viernes, 23 de septiembre de 2016

La magia de la aceptación


En una pequeña aldea de la India vivía un aguador que tenía sólo dos grandes vasijas para alimentar a su mujer y a sus hijas. A diario, el hombre las colgaba en los extremos de un palo que llevaba sobre los hombros. El aguador iba con sus vasijas hasta el río, allí las llenaba de agua fresca para poderla vender en la aldea y así iba subsistiendo.
Una de las tinajas tenía varias grietas por las que se escapaba el agua, de modo que al final del camino sólo conservaba la mitad, mientras que la otra era perfecta y mantenía intacto su contenido. Esto sucedía diariamente.

La vasija sin grietas estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía idónea para los fines para los que había sido creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba avergonzada de su propia imperfección y de no poder cumplir correctamente su cometido. Y cuando pensaba en la pobreza de la familia del aguador se sentía aún más triste por no poder ayudarlo, a pesar de que en los últimos tiempos éste había mejorado algo sus ingresos, ya que recogía las flores del camino que después también vendía.
Así que al cabo de dos años le dijo al aguador:
-Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo, porque debido a mis grietas sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir por tu trabajo.
El aguador le contestó:
-Cuando regresemos a casa quiero que te fijes en las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.
Así lo hizo la tinaja y, en efecto, vio muchísimas flores hermosas a lo largo de su camino de vuelta a la aldea, pero siguió sintiéndose apenada porque -como siempre-, al final sólo guardaba dentro de sí la mitad del agua que el aguador le había metido en el río.
El aguador le dijo entonces:
-¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Quise sacar el lado positivo de tus grietas y sembré semillas de flores. Todos los días las has regado y durante dos años yo he podido recogerlas y venderlas. Si no fueras exactamente como eres, con tu capacidad y tus limitaciones, no hubiera sido posible crear esta belleza.
Anónimo hindú
Fte: el blog de Enriqueta Olivari

Detrás de un niño difícil hay una emoción que no sabe expresar


Son muchos los padres y las madres que se quejan de que su niño es muy difícil, que siempre le ronda una emoción cargada de rabia que desahoga de forma inapropiada. Con rabietas, malas palabras o con sutiles actos de desobediencia.

Hemos de tener claro que ningún niño es igual a otro, y que ninguno de nosotros podemos saber tampoco qué tipo de necesidades pueden tener esas criaturas que acabamos de traer al mundo y para las cuales, deseamos todo lo mejor.

La emoción es la fuente de energía humana, es la llave que debe guiar a los niños, primero para entenderse a sí mismos, y para después, entender al mundo.

Los niños difíciles suelen a su vez generar muchas veces un nivel de estrés muy elevado en los padres, rozando en algunos casos la indefensión. No es un tema sencillo de abordar, y de hecho, no siempre nos valen los libros, ni si quiera la experiencia que tengamos con otro de nuestros hijos o las recomendaciones de algunos padres.

Tu hijo, el niño difícil, es único, especial e irrepetible. Y si hay algo que necesitan siempre es comprensión. La mayoría de las veces son niños con altas demandas encerrados en sus “palacios internos”, en espacios herméticos donde no encuentran puertas mediante las cuales, expresar esa emoción contenida. Esa necesidad. Hoy en nuestro espacio te invitamos a reflexionar sobre ello.

*Los niños difíciles y la emoción contenida.

Pongamos un ejemplo. Piensa en ese niño que ha tenido un mal día en el colegio, llega a casa y cuando sus padres le preguntan qué ha ocurrido, éste responde de mala manera. Ante esto, los padres deciden castigarlo en su habitación toda la tarde. ¿Qué hemos ganado con esto? ¿Hemos solucionado el problema? En absoluto.

La emoción bloqueada es una espina rodeada por un muro de piedras. Si levantamos más muros la espina quedará aún más escondida, así pues, el primer paso será ir retirando cada piedra de esa pared a través de la comunicación y el afecto.

Si el niño difícil nos pone muros, no levantes nuevas ciudadelas a su alrededor, no lo aisles, no lo descuides, no lo dejes solo. Todos tenemos claro que el proceso para llegar hasta ellos es complejo, no obstante, debes tener en cuenta estos aspectos previos:
Un niño difícil no siempre es consecuencia de una mala crianza. No debes culpabilizar a nadie.
Hay niños con altas demandas que piden muchísimo más que el resto, es su personalidad, su forma de ser y ello no quiere decir que nosotros, como padres, hayamos hecho algo mal.
Un niño que demanda y no recibe lo que busca o que no sabe expresarlo, acaba frustrándose. Son muchas las veces que ellos mismos se ven sobrecargados por un sinfín de emociones: esa rabia que a oscila con tristeza, otras con hastío, a veces con enfados…
Los niños difíciles requieren un mayor nivel de atención, comprensión, apoyo e incluso creatividad por parte de los padres.
Debemos ser artífices de sus mundos, unos mundos seguros donde se sientan cómodos para expresar esa emoción contenida que les permita conocerse, desahogarse, sentirse más libres y seguros para avanzar por cada uno de los escenarios que definen al niño a lo largo de su ciclo vital.

*Cómo ayudar al niño difícil a canalizar sus emociones

Ya sabemos que el niño difícil demanda ante todo nuestra atención y cada una de las estrategias que podamos darle de forma creativa, para atender sus necesidades. Para ayudarle a gestionar todo ese mundo emocional que en ocasiones lo desborda y lo bloquea.

Toma nota de qué pasos deberíamos seguir para educar a los niños difíciles en este campo, en esa dimensión donde canalizar, donde dar forma y expresar esa emoción contenida.

*Sí al poder del refuerzo positivo

Si a un niño difícil le recriminamos sus errores, si lo infravaloramos, o lo reprendemos por sus reacciones, generaremos aún más rabia y más ansiedad. Recuerda siempre queeste tipo de niños, en el fondo, son muy frágiles y disponen de una baja autoestima.
Usa verbalizaciones tan simples como: “yo confío en ti”, “yo sé que vas a poder con esto”, “yo sé que eres especial”, “yo sé que eres un niño valiente y por eso te quiero”…
Una palabra positiva genera una emoción positiva, y una emoción positiva genera confianza.
Sí a la comunicación que no juzga, que no compara ni sentencia.

Hay padres y madres que cometen el error de comparar al niño difícil con sus hermanos, o con otros niños. No es lo adecuado. Al igual que es un error iniciar un diálogo que ya implica determinadas sentencias: “como, tú eres vago, tú nunca escuchas, tu siempre te portas mal…” Evita este tipo de comunicación y sigue siempre estas pautas:

No sondees, no interrogues. Descubre cuál es el momento en que el niño se siente más cómodo para hablar.
Dale confianza, cercanía y comprensión. Cuida mucho el tono de tu voz, es algo básico para conectar con los niños.
La comunicación debe ser diaria y continuada.
Nunca te rías o ironices de lo que te digan tus hijos. Para ellos es importante, y si encuentran esa falta de empatía por tu parte evitarán sincerarse contigo.

