jueves, 19 de octubre de 2017

La noche oscura del alma: ¿sin salida?

Imagen: Marco Tulio

Sin salida. Ésa es la sensación que se experimenta. Como en esos sueños en los que uno corre sin comprender por qué, y ve que, aunque sus piernas se muevan, está siempre en el mismo lugar: sin avance, sin meta, sin dejar atrás lo que atrás debiera quedarse... No es simple tristeza. No es simple depresión. Es una oscuridad profunda en la que lo que se ha perdido está claro: el Sentido. No hay siquiera esperanza. (El primer trabajo será cultivar, aunque más no sea, la esperanza de que más adelante quizás haya esperanza...) San Juan de la Cruz le llamó así: la Noche Oscura del Alma. Él mismo la transitó! Lo cual implica que vivenciar esta negrura interna no es necesariamente una enfermedad, sino, con frecuencia, el preludio de un nuevo modo de ser. Sí: uno se está muriendo. Pero NO EL CUERPO: se está muriendo una vieja forma de concebirse a sí mismo y a la vida. Mas, mientras la nueva forma no haya emergido, lo que se percibe es esto: NADA. Vacío. Un gran signo de pregunta...

¿Qué hacer cuando la Noche Oscura adviene? Lo primero es saber que muchos otros la han vivido; que muchos otros la están viviendo en este mismo momento. Y que quienes ya han atravesado esa instancia y han salido del otro lado nos han legado esta buena noticia: que no se trata de un callejón sin salida; SE TRATA DE UN PUENTE. Es fácil el autoengaño: decirse a sí mismo que "para siempre" todo será así: mustio, rancio... (Cuando uno está en la oscuridad, es propenso a creer en el "para siempre" y en el "nunca más". Por eso es vital desoír esas voces internas, tal como Ulises, que se ató al palo mayor de su barco para no ir tras los engañosos cantos de las sirenas...)

Con frecuencia, la tendencia natural es la de "acaracolarse": meterse para adentro, aislarse; pero... cuidado! Pues a-islarse es convertirse en una isla, y no hemos nacido para ser islas, -vulnerables ante el océano infinito,- sino vastos continentes ligados a otros continentes... Entonces: cuando se está así, es necesario tejer una red de afectos, contar con otros, y, -claro que sí-, pedir ayuda a quien pueda comprender qué es lo que está sucediendo. Hasta que en algún momento, el puente acaba en tierra firme. Una mañana cualquiera, uno es como un niño recién nacido: suelta las cáscaras del pasado, antiguos lastres que impedían todo vuelo; reinicia el Camino, ya del otro lado del puente. Uno puede, nuevamente, respirar. Y quizás ayudar a otros a que tengan en cuenta algo que habremos aprendido: que no se trata de un callejón sin salida: QUE SE TRATA DE UN PUENTE. Y es más que un cambio psicológico: es un fenómeno de extrema hondura, de naturaleza espiritual.

Así lo dijo el poeta José Pedroni:

"...Oh, sepan los que sufren de lo que yo he sufrido,
cómo mi vida es mansa con lo que se ha cumplido;
cómo el milagro antiguo de Moisés y la roca
inesperadamente se repitió en mi boca;
porque en mi boca, amigos, esta palabra pura
e como el agua clara sobre la piedra oscura.
Oh, sepan los que tienen una tristeza vieja,
cómo el feliz anuncio desbarató mi queja,
y me dejó lo mismo que saco ceniciento
desempolvado al viento.
Oh, sepan los que llevan al cuello desventura,
cómo en un solo día se perdió mi amargura.
Oh, sepan cómo es fuerte mi mano apresurada,
que quiere hacerlo todo, sin saber hacer nada;
cómo mi voz es dulce, después que fue tan grave;
cómo mi amor es simple; cómo mi vida es suave..."

