YO DESEO (TAL COSA) EN ARMONÍA PARA TODO EL MUNDO Y DE ACUERDO CON LA VOLUNTAD DIVINA, BAJO LA GRACIA Y DE MANERA PERFECTA. GRACIAS PADRE QUE YA ME OÍSTE” Nos habla de un ejercicio sencillo para que aprendamos a pedir, jamás pedir el mal para nadie, sino pedir según vayamos necesitando, os copio lo que dice: Todo lo que tú desees, todo lo que vayas necesitando lo puedes manifestar. El Padre todo lo ha previsto ya, todo lo ha dado ya, pero hay que irlo pidiendo a medida que se sienta la necesidad. Sólo tienes que recordar que no puedes pedir mal para otro porque se te devuelve a ti, y todo lo que pidas para tí debes pedirlo también para toda la humanidad porque todos somos hijos del mismo Padre. Por ejemplo, pide grande. El Padre es muy rico y no le gusta la mezquindad. No digas “Ay, Papá Dios, dame una casita. Sólo te pido una casita, aunque no sea sino chiquitita”, cuando la realidad es que tú necesitas una casa muy grande porque tu familia es numerosa! No reci...
Hay dos tipos de deseos o de dependencias: el deseo de cuyo cumplimiento depende mi felicidad y el deseo de cuyo cumplimiento no depende mi felicidad. El primero es una esclavitud, una cárcel, pues hago depender de su cumplimiento, o no, mi felicidad o mi sufrimiento. El segundo deja abierta otra alternativa: si se cumple me alegro y, si no, busco otras compensaciones. Este deseo te deja más o menos satisfecho, pero no te lo juegas todo a una carta. Pero existe una tercera opción, hay otra manera de vivir los deseos: como estímulos para la sorpresa, como un juego en el que lo que más importa no es ganar o perder, sino jugar. Hay un proverbio oriental que dice: “Cuando el arquero dispara gratuitamente, tiene con él toda su habilidad.” Cuando dispara esperando ganar una hebilla de bronce, ya está algo nervioso. Cuando dispara para ganar una medalla de oro, se vuelve loco pensando en el premio y pierde la mitad de su habilidad, pues ya no ve un blanco, sino dos. Su hab...
LA ORACIÓN QUE OLVIDÉ Caminando por las calles de Sao Paulo hace tres semanas, recibí de un amigo, un folleto titulado "Instante sagrado". Estaba impreso en cuatro colores y en un papel excelente y no identificaba ninguna iglesia ni culto, sólo traía una oración en su reverso. ¡Cuál no fue mi sorpresa al ver que quien firmaba esa oración era... YO! Se había publicado al comienzo del decenio de 1980, en la contracubierta de un libro de poesía. no pensé que fuera a resistir al tiempo ni que pudiese volver a mis manos de forma tan misteriosa, pero cuando la releí, no me avergoncé de lo que había escrito. Ya que estaba en aquel folleto y como creo en las señales, me ha parecido oportuno reproducirla aquí. Espero estimular a los lectores para que escriban su propia oración, en la que pidan para sí mismos y para los demás lo que consideren importante, De ese modo, insuflamos una vibración positiva a nuestro corazón y contagiará todo lo que nos rodea- Esta es la oración: Señor,...
Comentarios