Se nos ha enseñado que la libertad mental es algo que se alcanza luego de recorrer un espinoso camino. Con esfuerzo y voluntad sostenida y luego de atiborrar nuestro aparato cognitivo de información, veremos la luz al final del túnel. Siguiendo a Kant y a los precursores de la ilustración, la premisa que retumba en nuestras cabezas es la de que el conocimiento nos hará libres: pensar, comprender y la razón como precursora de la emancipación psicológica. Suena razonable, pero tengo mis dudas. A veces veo la cosa al revés y no me disgusta. Una mente embotada y repleta de deberes es lenta y pesada, salta de un concepto a otro pero no toca tierra. Conocimiento no es sinónimo de sabiduría. La persona que aprende en un sentido serio (honesto), inevitablemente se transforma, no hay sabiduría sin inocencia. No niego la instrucción en sí, lo que sostengo es que solo una mentalidad libre, no atada ni devota a conocimientos previos, puede abrirse a lo nuevo y asimilarlo sin distorsiones. Entonce...