Virginia Gawel
www.centrotranspersonal.com.ar

viernes, 13 de octubre de 2017

Fanny Libertun: Los dos caminos del miedo


Había un monasterio en las montañas en China. Los venados salvajes llegarían a los hermosos jardines del monasterio. Los monjes amaban los ciervos y disfrutaban de alimentarlos. Cuando el abad se enteró de ello, salió gritando y agitando los brazos y atacando al ciervo con su bastón. El ciervo se alarmó y huyó. El abad puso un aviso diciendo que no debía haber más alimento para los venados y que cualquier ciervo visto en la propiedad debía ser expulsado. Los monjes protestaron, diciendo: "Vinimos aquí para aprender bondad y compasión. ¿Qué clase de ejemplo es usted, hostigando a estos animales suaves? Esto no puede ser correcto. El abad se dirigió a la comunidad:"Miren, hay cazadores en estas montañas. La única defensa que tienen estos animales es su miedo. Si les quitamos eso, todos estarán muertos muy pronto. "

El miedo es un hecho, y aunque es muy desagradable de sentir, es necesario. Es una propuesta un tanto incómoda y desagradable que tiene la vida, pero es un regalo que puede ayudarnos. Ahora bien, mientras que los animales pueden responder eficientemente frente al miedo por la vía de mecanismos instintivos, los seres humanos necesitamos responder a ellos cultivando la sabiduría.

Podemos tomar el camino del miedo al miedo, que es el que consiste en no enfrentarlo. Podemos vivir tomando medicación para tratar de aliviarnos y desde el mismo miedo no querer hablar de él y evadirnos bajo mantos de adicciones o de otros miles de artilugios.

El otro camino es el de la contemplación de nuestros miedos internos, bajo la tutela de la paciencia, del coraje y del encuentro del sentido que invariablemente tienen nuestras emociones difíciles. Al ir por allí veremos nuestra situación más claramente y podremos responder al peligro desde la conciencia hasta llegar a observar que, con el tiempo, iremos de a poco ganándole la partida.


 Fanny Libertun

http://www.psicologiadelacompasion.org

Fanny Libertun: ¡Que viva el enojo!


El enojo expresa una profunda fuerza de la vida, es una chispa de fuego que no puede ser relegada. Es una emoción que compartimos con gran parte de los animales, pero que como humanos, necesitamos aprender a manejar para evolucionar. Es un mensaje que nos pide que prestemos atención a algún límite que no estamos poniendo o que representa algún dolor que estamos negando. Es una emoción que tendemos a rechazar cuando no nos damos cuenta que sólo es una manifestación de algo que no está siendo saludable en nosotros. La función del enojo es similar a la función de una fiebre. Ayuda a quemar elementos no deseados y perjudiciales. Nada es porque sí, y el propósito más profundo del enojo es decirnos que hay algo que necesita ser escuchado en nuestro ser.

Si se suprimen y se ignoran los síntomas de la fiebre, entonces la enfermedad quedará sin investigar. Lo mismo sucede con el enojo. Es útil escuchar su mensaje y luego no quedarnos ahí sino aprender a utilizarlo para nuestro bienestar.

El enojo que sentimos hacia otra persona no es una evaluación concreta acerca de lo que esa persona realmente es. Es una interpretación que nace en nuestros propios sentimientos y que nos informa más acerca de nosotros mismos que sobre la otra persona. Si aceptamos y comprendemos nuestro enojo, accederemos a ser capaces de actuar con firmeza y sin agresividad en nombre de lo que apreciamos.

El enojo puede darse con el corazón cerrado (situación más habitual en nuestra sociedad) y es destructivo. Muchos de nosotros hemos aprendido el hábito de enojarnos de manera vengativa por causa de una supuesta necesitad de protegernos. Podemos creer, desde esta posición, que está plenamente justificado manejar a los demás. Podemos creer que lo hacemos por "su propio bien." Podemos incluso creer que la voluntad que estamos tratando de imponer es la voluntad de Dios. De tal ignorancia han surgido desde el abuso en la vida individual de las personas hasta las guerras "santas".

Pero hay momentos en que nuestro enojo puede ser un regalo para la otra persona, para nosotros mismos (que somos lo mismo). Cuando no hay deseos de herir o castigar, nos volvemos capaces de hablar con gran claridad y fuerza. Podemos ser enérgicos, pero usando una fuerza que nos llevará a la curación. Podemos estar lidiando con una injusticia, o estar indignados porque alguien traspasó nuestros límites, pero si somos respetuosos y sentimos compasión, este “enojo con el corazón abierto" tiene una belleza, una pasión, y una claridad que es inconfundible.

