El cuerpo es uno de los grandes ignorados. Nos ocupamos de él cuando se “enferma” (o duele) o con fines estéticos, a modo de imagen o máscara para los demás. Si no, vivimos en la burbuja de nuestra mente (como en las caricaturas, estamos en el globito que habla o piensa) y lo abandonamos, anestesiado, como una máquina que debe trabajar 24 horas, sin consideración ni cuidado. Así, nos perdemos de los numerosos mensajes que nos brinda, ya que el cuerpo es nuestro traje bioenergético en esta dimensión, el que traduce y expresa lo que sucede en los ámbitos emocionales, mentales, karmáticos, etc.
Casi nadie, hoy en día, está conciente de su cuerpo, de su energía. El día transcurre en la telaraña de pensamientos que teje la mente, entre el pasado y el futuro, raramente en el presente. Presta atención a este instante… ¿te das cuenta de tu cuerpo o estás abstraído leyendo esto?, ¿notas si estás incómodo, en una posición enredada o vencida?, ¿respiras con el diafragma, serena, ampliamente o ...