*Sí a propiciar un equilibrio interno en el niño

Enséñale que cada emoción puede trasformarse en una palabra, que la rabia tiene forma, que la tristeza se puede compartir para aliviarla, que llorar no es malo y que tú siempre estarás ahí para escucharles.
Enséñale a respirar, a relajarse, a canalizar sus emociones a través de determinadas actividades con las que desahogarse y distraerse…
Enséñale a aceptar la frustración a que el mundo no puede ser siempre como ellos quieren.
Enséñales a escuchar y a hablar con asertividad. Diles que su voz siempre va a ser escuchada, que todo lo que diga es importante para ti…
Enséñales a tener responsabilidades, a valerse por sí mismos en cada paso y decisión que dan…

Fte: La mente es maravillosa

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Joan Garriga, Ejercicio sobre la presencia de los padres en el interior de cada uno:

Consiste, inicialmente, en descruzar las piernas, cerrar los ojos y centrarse, es decir, tomarse un tiempo para reconocer un centro en cada uno, un lugar interior imaginario exento de pensamientos, sentimientos y sensaciones corporales. Después hay que imaginar el momento en que se conocieron nuestros padres, cuando se miraron y se gustaron, cuando se sintieron movidos el uno por el otro, cuando, impulsados por el deseo, disfrutaron de los juegos del amor. Ahí se inició el engranaje de nuestra vida. Podemos experimentarnos como pequeñas células, fruto del deseo de nuestro padre y nuestra madre, de la buena mirada entre ellos, del prodigio de su encuentro. Mucho más allá de los temores, de los conflictos, de las dificultades, de lo que sucediera a posteriori en la relación entre ellos o de ellos con nosotros, la fuerza de la vida se abrió camino a través de un hombre y una mujer, y surgió nuestro cuerpo. Cada uno debe percibir la sensación que produce en su cuerpo esta imagen, y si es una sensación agradable, debe dejarla crecer, cada vez más y más, más y más. Ahora ya tenemos una larga historia, somos adultos, y nuestro cuerpo tiene memoria. En él se encuentran presentes nuestro padre y nuestra madre. Y podemos percibir de qué manera están presentes cada uno de ellos, de qué manera nuestro cuerpo se encuentra abierto a la madre, en sintonía con ella, y de qué manera nuestro cuerpo se encuentra abierto y en sintonía con el padre. Sólo hay que prestar atención. Es probable que descubramos más presencia de uno que del otro. En ese caso, hay que explorar qué ocurriría si el que está menos presente lo estuviera más, cómo sería inundarse más de padre o de madre. Finalmente, hay que retener esas sensaciones durante un tiempo y, cuando se desvanezcan, abrir de nuevo los ojos.
Joan Garriga
Del libro "El buen amor en la pareja"
www.joangarriga.com

La Dependencia Emocional, Enric Corbera

lunes, 19 de septiembre de 2016

¿Cómo dejo ir la tristeza que no tiene aparente origen en mí?


Con la mano en mi corazón nombro a mi madre y la imagino soltando y pasando cada una de sus tristezas a su madre.
Miro a mi abuela, la nombro. Y la miro pasar cada una de las tristezas suyas a su madre, con amor y sin culpa.
Miro a mi bisabuela y a todas las mujeres que fueron antes que ella, y las miro tomar todas esas tristezas enviándolas a su vez al cielo... cada una como enseñanzas que han forjado mi linaje.
Miro las estrellas y respiro cada una de las despedidas, decesos, pérdidas, heridas, decepciones, expectativas que pasaron por el corazón y biología de mis mujeres.
Cuando las respiro y las integro como luz en mi corazón, dejan de ser tristeza, y se convierten en un hermoso tejido de fortalezas que me ponen en la vida con amor y memoria.
La Mujer Lunar
www.mujerlunar.com

lunes, 12 de septiembre de 2016

Quién controla tu vida?

Este es un ensayo de Viktor Frankl, Neurólogo, Psiquiatra, fundador de la disciplina que conocemos hoy como logoterapia.
¿Quién te hace sufrir? ¿Quién te rompe el corazón? ¿Quién te lastima? ¿Quién te roba la felicidad o te quita la tranquilidad? ¿Quién controla tu vida?...
¿Tus padres? ¿Tu pareja? ¿Tus hijos? ¿Un antiguo amor? ¿Tu suegra? ¿Tu jefe?...
Podrías armar toda una lista de sospechosos o culpables.
Probablemente sea lo más fácil. De hecho sólo es cuestión de pensar un poco e ir nombrando a todas aquellas personas que no te han dado lo que te mereces, te han tratado mal o simplemente se han ido de tu vida, dejándote un profundo dolor que hasta el día de hoy no entiendes.
Pero ¿sabes? No necesitas buscar nombres. La respuesta es más sencilla de lo que parece, y es que nadie te hace sufrir, te rompe el corazón, te daña o te quita la paz.
Nadie tiene la capacidad al menos que tú le permitas, le abras la puerta y le entregues el control de tu vida.
Llegar a pensar con ese nivel de conciencia puede ser un gran reto, pero no es tan complicado como parece. Se vuelve mucho más sencillo cuando comprendemos que lo que está en juego es nuestra propia felicidad. Y definitivamente el peor lugar para colocarla es en la mente del otro, en sus pensamientos, comentarios o decisiones.
Cada día estoy más convencido de que el hombre sufre no por lo que le pasa, sino por lo que interpreta.
Muchas veces sufrimos por tratar de darle respuesta a preguntas que taladran nuestra mente como: ¿Por qué no me llamó? ¿No piensa buscarme? ¿Por qué no me dijo lo que yo quería escuchar? ¿Por qué hizo lo que más me molesta? ¿Por qué se me quedó viendo feo? y muchas otras que por razones de espacio voy a omitir.
No se sufre por la acción de la otra persona, sino por lo que sentimos, pensamos e interpretamos de lo que hizo, por consecuencia directa de haberle dado el control a alguien ajeno a nosotros.
Si lo quisieras ver de forma más gráfica, es como si nos estuviéramos haciendo vudú voluntariamente, clavándonos las agujas cada vez que un tercero hace o deja de hacer algo que nos incomoda.
Lo más curioso e injusto del asunto es que la gran mayoría de las personas que nos "lastimaron", siguen sus vidas como si nada hubiera pasado; algunas inclusive ni se llegan a enterar de todo el teatro que estás viviendo en tu mente.
Un claro ejemplo de la enorme dependencia que podemos llegar a tener con otra persona es cuando hace algunos años alguien me dijo:
"Necesito que Pablo me diga que me quiere aunque yo sepa que es mentira. Sólo quiero escucharlo de su boca y que me visite de vez en cuando aunque yo sé que tiene otra familia; te lo prometo que ya con eso puedo ser feliz y me conformo pero si no lo hace... siento que me muero".
¡Wow! Yo me quedé de a cuatro ¿Realmente esa será la auténtica felicidad? ¿No será un martirio constante que alguien se la pase decidiendo nuestro estado de ánimo y bienestar? Querer obligar a otra persona a sentir lo que no siente... ¿No será un calvario voluntario para nosotros?
No podemos pasarnos la vida cediendo el poder a alguien más, porque terminamos dependiendo de elecciones de otros, convertidos en marionetas de sus pensamientos y acciones.
Las frases que normalmente se dicen los enamorados como: "Mi amor, me haces tan feliz", "Sin ti me muero", "No puedo pasar la vida sin ti", "Tu eres mi media naranja, mi complemento", "Sin ti no soy nada", son completamente irreales y falsas.
No porque esté en contra del amor, al contrario, me considero un hombre bastante amoroso, feliz, apasionado y romántico, sino porque realmente ninguna otra persona (hasta donde yo tengo entendido) tiene la capacidad de entrar en tu mente, modificar tus procesos bioquímicos y hacerte feliz o hacer que tu corazón deje de latir.
Definitivamente nadie puede decidir por nosotros.
Nadie puede obligarnos a sentir o a hacer algo que no queremos, tenemos que vivir en libertad.
No podemos estar donde no nos necesiten ni donde no quieran nuestra compañía. No podemos entregar el control de nuestra existencia, para que otros escriban nuestra historia. Tal vez tampoco podamos controlar lo que pasa, pero sí decidir cómo reaccionar e interpretar aquello que nos sucede.
La siguiente vez que pienses que alguien te lastima, te hace sufrir o controla tu vida, recuerda: No es él, no es ella, no son ellos...
ERES TÚ quien lo permite y está en tus manos volver a recuperar el control.
Fte: PSICOLOGA EMOCIONAL.