@ Fanny Libertun
http://www.psicologiadelacompasion.org

Jeff Foster: Nada de que liberarse


Cuando tratas de “liberarte” de un sentimiento o pensamiento
Le estás dando aún más poder sobre ti.
Refuerzas la identificación del que se siente “no libre”,
del que está atrapado, víctima de esa energía.
Entonces, no trates de liberarte,
Simplemente sé el SER que es libre.
Y dale al sentimiento o pensamiento su libertad de estar aquí, hoy.
(Dale tu esencia).
Abraza a este huérfano incomprendido
En los brazos amorosos de la Conciencia.
(Y si no puedes abrazarlo, abraza tu incapacidad para poder abrazarlo…)
Entonces el pensamiento o sentimiento deja de ser tu enemigo,
Ya no eres su víctima, sino su protector.
Ya no eres su esclavo, sino su padre/madre amoroso/sa.
Dices SI a su existencia,
Dices NO a ser controlado por éste.
No estás atrapado ahora.
Y no hay nada de que liberarse.
Jeff Foster
Traducido por Daniela A Schmidt
Fte: Facebook Jeff Foster en Español

Proyecciones


martes, 10 de octubre de 2017

Alejandra Baldrich: Si supieras


Hermosos y atrevidos: la vida es un experimento


Gandhi llamó a su autobiografía “Mis experimentos con la Verdad”. Maravilloso título! También dijo de sí mismo y de todos: “Yo, débil, tímido, casi insignificante, si siendo como soy hice lo que hice, imagínense lo que pueden hacer todos ustedes juntos.” Él también era tímido! Pero decidió que su vida fuera dirigida por otra parte de sí: su parte audaz, atrevida.

“Atrevido” es una bella palabra: significa, en su raíz, “atribuirse, asignarse a sí mismo la capacidad de hacer algo”. Ser atrevido tiene un ingrediente más que la valentía: uno puede ser valiente para soportar la adversidad que viene hacia nosotros. Nos propulsa a ir más allá de los condicionamientos que nos marcaron nuestra geografía interior: "Esto SÍ eres; esto otro NO eres". La propia vida empieza cuando nos sacamos el polvo de esas afirmaciones ajenas y nos formulamos las tres preguntas esenciales: "¿Qué soy? ¿Cómo soy? ¿Quién soy?".

La respuesta a esas preguntas no es intelectual, no son palabras: se trata de salir al encuentro de la vida, hacer que las cosas sucedan, aceptar nuestras reales limitaciones y a la vez crear nuestras propias circunstancias, moviéndonos más allá de donde la timidez manda, con la conciencia de que... la vida es un experimento! No sólo la propia: quizás la vida humana, en sí misma, lo sea, y todos vayamos desplegando, cada cual con su propio Intento, una porción de la evolución colectiva que la Humanidad requiere.

En ese Intento estamos profundamente interconectados, y a la vez es preciso asumirlo como un proceso solitario: nadie puede gestarlo por nosotros. Atrevámonos = atribuyámonos la capacidad de que nuestra vida sea guiada no sólo por el instinto de supervivencia, sino también por el impulso de exploración, esculpiendo con nuestro propio cincel una vida con propósito (para sí mismos, para el Todo). Como dijo el poeta checo Rainer María Rilke:

“Somos solitarios.
Tenemos que aceptar nuestra existencia
tan ampliamente como sea posible.
Todo, aun lo inaudito,
debe ser posible en ella.
Pues sólo quien está apercibido para todo,
quien nada excluye, ni aun lo más enigmático,
sentirá las relaciones con otro ser como algo vivo.
Todos los dragones de nuestra vida tal vez sean
princesas que sólo esperan
vernos un día hermosos y atrevidos.”

Que en los tiempos venideros saltemos por encima del alambrado perimetral que le hemos trazado a nuestra propia identidad; para nuestro bien y para el bien común. Que sepamos fortalecer la solitariedad y la solidaridad. Que seamos capaces de tejer redes de afinidad para apoyarnos mutuamente en el Camino. Que nos atrevamos a atribuirnos nuestra propia vida!

Virginia Gawel
www.centrotranspersonal.com.ar

domingo, 1 de octubre de 2017

Juan A Currado: Evitar pasos


Hay veces en las que lo que hace falta ver sólo puede ser visto en la oscuridad, en las que no vale evitar la noche para llegar al día.

Puede que antes de llegar a una situación deseada… antes haya que pasar por un tramo difícil.

