Meditación guiada del centramiento, Antonio Blay


Una de las aportaciones más importantes del trabajo de Blay se resume en la frase “somos un potencial infinito de energía, amor-felicidad e inteligencia”. Podríamos decir que esta es la frase que resume de forma más adecuada todo el magnífico legado de Blay. Esta afirmación se puede trasladar a todo cuanto hay si observamos la vida que nos rodea. A la energía, amor-felicidad e inteligencia tenemos que encontrarle un significado más profundo del que estamos acostumbrados para entender que estos atributos están por doquier en todo cuanto existe.
En el caso de la energía no nos costará mucho entender, gracias a los avances de la física, que todo lo que se manifiesta está constituido por energía, que cuando cristaliza solemos llamar materia, aunque la dualidad energía-materia se transforman en unidad cuando penetramos en la famosa ecuación de Einstein: energía es igual a la masa (materia) por la velocidad de la luz al cuadrado.
La inteligencia tenemos que entenderla como organización, como orden y estructura. Todo lo que existe, toda la energía, es energía organizada, así por ejemplo un polímero es energía organizada, un compuesto químico, natural o sintético que consiste en unidades estructurales repetidas. Y el amor hay que concebirlo como interrelación, y comprender que toda energía organizada, toda forma, subsiste por interrelación, por amor. Y esa interrelación que hace que las formas subsistan podemos encontrarla en la relación Tierra-Sol, porque el Sol es uno de los elementos que han influido para que en la Tierra aparezca la vida, y así en cualquier cosa que existe. Cuando vemos, cuando sentimos, esta interrelación a nivel total, en todas las cosas, entonces llegamos a la Unidad, al Amor en mayúsculas. Esta triada se ve también en los seres humanos que son en el nivel de energía, energía vital, sexualidad, fuerza y materia física, en el nivel de amor-felicidad, afectividad en la forma de sentimientos y emociones, desde donde se experimenta el amor, la amistad, el cariño, y nos regocijamos con la belleza, y en el nivel de inteligencia, allí está la razón, las ideas, el discernimiento y la lucidez. Fijémonos que Blay no dice que tenemos energía, afectividad e inteligencia, sino que va más allá: Que lo Somos; y nuestra existencia reside en actualizar ese potencial infinito que Somos, en Crecer en comprensión de la Realidad, en interrelación y en esfuerzo.
Hay una práctica en el Trabajo que ayuda a experimentar esto que aquí se afirma, que somos un potencial infinito de energía, amor-felicidad e inteligencia. Se llama el ejercicio del centramiento, porque nos lleva a vivirnos en esos tres focos hasta experimentarlos como una unidad, como un eje que es el centro de todo. Como un centro que Somos desde donde funcionamos plenamente de un modo permanente, donde vivimos la verdad de las cosas, la positividad total de Ser expresión, la Energía de la Vida.
La duración recomendada por el mismo Blay es de 15-20 minutos. Aquí se reproduce la secuencia practicada en estas ocasiones siguiendo el orden habitual del ejercicio. Naturalmente, el momento de la práctica se ralentiza en cuanto a su ritmo, procedimiento necesario para poder profundizar en los estratos internos de la personalidad. Las frases están formuladas en plural pues el ejercicio se practicó en grupo. Es natural que en el trabajo individual el sentido de las mismas adopte una forma singular.

CENTRAMIENTO

Se trata del ejercicio de centramiento ya conocido, practicado ahora como una técnica de trabajo dirigida a la toma de conciencia de la realidad que somos. Hay que procurar estar vivos por dentro, despiertos, intentando que la secuencia sea vivida, vivenciada interiormente. Si se produce alguna pequeña interferencia, algún ruido, aceptadlos como naturales y no permitáis que os distraigan.
Posición cómoda, sentados con la espalda recta. Respiración más bien baja la cual conducirá a un estado relajado. Tomar conciencia de sí mismo, aquí y ahora. Siempre muy atentos y despiertos.