martes, 6 de septiembre de 2016

Qué es y qué no es la codependencia, Melody Beattie


Existe una diferencia entre amar a alguien y sentirse atrapado en un matrimonio miserable.

La diferencia reside en que cuando se da a alguien como nosotros para recibir a cambio, esto nos deja resentidos, mientras que dar porque nace un sentimiento de generosidad desde el fondo del corazón nos llena de satisfacción. Hay diferencias entre facilitarle el camino al bebedor o a cualquiera con un disturbio emocional y nutrir a la gente que amamos, entre el narcisismo y el amor propio, y entre ser alguien centrado o más bien orientado hacia uno mismo.

El alcoholismo o cualquier disturbio emocional en la familia puede contribuir a crear codependencia, por lo que algunas personas denominan a la codependencia una enfermedad. ¿Pero cómo podemos saber si es una enfermedad o un problema? ¿Ayudaría denominarnos a nosotros mismos enfermos cuando en realidad sufrimos de un problema de baja estima? La conducta asociada con la codependencia tiene sentido si la vemos realmente de cerca. Es comprensible que podamos confundir el control con el amor, cuando es el control lo único que hemos conocido. Tiene sentido que pensemos que el control nos mantiene seguros porque lo ha hecho por un tiempo. Todos los comportamientos codependientes tienen sentido si se remontan a sus orígenes.
La conducta asociada con la codependencia, desde el control hasta el encargarse de nosotros mismos, son comportamientos que salvan nuestras vidas cuando no hemos sabido qué más podemos hacer. En la mayoría de las situaciones, ya sea que haya o no alcoholismo de por medio, los comportamientos codependientes son los que cualquiera podría proyectar si hubiera caminado dentro de nuestros zapatos por cinco o diez años.

Es natural que hagamos daño cuando perdemos nuestro matrimonio o que nos volvamos locos al descubrir que nuestra hija fuma yerba. Gran parte de la conducta codependiente, como la preocupación o el control, es lo que la gente ordinaria hace todo el tiempo. Pero nos conflictuamos cuando ya no podemos parar dicho comportamiento.

La codependencia es un comportamiento normal, con adiciones. Hay momentos en que hacemos demasiado, otros donde hacemos muy poco, y nos sobrepasamos. Olvidamos dónde comienzan las responsabilidades de los demás, y dónde realmente empiezan las nuestras. O nos ocupamos tanto, que tenemos demasiado quehacer y negamos nuestra realidad.

Los codependientes pueden ser asfixiantes, aferrados y necesitados, tanto que nos llenan de una amabilidad excesiva, a morir, y tratan de complacemos hasta que ya no los soportamos.

Pero viéndolo de otra manera, una vez que sobrellevamos estos detalles, se convierten en personas sobresalientes. Muchos usan sus experiencias para volverse exitosos empresarios. Los estudios han mostrado que la gente que crece en familias con problemas, maneja las tensiones mucho mejor que otros, y sigue adelante en comparación con personas que han vivido mejor.

Algunos profesionales consideran a las personas con detalles de codependencia como "gente que se excede en la norma", pero es mejor llamarles "los sobresalientes", según decía un terapeuta, aunque lo primero es más amable y apropiado. Poder resolver problemas y tener gran resistencia (dos rasgos de la codependencia), es la segunda naturaleza de la gente que ya ha pasado por mucho.

Cuando empezamos a encargarnos de nosotros mismos, los déficits de nuestro pasado se convierten en activos. Mucha gente con codependencia es leal y dedicada, hace su trabajo, son obsesivos pero perseverantes. Quieren ayudar, y una vez que aprenden a ayudarse a sí mismos, normalmente cumplen. Algunos son líderes, personas que cambian al mundo.

La codependencia tiene que ver con cruzar la línea. ¿Cómo podremos saber si lo que hacemos es codependiente? Cuando cruzamos la línea hacia la Zona de la Codependencia, normalmente tenemos motivos para hacerlo, sabiendo que nos dolerá.

Es más fácil ver lo que otros hacen, que mirarnos a nosotros mismos. Es un rasgo humano y es un comportamiento codependiente: se debe a que la conducta codependiente nos protege, y dejar de hacerlo, al principio, nos da miedo.

LA NUEVA CODEPENDENCIA.
MELODY BEATTIE.

lunes, 5 de septiembre de 2016

3 consejos que pueden cambiar tu vida

Antes de pedir, veamos que podemos dar, antes de sufrir comencemos por entender, antes de desistir, aceptemos lo que nos lleva a crecer.

ASÚMETE SOLO, nacemos y morimos solos, así entonces, disfruta de cualquier compañía, y valórala mientras dure, no puedes encadenar a nadie a tu vida, ni a tus padres, ni a tu pareja, ni a tus hijos, cada quien transitará solo su camino y solo es responsable del mismo, eso no implica que seas egoísta, menos indiferente, pero no podrás salvar a nadie cuando no es su momento, ni pretender que alguien lo haga por ti, la mejor manera es siempre con el ejemplo es mostrando y compartiendo, como una vela encendida, que no podrá iluminar los caminos ajenos, pero su flama si puede servir para que otras velas tomen de ahí su luz, respeta la libertad ajena y honra la tuya, estudiamos y nos enseñan de chicos para ejercer, de nada sirve postergar el momento, madurar es hacerse cargo de si mismos.

NADIE TIENE PORQUE QUERERTE, y ésto es muy importante, el cariño depende más de convivencia y de la empatía, que de vinculos familiares, que alguien te quiera es un honor y te lo habrás ganado, pero no quererte es un derecho también de cualquier alma, asi como no lastimarte. Hay etapas del viaje que nos hacen coincidir y aprender del amor, que a fin de cuentas es cuidado y libertad y muchas veces deja de ser necesario para tu avance estacionarte en un vínculo, la gente confunde el cariño con una prisión y el único amor que sirve a propios y ajenos es el amor que te deja libre, el que respeta tus elecciones, el que se brinda por elección que no por obligación. El amor nunca falla, es uno quien le falta a ese hermoso sentimiento, ama sin interes, sin restricción, con agradecimiento y déjate amar de la misma manera. No busques que te quieran, derrama el amor que produces donde quiera que vayas, siembra y la correspondencia llegará por añadidura.

