Entendemos que la empatía con otro ser humano consiste en unirnos a su malestar, prestarle atención detenida a los detalles de su sufrimiento, tratar de resolverlo, quitarle importancia o aliviarlo. Sin embargo, ninguna de estas actitudes que se centran en la existencia de un problema honra y capacita a nadie para ir más allá de él. No podemos aportar nada realmente transformador al permanecer centrados en lo que le sucede, lo que le angustia, lo que le hace sufrir. Ya se trate de sucesos, sentimientos, pensamientos o situaciones, al enfocarnos en ellos considerándolos la causa de nuestro malestar y tratando de solucionarlos, lo que hacemos es darles un poder que no tienen. Puede que experimentemos un alivio al contarlo y descargarlo sobre otra persona. O que nos sintamos consolados cuando percibimos el interés de alguien más sobre lo que nos perturba. De hecho, esta es la gran trampa en la que incurrimos al contarnos lo que llamamos nuestros problemas. Como nos encontramos mejor al re...