no dormir nunca. Elegí avanzar despacio, durante más tiempo, y llegar más lejos, habiendo disfrutado del paisaje. No quise huir: y elegí mirar de frente, levantar la cabeza, y enfrentarme a los miedos y fantasmas porque no por darme la vuelta volarían. No pude olvidar mis fallos: pero elegí perdonarme, quererme, llevar con dignidad mis miserias y descubrir mis dones; y no vivir lamentándome por aqu...