NUNCA TE TOMES NADA A TITULO PERSONAL, el hombre apenas es consiente de lo que le pasa a si mismo y en eso centrará su búsqueda, piensa cuantas veces has ofendido a alguien sin esa intención, o has avanzado sin pensar en quien dejabas atrás, no pensabas en hacer daño, estabas pensando en tí y los demás pueden hacer lo mismo, asi entonces pasa con muchas aparentes ofensas hacia tu persona, cada uno es protagonista de su propia historia y la mayoría de las veces desconoce de fondo las circunstancias ajenas, una gran cantidad de hechos son motivadas por las circunstancias y no a titulo personal, y aunque asi lo consideres, sabrás que quien es feliz, solo piensa en compartir su felicidad, quien te haya hecho daño, es porque estaba sufriendo y no pensó en ti, pensaba en su propio dolor o frustración. No le des a nadie el privilegio de alterar tu paz, perdona, comprende y aléjate si es necesario, preocúpate siempre por tu propia felicidad y por no perjudicar a nadie en tus estados alterados.

Desconozco autor

7 Síntomas de que tu Niño Interior está herido y Oración para recuperarlo


• ¿Reaccionas de forma exagerada, pierdes los estribos o te sumes en la tristeza ante situaciones sin importancia, ahogándote en un vaso de agua, sin conseguir hallar la salida o una solución?
 
• ¿Tropiezas una y otra vez con la misma piedra, repitiendo conductas que no te convienen o interesan, cometiendo errores que creías ya superados o recayendo en ideas obsesivas?
 
• ¿Te gustaría comunicarte mejor con tus padres, hijos y hermanos y que hubiera más armonía en tu familia, pero vuestras relaciones son explosivas y parecéis hablar en distintos idiomas?
 
• ¿Si tu jefe o un compañero de trabajo te piden que corrijas o cambies la forma de realizar una tarea o te hacen una crítica sientes que es una ofensa, te ofuscas y pones a la defensiva?
 
• ¿Tienes dificultades para encontrar pareja, pero cuando mantienes una relación amorosa, no dura mucho porque surgen los conflictos, entra en crisis, se rompe y vuelves a la soledad?
 
• ¿Descuidas a menudo tu salud física, comiendo de forma desequilibrada, no descansando lo suficiente, llevando una vida sedentaria o siguiendo costumbres que perjudican tu organismo?
 
• ¿Quisieras ganar más dinero o mejorar tu situación económica, pero sientes que no te lo mereces, no perseveras en tus esfuerzos o los auto-saboteas y tienes resistencias a lograr la prosperidad?
 
Si tus respuestas a algunos de estos interrogantes son afirmativas, ello es señal de que necesitas sanar tu Niño Interior, esa parte nuestra que simboliza nuestro ser emocional, que creció en un entorno familiar determinado, y que, a muy temprana edad, empezó a ser condicionado a través de la culpa, la crítica, el miedo, el rechazo…
 
 
 
Oración para recuperar y sanar a nuestro Niño Interno
“Divinidad, que hay en mí, amado Padre, Madre Dios, te pido por favor que borres las memorias tóxicas, dolorosas que hay en mí, en mis células que son las que impiden que yo sea libre. Ya que el dolor es tan grande por no poder verme como tú me ves, como tú me creaste, una alma pura y libre.
 
Te pido con todo mi amor, que vuelva a sonreír, a ser espontáneo (a), que la frescura de mi sonrisa vuelva para que de esta manera se manifieste en mis acciones.
 
Sé que al recuperarme a mí mismo (a) recupero la alegría por la vida.
 
Sé que me he fragmentado en miles de versiones que no soy, para agradar a los demás, para sentirme aceptado (a), valorado (a), reconocido (a), amado (a).
 
Te pido que abras mi corazón para que mi Yo adulto, sepa cuidar a mi Yo más joven, a mi niño (a) que necesita de ser escuchado, cuidado, amado, protegido, respetado, valorado.
 
Sé que con la fuerza que TI, mi amada Divinidad que me provee será posible que por fin me pueda integrar con dulzura y suavidad para siempre.
 
Sé que todos tenemos un niño (a) que está buscando desesperadamente cubrir sus necesidades para manifestar en este plano la felicidad, la plenitud y sobre todo la libertad.
 
Gracias por haber escuchado mi plegaría que se que con convicción esta ha sido escuchada, 
 
y todo está dado y concedido.”
 
Amén.
 
 
 
Afirmaciones para despertar al Niño Interior
Antes de realizar estas afirmaciones toma una foto tuya de cuando eras niñ@… Obsérvala detenidamente… cada detalle, trae a tu memoria el momento exacto de cuando te tomaron la foto… si no lo recuerdas, imagínalo… Intenta recordarte… que te gustaba, que disfrutabas… solo los recuerdos felices… Reencuéntrate a través de esa imagen con tus partes felices…
 
 
 
Ahora afirma mirando la fotografía:
 
 
 
“Yo Te amo profundamente.
 
Yo te libero del encierro para que seas libre y compartas conmigo el secreto de la inocencia y me ayudes a disfrutar.
 
Te acepto en mí como una parte de mí Ser Libre y Esencial.
 
Recibo con el Alma y el Corazón abiertos los dones de la alegría, el asombro, el entusiasmo y la sorpresa.
 
Libero mis emociones, las acepto y las dejo fluir guiadas por la Paz y el Amor.
 
Disfruto del juego de la vida, porque sé que soy un participante… y que lo importante es jugar y divertirse.
 
Hoy quito de mi mente las preocupaciones, sé que todas mis necesidades estarán cubiertas porque una Energía Superior a mí se encarga de eso a cada instante.
 
Hoy pongo alegría en todo lo que hago, me divierto en mi trabajo, con mi familia, en la calle… ¡¡todo será hoy una gran aventura para mí.”
 
 
 
Volver a establecer una relación con nuestro niño desde la alegría, el amor y la comprensión nos ayudara a sanar nuestra dañada autoestima. Es la única manera de realizar cambios positivos en nuestra vida: establecer relaciones sanas, cuidar nuestro cuerpo, trabajar en algo que nos gusta, ser prósperos, amar incondicionalmente y llegar a sentirnos plenos y felices.
 
Cuando cambiamos desde el AMOR todo nos sale bien.
 