¿Qué hacer en estos casos? Hay dos opciones iguales de válidas y legítimas, pero con consecuencias distintas. Cada uno elegirá la que más quiera, sincerándose consigo mismo, sin caretas ni excusas.

Una opción es evitar la dificultad y no hacer el recorrido. En tal caso habrá que despedirse de lo deseado y darle la bienvenida a la permanente frustración. Además que se desaprovechará la oportunidad de aprendizaje implicada en la superación de todo problema. Es cuando pasan los años, pero las experiencias son siempre las mismas.

La otra alternativa consiste en optar por transitar el difícil recorrido. Hacerlo requiere mirar cara a cara la dificultad, lo suficiente hasta que nos revelé la enseñanza que todo problema oculta. Esto nos capacitará para continuar avanzando más sabios y más firmes hacia la meta que deseamos. Es cuando los años no sólo pasan, también se los vive con renovadas experiencias.

Juan A. Currado
Lic. en Psicología. Universidad de Buenos Aires. 

Virginia Gawel: Negación, Dolor y fanatismo

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Virginia Gawel: Fracasar exitosamente


La Vida necesita que fracases. Sí, es cierto, todo a tu alrededor te pide que, en cambio, seas exitoso: los anuncios de la TV, los afiches de la calle, y quizás las voces que registraste en tu cerebro a lo largo de toda tu historia. Y no está mal, tal vez, que esas voces te pidan el éxito. El problema es que te exijan SOLAMENTE el éxito! Porque eso es irreal: la Vida no funciona así, de ninguna manera...

“Fracasar”, etimológicamente, significa “hacerse pedazos” (como “fraccionar”). Y cada vez que uno, como Osiris, recoge luego sus pedazos, tiene la OPORTUNIDAD de ELEGIR con cuál de ellos quedarse. De descartar lo que NO nos sirva para SER QUIENES NECESITAMOS SER. El fracaso nos muestra lo accesorio, lo inútil, lo mal aprendido, lo que tergiversa nuestra real identidad. Así tenemos la posibilidad de volvernos MÁS ENTEROS, MÁS ÍNTEGROS. Con ello, más modestos, más compasivos, más aceptantes de quienes somos y de nuestros límites verdaderos.

La palabra “éxito” significa “salida”. Y, sí: el VERDADERO éxito es SALIR DE NUESTROS FRACASOS SIENDO MEJORES PERSONAS. Todo otro éxito es de menor importancia comparado con ése.

Carl Jung lo dijo muy límpidamente en un texto escrito en el peculiar estado que le produjera el quebararse un pie y haber tenido simultáneamente un infarto. Cuenta que, en esa situación, sus experiencias, -entre oníricas y visionarias-, le proporcionaron una extraordinaria claridad. Nos dice textualmente sobre este punto:

"Hubo además una cosa que resultó de mi enfermedad.
Podría formularlo como una afirmación del ser:
un sí incondicional a lo que es,
sin objeciones personales.
Aceptar las condiciones de la existencia,
tal como yo la veo: tal como la entiendo.
Y aceptar mi propia esencia,
tal como soy concretamente.

Al principio de la enfermedad
tuve la sensación de haber incurrido
en un error en mi actitud y por ello
ser responsable, en cierta medida, de mis fracasos.
Pero cuando se sigue el camino de la individuación,
cuando se vive la vida,
hay que aceptar también el error;
de lo contrario, la vida no sería completa.
No existe garantía alguna -en ningún instante-
de que no incurramos en el error
o en un peligro mortal.

Se cree quizás que existe un camino seguro.
Pero éste sería el camino de los muertos.
Entonces ya no sucedería nada,
o en ningún modo lo que debe ser:
quien sigue el camino seguro,
está exactamente muerto.
Sólo después de la enfermedad
comprendí lo importante
que es para el propio destino
el decir SÍ.
Pues de este modo hay un Yo
que luego no desertará
cuando suceda algo inconcebible.
Un Yo que persiste, que soporta la verdad
y que está a la altura del mundo y del destino.
De este modo se habrá experimentado en un fracaso
también una victoria.

Nada es estorbo
-ni por fuera ni por dentro-,
pues la propia continuidad
ha resistido al fluir del tiempo.”

Virginia Gawel
www.centrotranspersonal.com.ar

Imagen: Magnífica obra prictórica del mismo Carl G. Jung, publicada en "El libro rojo".