Secuencia del ejercicio
1a fase
Haremos varias respiraciones. Profundas, lentas, cerrando los ojos. Al sacar el aire, sentimos como todo el cuerpo se afloja y va quedando en una total comodidad. Ahora dejamos que la respiración salga totalmente libre. Para ello, sentiremos el gusto de respirar, como si en ello se expresara nuestro ser. Seguimos el movimiento libre de la respiración, la cual se produce espontáneamente. Este movimiento produce un estado de bienestar, de placer, como lo produce todo acto natural. Observemos el movimiento, como suben y bajan el vientre y el pecho. Ahora, pasamos de la observación del movimiento, a esa fuerza que hace mover el vientre y el pecho. Hay una fuerza natural que funciona sola; es muy agradable. Ella hace que el vientre y el pecho suban y bajen. Prestamos atención a esta fuerza que origina este movimiento y descubrimos que procede de la parte de atrás. Esta fuerza respiratoria, rítmica, que va y viene… esta fuerza, es una fuerza de la vida. Es la fuerza de la vida… de toda la vida… que respira en nosotros. Esta fuerza es como una ola de un océano de vida. Es la vida, la fuerza de la vida… que respira en mí. Detrás de esa fuerza, existe como un campo muy grande de energía, un campo inmenso de energía. Este incesante ritmo respiratorio procede de allí. El movimiento de mi respiración es como una ola, de esa fuerza, de ese océano… Todo el poder de la vida está en el movimiento de mi respiración del mismo modo que todo el poder del mar está en cada ola.

2a fase
Pasamos ahora a la zona del pecho. Imaginemos que estamos delante de una persona a quién queremos en particular, y a la cual expresamos concretamente nuestro cariño, nuestro amor, de tal manera que sentimos el amor… el cariño… el gozo…, la alegría. También podemos expresar ese amor, hacia Dios. Sintamos el amor. Ese amor que sentimos, esa alegría viviente que nos hace sentir llenos de gozo viene de un fondo que está detrás de lo que sentimos, y es como un Sol, un sol luminoso, profundo. El amor que sentimos es como la manifestación de unos rayos de este Sol. Nos situamos en este Sol, dejando ahora aparte la imagen de la persona que ha servido para conectar con este amor. Dejamos aparte toda imagen, toda idea, y nos situamos en este Sol, que es amor, que es felicidad profunda. Es algo que ya está ahí, es algo que ya Es. El sentir es lo más importante; solamente sintiendo. Sólo mirando y sintiendo, mirando el sentir. Sin pensar, sólo saboreando. De este Sol es de donde surge toda posibilidad de amor, de alegría, de felicidad, de plenitud. Eso que vivimos, lo somos. Eso está siempre presente. Y cuanto más nos centramos en eso, más intenso, más profundo, más elevado es ese amor, y esa felicidad. Ya está ahí, siempre. Ese gozo, es lo que soy.

3a fase
Pasamos ahora a la mente. Vemos como una luz expandida, es un espacio de luz, de un color azul, eléctrico, intenso. De este azul viene toda la capacidad de comprender, de saber, de conocer. Es pura claridad, no tiene forma, pero es de donde surgen todas las formas. No hay ideas, pero es de donde surgen todas las ideas. Es sólo pura luz… del entendimiento. Es pura luz… de la inteligencia. Nos mantenemos atentos en este nivel de pura luz. Desde aquí, todo lo podemos comprender fácilmente, con suma facilidad, Del mismo modo que desde la zona del pecho, del fondo del pecho, del Sol del amor, todo es bienestar, es alegría, es felicidad, aquí todo es paz, lucidez, claridad, Luz de la mente.

4a fase
Nadie nos puede quitar eso que somos. Seamos conscientes de la fuerza de la vida a través de la respiración, del gozo del amor a través del pecho, de la luz de la inteligencia a través de la cabeza. Ahora nos quedamos así, presentes, en Silencio, sin pensar en nada, solamente siendo la conciencia de nuestra presencia. y nos vivimos enteros, de arriba-abajo, muy presentes en una simple conciencia de Ser. Conciencia de Ser, aquí y ahora, que surge del Silencio, que emana de este profundo Silencio.

Final
Ahora recuperamos la conciencia exterior, pero sobre todo, nos mantenemos conscientes, interiormente abiertos a todo eso… Respiramos más seguido, moviendo brazos y manos con calma. Pero sobre todo manteniendo esta conciencia de lo que somos, al movemos, al hablar, al actuar. Tratando de que eso que somos se exprese. Hablando desde ahí, moviéndonos desde ahí, riendo desde ahí, sin quedar encerrados en la estructura externa habitual. Y me mantengo así todo lo posible, al máximo, funcionando así, viviendo desde esa verticalidad, y desde ese fondo profundo, que soy Yo mismo.
Ahora lo importante es poder moverse desde ahí, desde esa calma, desde este espacio, desde esta luminosidad. Como si el andar surgiera de eso, como si toda la actitud surgiera de ese fondo; que el ver y el formular palabras, surjan de eso. y que toda nuestra vida sea una expresión de ese fondo; de ese fondo que se expresa en lo particular, sin dejar de ser el fondo.
(La Realidad – Antonio Blay)
 http://www.shurya.com/meditacion-guiada-del-centramiento-blay/

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