 
 
Fuente: elsecreto-lda.com.ar

viernes, 2 de septiembre de 2016

Reconociendo a la Madre Interior. En busca de la Madre Sabia y Salvaje, Clarissa Pínkola Estés


 La mayoría de las personas que ahora son adultas han recibido de su madre real el legado de la madre interior. Se trata de un aspecto de la psique que actúa y responde de una manera que es idéntica a la experiencia infantil de la mujer con su propia madre. Además, la madre interior está hecha no sólo de la experiencia de la madre personal sino también de la de otras figuras maternas de nuestra vida y de las imágenes culturales que se tenían de la buena madre y de la mala madre en la época de nuestra infancia.
 En casi todos los adultos, si hubo en otros tiempos alguna dificultad con la madre, pero ahora ya no la hay, existe todavía en su psique una doble de su madre que habla, actúa y responde de la misma manera que su madre real en la primera infancia. Aunque la cultura de una mujer haya evolucionado hacia un razonamiento más conciente con respecto al papel de las madres, la madre interior seguirá teniendo los mismos valores y las mismas ideas acerca del aspecto y la forma de actuar de una madre que los que imperaban en la cultura de su infancia.
 En la psicología profunda, todo este laberinto se llama “complejo de la madre”, es uno de los aspectos esenciales de la psique de una mujer y es importante reconocer su condición, fortalecer ciertos aspectos, enderezar otros, eliminar otros y empezar de nuevo en caso necesario.
 Examinando estas estructuras maternas, podremos empezar a establecer si nuestro complejo de la madre interior defiende firmemente nuestras singulares cualidades personales o si, por el contrario, necesita desde hace tiempo un ajuste.

