“¿Dónde está la vida que hemos perdido viviendo?”
Para algunos el niño interior dista mucho de ser inspirador, puesto que apenas es real. Su experiencia infantil ha sido borrada por el dolor y por el tiempo, oscurecida por la racionalidad, expulsada por la ambición o distorsionada por el apremio a crecer y adaptarse. Son poco los que gozaron de una infancia sin ansiedad, llena de contacto y de participación compenetrada en el mundo de los adultos; una infancia libre y abierta al juego imaginativo o al gozo del esparcimiento; un entorno emocional en el que el hecho de ser vulnerable no era causa de inseguridad. Para muchos, el niño interior es un ser herido y traumatizado, una víctima menoscabada por las experiencias que el adulto prefiere no recordar. Según la terapeuta infantil Edith Sullwold, el niño de nuestra experiencia “es el niño al que todos deseamos curar para poder recuperar la energía necesaria para nuestra actividad adulta, energía que reside aún en aquellos mecanismos automáticos de defensa que desarro...