Sentirse merecedor, Eliza Cavazos
Una de las cosas más difíciles para muchas personas es aprender a sentirse merecedores. Vivimos en la cultura del esfuerzo. Un niño al nacer no cuestiona si merece o no lo que recibe. Sin embargo, cuando el pensamiento se va desarrollando y la estructura del ego se vuelve más compleja, la mente empieza a comparar, a juzgar, y van surgiendo, a una muy tierna edad todavía, los pensamientos de no merecimiento y de culpa. Inicialmente el crío va a compararse con los hermanos, observando si ellos tienen más o menos, si son felices o infelices. También empieza a observar el sufrimiento de los padres. Y según la situación familiar, cuanto mayor sea el sufrimiento, mayor será la tendencia a desarrollar sentimientos de culpa por ser feliz, culpa por tener, culpa por recibir. Al crecer un poco más, el niño también empezará a tener contacto con las personas del mundo exterior y sus sufrimientos, lo cual podrá alimentar todavía más la sensación de culpa y no merecimiento por tener una vida m...