 CLASES DE MADRE.-

 -LA MADRE AMBIVALENTE
 En el cuento de “El patito feo” los instintos de la mamá pata la obligan a alejarse y aislarse. Se siente atacada por el hecho de tener un hijo distinto. Se siente emocionalmente dividida y, como consecuencia de ello, se derrumba y deja de preocuparse por el extraño hijo. Aunque al principio intenta mantenerse firme, la “otredad” del patito pone en peligro su seguridad dentro de la comunidad y entonces esconde la cabeza y se zambulle.
 ¿No habéis visto alguna vez a una madre obligada a tomar semejante decisión si no en su totalidad, por lo menos en parte? La madre se doblega a los deseos de la aldea en lugar de tomar partido por su hijo. En la actualidad muchas madres siguen actuando de acuerdo con los antiguos temores de las mujeres que las han precedido a lo largo de los siglos; ser excluida de la comunidad equivale a ser ignorada y mirada con recelo en el mejor de los casos y ser perseguida y destruida en el peor. Una mujer en semejante ambiente suele intentar moldear a su hija de tal manera que se comporte “como es debido” en el mundo exterior… esperando con ello salvar a su hija y salvarse a sí misma del ataque.
 De esta manera, la madre y la hija están divididas. En “El patito feo”, la mamá pata está psíquicamente dividida y ello da lugar a que se sienta atraída en distintas direcciones. En eso consiste precisamente la ambivalencia. Cualquier madre que haya sido atacada alguna vez se identificará con ella. Una atracción es su deseo de ser aceptada por su aldea. Otra es su instinto de supervivencia. La tercera es su necesidad de reaccionar ante el temor de que ella y su hija sean castigadas, perseguidas o matadas por los habitantes de la aldea. Este temor es una respuesta normal a una amenaza anormal de violencia psíquica o física. La cuarta atracción es el amor instintivo de la madre por su hija y su deseo de proteger a esta hija.
 En las culturas punitivas es frecuente que las mujeres se debatan entre el deseo de ser aceptadas por la clase dominante (su aldea) y el amor a su hijo, tanto si se trata de un hijo simbólico como si se trata de un hijo creativo o de un hijo biológico. La historia es muy antigua. Muchas mujeres han muerto psíquica y espiritualmente en su afán de proteger a un hijo no aceptado, el cual puede ser su arte, su amante, sus ideas políticas, sus hijos o su vida espiritual. En casos extremos las mujeres han sido ahorcadas, quemadas en la hoguera y asesinadas por haber desafiado los preceptos de la aldea y haber protegido al hijo no sancionado.
 La madre de un hijo que es distinto tiene que poseer la resistencia de Sísifo, el terrorífico aspecto de los cíclopes y el duro pellejo de Calibán para poder ir a contracorriente de una cultura estrecha de miras. Las condiciones culturales más destructivas en las que puede nacer y vivir una mujer son aquellas que insisten en la necesidad de obedecer sin consultar con la propia alma, las que carecen de comprensivos rituales de perdón, las que obligan a la mujer a elegir entre su alma y la sociedad, aquellas en las que las conveniencias económicas o los sistemas de castas impiden la compasión por los demás, en las que el cuerpo es considerado algo que hay que “purificar” o un santuario que se rige por decretos, en las que lo nuevo, lo insólito o lo distinto no suscita el menor placer, en las que la curiosidad y la creatividad son castigadas y denostadas en lugar de ser premiadas o en las que sólo se premian si el sujeto no es una mujer, aquellas en las que se cometen actos dolorosos contra el cuerpo, unos actos que, encima, se llaman sagrados, o aquellas en las que la mujer es castigada injustamente “por su bien”, tal como lacónicamente dice Alice Miller, y en las que el alma no se considera un ente de pleno derecho.
 Es posible que la mujer que tiene en su psique esta madre ambivalente ceda con demasiada facilidad y tema asumir una postura, exigir respeto, ejercer su derecho a hacer las cosas, aprenderlas y vivirlas a su manera.
 Tanto si estas cuestiones derivan de una estructura interior como si proceden de la cultura exterior, para que la función materna pueda resistir semejantes presiones, la mujer tiene que poseer ciertas cualidades agresivas que en muchas culturas se consideran masculinas. Por desgracia, durante varias generaciones la madre que deseaba ganar el aprecio de los demás para su propia persona y para sus hijos necesitaba las cualidades que le estaban expresamente prohibidas: vehemencia, intrepidez y fiereza.
Para que una madre pueda criar satisfactoriamente a un hijo que, en sus necesidades psíquicas y anímicas, es ligera o considerablemente distinto de lo que manda la cultura dominante, tiene que hacer acopio de ciertas cualidades heroicas. Como las heroínas de los mitos, tiene que ser capaz de encontrar y adueñarse de estas cualidades en caso de que no estén autorizadas, tiene que guardarlas y soltarlas en el momento adecuado y tiene que defender su propia persona y aquello en lo que cree. No hay prácticamente ninguna manera de prepararse para eso como no sea armándose de valor y entrando en acción. Desde tiempo inmemorial un acto considerado heroico ha sido el remedio de la entontecedora ambivalencia.
 -LA MADRE DERRUMBADA
 Cuando una madre se derrumba psicológicamente, significa que ha perdido el sentido de sí misma. Puede ser una malvada madre narcisista que se considera con derecho a ser una niña. Pero lo más probable es que se haya visto separada del Yo salvaje y se haya derrumbado debido al temor a una amenaza real de carácter psíquico o físico.
 Cuando las personas se derrumban, suelen resbalar hacia uno de los tres estados emocionales siguientes: un lío (están confusas), un revolcadero (creen que nadie comprende debidamente su tormento) o un pozo (una repetición emocional de una antigua herida, a menudo una injusticia no reparada y por la que nadie pagó, cometida con ellas en su infancia).
 Para conseguir que una madre se derrumbe hay que provocar en ella una división emocional. Desde tiempo inmemorial, el medio más utilizado ha sido el de obligarla a elegir entre el amor a su hijo y el temor al daño que la aldea pueda causarles a ella y a su hijo si no se atiene a las reglas. En La decisión de Sophie de William Styron, la heroína Sophie, es una prisionera en un campo de exterminio nazi. Comparece ante la presencia del comandante nazi con sus dos hijos en brazos. El comandante la obliga a elegir cuál de sus hijos se salvará y cuál de ellos morirá, diciéndole que, si se niega a hacerlo, ambos niños morirán.
 Aunque semejante elección sea impensable, se trata de una opción psíquica que las madres se han visto obligadas a hacer a lo largo de los siglos. Cumple las reglas y mata a tus hijos o atente a las consecuencias. Y así sucesivamente. Cuando una madre se ve obligada a elegir entre su hijo y la cultura, nos encontramos en presencia de una cultura terriblemente cruel y desconsiderada. Una cultura que exige causar daño a una persona para defender sus propios preceptos es verdaderamente una cultura muy enferma. Esta “cultura” puede ser aquella en la que vive la mujer, pero lo más grave es que también puede ser la que ella lleva consigo en el interior de su mente.
 Hay innumerables ejemplos literales de ello en todo el mundo y algunos de los más infames se dan en el continente americano, donde ha sido tradicional obligar a las mujeres a separarse de sus seres queridos y de las cosas que aman. En los siglos XVIII, XIX y XX hubo la larga y espantosa historia de la ruptura de las familias obligadas a someterse a la esclavitud. En los últimos siglos las madres han tenido que entregar sus hijos a la patria en tiempo de guerra y, encima, alegrarse de ello. Las forzadas “repatriaciones” se siguen produciendo hoy en día (7).
 En todo el mundo y en distintas épocas se ha prohibido a las mujeres amar y dar cobijo a quien ellas quieren y en la forma que desean.
 Una de las opresiones contra la vida espiritual de las mujeres de la que menos se habla es la de millones de madres solteras en todo el mundo, incluso en Estados Unidos, que, sólo en este siglo, se han visto obligadas por la moral dominante a ocultar su condición o a esconder a sus hijos o bien a matarlos o a renunciar a ellos o a vivir mal bajo una falsa identidad como ciudadanas humilladas y privadas de todo derecho..
 Durante muchas generaciones las mujeres han aceptado el papel de seres humanos legitimizados a través de su matrimonio con un hombre. Se han mostrado de acuerdo en que una persona no es aceptable a menos que así lo decida un hombre. Sin la protección “masculina” la madre es vulnerable. Es curioso que en “El patito feo” al padre se le mencione sólo una vez cuando la madre está empollando el huevo del patito feo y se queja del comportamiento del padre de sus crías: “El Muy bribón no ha venido a visitarme ni una sola vez.” Durante Mucho tiempo en nuestra cultura —lamentablemente y por distintas razones— el padre no ha podido o no ha querido, por desgracia, estar “disponible” para nadie, ni siquiera para sí mismo. Se podría decir con razón que, para muchas niñas salvajes, el padre era un hombre derrumbado, una simple sombra que todas las noches se colgaba en el armario junto con su abrigo.
 Cuando una mujer tiene en el interior de su psique o en la cultura en la que vive la imagen de una madre derrumbada, suele dudar de su propia valía. Puede pensar que el hecho de escoger entre la satisfacción de sus exigencias externas y las exigencias de su alma es una cuestión de vida o muerte. Puede sentirse como una atormentada forastera que no pertenece a ningún lugar, lo cual es relativamente normal en un exiliado, pero lo que en modo alguno es normal es sentarse a llorar sin hacer nada al respecto. Hay que levantarse e ir en busca del lugar al que una pertenece. Para un exiliado, éste es siempre el siguiente paso y, para una mujer con una madre derrumbada en su interior, es el paso esencial. La mujer que tiene una madre derrumbada, debe negarse a convertirse en lo mismo.
 -LA MADRE NIÑA 0 LA MADRE NO MIMADA
