Virginia Gawel: miedo al rechazo
Los humanos somos una especie gregaria (¡aun aquellos introvertidos y solitarios!): necesitamos pertenecer, relacionarnos, dar, recibir... Este impulso tiene una honda raíz, ligada al instinto de supervivencia: estar en relación con otros no sólo implica mayores posibilidades de obtener lo que un individuo necesita para seguir vivo (afecto, alimento, cuidado si se enferma o si envejece...) sino que es a través de cada individuo que el instinto busca la perduración de la especie. De modo que, desde nuestro inconsciente más arcaico (o, si se quiere, desde la zona del cerebro que compartimos con otros animales), la posibilidad de ser excluido o rechazado activa alarmas que van más allá de la razón, como si ese hecho equivaliera a la muerte. A medida que alguien se va individualizando, va logrando una creciente libertad respecto de este imperativo inconsciente: vivenciará la legítima necesidad de pertenencia, pero no por ello negociará aspectos vitales de su identidad para garantizár...