  Hay muchas razones por las cuales un ser humano o una madre psíquica se puede comportar de esta manera. Puede tratarse de una mujer que no ha sido mimada. Puede ser una madre frágil, muy joven o muy ingenua desde un punto de vista psíquico.
 Puede estar psíquicamente lastimada hasta el extremo de considerarse indigna de ser amada incluso por un niño. Puede haber estado tan torturada por su familia y su cultura que no se considere digna de tocar la orla del arquetipo de la “madre radiante” que acompaña a la nueva maternidad. Como se ve, no hay vuelta de hoja: a una madre se la tiene que mimar para que mime a su vez a sus hijos. A pesar de que una mujer tiene un inalienable vínculo espiritual y físico con sus hilos, en el mundo de la Mujer Salvaje instintiva, ésta no se convierte por sí sola de golpe y porrazo en una madre temporal plenamente formada.
 En tiempos antiguos, las cualidades de la naturaleza salvaje se solían transmitir a través de las manos y las palabras de las mujeres que cuidaban a las jóvenes madres. Sobre todo las madres primerizas llevan dentro, no una experta anciana sino una madre niña. Una madre niña puede tener cualquier edad, dieciocho o cuarenta y tantos años, da lo mismo. Todas las madres primerizas son madres niñas al principio. Una madre niña es lo bastante mayor como para tener hijos y sus buenos instintos siguen la dirección apropiada, pero precisa de los cuidados de una mujer de más edad o de unas mujeres que la estimulen, la animen y la apoyen en el cuidado de sus retoños.
 Durante siglos este papel ha estado reservado a las mujeres mas viejas de la tribu o la aldea. Estas “madres—diosas” humanas que posteriormente fueron relegadas por las instituciones religiosas al papel de “madrinas” constituían un sistema nutritivo esencial de hembra—a—hembra que alimentaba a las jóvenes madres en particular, enseñándoles cómo alimentar a su vez la psique y el alma de sus hijos. Cuando el papel de la madre—diosa se intelectualizó un poco más, el término “madrina” pasó a significar una persona que se encargaba de que el niño no se apartara de los preceptos de la Iglesia. Muchas cosas se perdieron en esta trasmigración.
 Las ancianas eran las depositarías de una sabiduría y un comportamiento que podían transmitir a las jóvenes madres. Las mujeres se transmiten esta sabiduría las unas a las otras con las palabras, pero también por otros medios. Una simple palabra, una mirada, un roce de la palma de la mano, un murmullo o una clase especial de afectuoso abrazo son suficientes para transmitir complicados mensajes acerca de lo que se tiene que ser y el cómo se tiene que ser.
 El yo instintivo siempre bendice y ayuda a las que vienen detrás. Es lo que ocurre entre las criaturas sanas y los seres humanos sanos. De esta manera, la madre—niña cruza el umbral del círculo de las madres maduras que la acogen con bromas, regalos y relatos.
 Este círculo de mujer—a—mujer era antaño el dominio de la Mujer Salvaje y el número de afiliadas era ilimitado; cualquiera podía pertenecer a él. Pero lo único que nos queda hoy en día de todo eso es el pequeño vestigio de la fiesta que suele preceder al nacimiento de un niño y en la que todos los chistes sobre partos, los regalos a la madre y los relatos de carácter escatológico se concentran en unas dos horas, de las cuales una mujer no podrá volver a disfrutar a lo largo de toda su vida de madre.
 En casi todos los países industrializados actuales, la joven madre Pasa por el embarazo y el parto e intenta cuidar de su hijo en solitario. Es una tragedia de enormes proporciones. Puesto que muchas mujeres son hijas de madres frágiles, madres—niñas y madres no mimadas, es muy posible que posean un estilo interno de “cuidados maternales” parecido al de sus madres.
 Es muy probable que la mujer que tiene en su psique la imagen de una madre—niña o una madre no mimada o que la tiene glorificada por la cultura y conservada en activo en la familia experimente presentimientos ingenuos, falta de experiencia y, sobre todo, un debilitamiento de la capacidad instintiva de imaginar lo que ocurrirá dentro de una hora, una semana, un mes, uno, cinco o diez años.
 La mujer que lleva dentro una madre—niña adopta el aire de una niña que se las quiere dar de madre. Las mujeres que se encuentran en esta situación suelen poner de manifiesto una actitud generalizada de “viva todo”, una variedad de hipermaternalismo en la que se esfuerzan por “hacerlo todo y serlo todo para todo el mundo”. No pueden guiar ni apoyar a sus hijos, pero, al igual que los hijos del granjero de “El patito feo” que se alegran tanto de tener aquella criatura en la casa pero no saben prodigarle los cuidados que necesita, la madre—niña acaba dejando a su hijo sucio y apaleado. Sin darse cuenta, la madre—niña tortura a sus hijos con varias modalidades de atención destructiva y, en algunos casos, por falta de la necesaria atención.
 A veces la madre frágil es a su vez un cisne que ha sido criado por unos patos. No ha conseguido descubrir su verdadera identidad lo bastante temprano como para que sus hijos se puedan beneficiar de ello. Después, cuando su hija tropieza con el gran misterio de la naturaleza salvaje de lo femenino en la adolescencia, ella también experimenta punzadas de identificación e impulsos de cisne. La búsqueda de identidad por parte de la hija puede dar lugar al comienzo de un viaje “virginal” de la madre en busca de su yo perdido. Entre madre e hija habrá por tanto en el sótano de la casa dos espíritus salvajes dándose la mano en espera de que los llamen desde arriba.
 Éstas son por consiguiente las cosas que pueden torcerse cuando la madre se ve apartada de su naturaleza instintiva. Pero no hay que suspirar demasiado fuerte ni durante demasiado tiempo, pues todo eso tiene remedio.
 -LA MADRE FUERTE, LA HIJA FUERTE
  El remedio consiste en mimar amorosamente a la joven madre que una lleva dentro, lo cual se consigue por medio de mujeres del mundo exterior más sabias y maduras, preferentemente templadas como el acero y robustecidas por el fuego tras haber pasado por lo que han tenido que pasar. Cualquiera que sea el precio que se tenga que pagar incluso hoy en día, sus ojos ven, sus oídos oyen, sus lenguas hablan Y son amables.
 Aunque hayas tenido la madre más maravillosa del mundo es posible que, al final, llegues a tener más de una. Tal como tantas veces les he dicho a mis hijas: “Sois hijas de una madre, pero, con un poco de suerte, tendréis más de una. Y, entre ellas, encontraréis casi todo lo que necesitáis.” Sus relaciones con todas las madres serán probablemente de carácter progresivo, pues la necesidad de guía y de consejo nunca termina ni conviene que termine desde el punto de vista de la profunda vida creativa de las mujeres.
 Las relaciones entre las mujeres, tanto si son entre mujeres que comparten la misma sangre como si son entre compañeras psíquicas, entre analista y paciente, profesora y alumna o almas gemelas, son relaciones de parentesco de la máxima importancia.
  Aunque algunos de los que escriben sobre psicología en la actualidad afirmen que el abandono de la matriz materna es una hazaña que, si no se cumple, contamina para siempre a la mujer y aunque otros digan que el desprecio hacia la propia madre es algo beneficioso para la salud mental del individuo, en realidad la imagen y el concepto de la madre salvaje no se puede ni se debe abandonar jamás, pues la mujer que lo hace abandona su naturaleza profunda, la que contiene toda la sabiduría, todas las bolsas y las semillas, todas las agujas para remendar, todas las medicinas para trabajar y descansar, amar y esperar.
 Más que deshacernos de la madre, nuestra intención tiene que ser la de buscar a una madre sabia y salvaje. No estamos y no podemos estar separadas de ella. Nuestra relación con esta madre espiritual tiene que girar incesantemente, tiene que cambiar incesantemente y es una paradoja. Esta madre es la escuela en la que hemos nacido, una escuela en la que somos simultáneamente alumnas y profesoras durante toda la vida. Tanto si tenemos hijos como si no, tanto si cultivamos el jardín como si cultivamos la ciencia o el vibrante mundo de la poesía, siempre tropezaremos con la madre salvaje en nuestro camino hacia otro lugar. Y así tiene que ser.
  Pero ¿qué decir de la mujer que ha pasado realmente por la experiencia de una madre destructiva en su infancia? Por supuesto que este período no se puede borrar, pero se puede suavizar. No se puede endulzar, pero ahora se puede reconstruir debidamente y con toda su fuerza. No es la reconstrucción de la madre interior lo que tanto asusta a muchas sino el temor de que haya muerto algo esencial, algo que jamás podrá volver a la vida, algo que no recibió alimento porque la madre psíquica estaba muerta. A estas mujeres les digo que se tranquilicen porque no están muertas ni mortalmente heridas.
 Tal como ocurre en la naturaleza, el alma y el espíritu cuentan con unos recursos sorprendentes. Como los lobos y otras criaturas, el alma y el espíritu pueden vivir con muy poco y a veces pueden pasarse mucho tiempo sin nada. Para mí, éste es el milagro más grande que puede haber. Una vez yo estaba trasplantando un seto vivo de lilas. Un gran arbusto había muerto por misteriosas razones, pero los demás estaban cubiertos de primaverales flores moradas. Cuando lo saqué de la tierra, el arbusto muerto crujía como las quebradizas cáscara, de los cacahuetes. Descubrí que su sistema de raíces estaba unido a los de las restantes lilas vivas que bordeaban toda la valla.
 Pero lo más sorprendente fue descubrir que el arbusto muerto era la “madre”. Sus raíces eran las más viejas y fuertes. Todos sus hijos mayores se encontraban de maravilla a pesar de que ella estaba patas arriba, por así decirlo. Las lilas se reproducen con el llamado sistema de chupón, por lo que cada árbol es un vástago M progenitor inicial. Con este sistema, si la madre falla, el hijo puede sobrevivir. Ésta es la pauta y la promesa psíquica para las mujeres que no han tenido cuidados maternales o han tenido muy pocos, y también para aquellas cuyas madres las han torturado. Aunque la madre caiga, aunque no tenga nada que ofrecer, la hija se desarrollará, crecerá independientemente y prosperará.
 Clarissa Pínkola Estés

Vivir en el pasado, Thich Nhat Hanh

❝Algunas personas están consumidas por los recuerdos y pensamientos del pasado. Su duelo, su pena y sus lamentos los condenan a aprisionar su vida en un pasado doloroso. No pueden vivir en el momento presente como personas libres. La realidad es que el pasado se ha ido; lo único que queda ahora son impresiones que persisten en las profundidades de nuestra consciencia. Sin embargo, esas imágenes del pasado continúan obsesionándonos, bloqueándonos e influyendo en nuestro comportamiento en el presente, puesto que nos inducen a decir y hacer cosas que realmente no queremos decir ni hacer. Perdemos toda nuestra libertad."


Thich Nhat Hanh

jueves, 1 de septiembre de 2016

Perdón

Para quien se quedó conmigo
A pesar de mis errores, por encima de mis temores,
nunca tuve buena memoria para guardar rencor,
olvide igual las ofensas, como haber ofendido sin intención,
Es la vida un caleidoscopio lleno de emociones
y deben ser girados para entender su belleza,
luego cansó mi mano y siempre llegó quien lo hiciera por mi.
Y esto va para quien se quedo conmigo
para quien me acepta como soy y lo entiende sin juzgar,
por quien nada espera y mi saco siempre llenó.
Por los buenos amigos, por los grandes hermanos,
por los que regalan su tiempo y no cobran el favor.
Por los que cruzaron en mi camino y los buenos vecinos
que compartieron a mi lado del buen vino.
Y fue por aquellos también que se alejaron sin motivo
que brilló el amor de quienes se quedaron conmigo.
Tengo fascinación por los honestos que hablan con claridad,
no es necesario explicar, quien se decidió quedar.
A pesar de mis errores, por encima de mis temores,
nunca tuve buena memoria para guardar rencor,
olvide igual las ofensas, como haber ofendido sin intención.
Por ello siempre recuerdo pedir
PERDÓN A LA VIDA
Que nos perdone la vida por no saberla vivir; por no saberla disfrutar.
Perdón a la vida por nuestras dudas; por nuestra falta de confianza; por nuestra falta de fe; por nuestros quebrantos.
Perdón a la vida por nuestros fracasos; por nuestras tristezas; por nuestros errores.
Perdón a la vida por nuestro desamor; por abandonarla y olvidarla sin saber que hay vida aún.
Perdón a la vida por vivir sin esperanzas; por dejar todo al ahí se va; por no hacer nada por ella.
Gracias a la vida por darnos trabajo; por darnos días y noches; por darnos el aire que respiramos.
Gracias a la vida por el tiempo; por su esencia; por sus favores; por sus beneficios.
Gracias a la vida por querernos tanto; por darle vida a la naturaleza; por darle vida a las cosas y a los seres.
Perdón a la vida por no saber mirar las grandezas de Dios que en ella están; perdón a la vida por no tener alegría; por vivir en la incertidumbre del qué pasará.
Perdón a la vida por nuestros actos sucios; por nuestras actitudes sin sentido e inútiles.
Perdón a la vida por renegar de ella; por herirla y ofenderla a cada momento con nuestros odios y rencores; perdón a la vida por los momentos de dolor y de amargura.
La vida es una gran recompensa y el vivir es una inmensa fortuna.
"Bendita vida que nos dió Dios"
-En nosotros se preserva la vida-
-Desconozco el autor-

La codependencia y el triángulo dramático de Karpman, Fernando Plaza

“Somos rescatadores, los que lo logramos todo. Somos madrinas o padrinos del mundo entero, como dice Earnie Larsen. No sólo satisfacemos las necesidades de la gente, sino que nos anticipamos a ellas. Arreglamos los asuntos de los demás, les enseñamos, nos afligimos por ellos”. Melody Beattie
Por alguna razón en algún momento de nuestra vida asumimos que nuestra obligación o deber era cuidar de los demás, que esa manera de actuar nos ennoblecía y nos confería nuestro valor más intrínseco como personas. Es por eso que podemos malgastar nuestra vida rescatando a las personas que nos rodean.
Rescatar, consiste en hacer cosas por los demás que son perfectamente capaces de hacer por si mismos y que probablemente deberían estar haciendo. En las palabras de Scott Egleston, a quien Melody Beattie cita en su libro:
“(…) rescatamos cada vez que nos hacemos cargo de las responsabilidades de otro ser humano, de los pensamientos, los sentimientos, las decisiones, la conducta, el crecimiento, el bienestar, los problemas o el destino de otra persona”.
Lo paradójico es que una persona equilibrada y emocionalmente estable no aceptará que nadie le rescate, entre otras razones, porque ella misma es perfectamente capaz de identificar y resolver sus problemas. Es por eso que como bien entendió Stephen B. Karpman, terminamos rescatando víctimas, que no sólo aceptan ser rescatadas, sino que refuerzan todos nuestras conductas y comportamientos rescatadores, al menos al principio.
“Las víctimas en realidad son capaces de cuidar de sí mismas, aunque ni nosotros ni ellas lo admitimos. Generalmente nuestras víctimas están en una esquina del triángulo, simplemente esperando a que nosotros hagamos el primer movimiento y saltemos dentro del triángulo con ellas.” Melody Beattie
La codependencia se puede entender como una cierta adicción a las personas, nuestra “droga” por así decirlo, son las personas que dejan que desempeñemos nuestro role favorito, tanto es así que nosotros pasamos a ser controlados por esa necesidad de reafirmarnos con ese comportamiento. Frecuentemente el codependiente termina enamorándose o quedando estrechamente ligado a una persona alcohólica o con algún otro trastorno compulsivo, lo cual termina por abocarle sin remedio a su destrucción emocional si es que no toma medidas antes.

No se puede cambiar a las personas

Cuidar y rescatar de los demás es una manera de escapar de nuestros problemas. Es una conducta basada en una premisa falsa, ya que no se puede cambiar a las personas. Desde luego que las personas cambian, pero lo hacen cuando ellas quieren, cuando les llega su momento y cuando están preparadas para hacerlo.
El intento de controlar y dirigir el cambio de las personas, nos hace que quedemos a merced de éstas. El controlador pasa a ser controlado. Y si ya de por si es malo ser controlado por alguien aun es peor ser controlado por la enfermedad de una persona, ya sea el alcoholismo, la ludopatía o un desorden de alimentación.
Uno de los párrafos que más me impacto del libro de Melody Beattie es el siguiente:
“A fin de cuentas, los demás hacen lo que quieren hacer. Se sienten como se quieren sentir (o como se están sintiendo), piensan lo que quieren pensar, hacen las cosas que creen que necesitan hacer y cambiarán sólo cuando estén listos para cambiar. El hecho de que ellos no tengan razón y nosotros si, no importa. Tampoco importa que se estén lastimando a si mismos. No importa el hecho de que nosotros podríamos ayudarles si nos escucharan y si colaboraran con nosotros. NO IMPORTA. NO IMPORTA. NO IMPORTA, NO IMPORTA (…) La única persona a la que puedes o podrás cambiar es a ti mismo. La única persona a quien te corresponde controlar eres tú.”

Fte:  http://www.arturosoria.com/autoayuda/art/codependencia.asp?pag=2