domingo, 12 de febrero de 2017

viernes, 10 de febrero de 2017

La Meditacion más elevada, Rupert Spira

Autodescalificarse, Virginia Gawel


Autodescalificarse es un hábito. Un hábito mental y emocional, que deriva en un conjunto de conductas. Y, como todo hábito, puede ser cambiado. De hecho, la palabra “hábito” define un conjunto de estrategias que implementamos para habitar este extraño planeta una vez que empezamos a vivir en él. Sí, es cierto: cuando un hábito se enraiza, de alguna manera una parte primitiva del cerebro lo interpreta como “eficaz”: nos permitió sobrevivir (habitar) hasta ahora. Tan es así que algunas adicciones se sostienen en el hecho de que el cerebro interpreta que contar con aquello a lo que se es adicto es un antídoto contra la muerte: “me acompaña a vivir”. Pero, curiosamente, el “antídoto”, en ese caso, es el que puede matar.

Así, en algún momento podemos deconstruir esas conexiones cerebrales y emocionales, y, -a veces muy trabajosamente- “destejer” hábitos que nos dan una mala vida, nos hieren, nos enferman, o lastiman a otros.

Y autodescalificarse es un hábito. (Sí, sé que ya lo dije. Lo vuelvo a decir: autodescalificarse es un hábito.) Así, viéndoselo como un hábito podemos ir trabajando en deshabituarnos. El primer paso es observar cómo lo hacemos: de cuán diversas maneras “siendo nuestro propio sostén, nos lo quitamos”. Desmerecemos lo que hicimos; no sabemos cobrar por nuestro tiempo o nuestros saberes; abaratamos nuestros talentos; tememos al Ego como si fuera el cuco de la Psicología; sentimos que van a dejar de querernos todos los que nos rodean, -como si autoapreciar lo que somos no fuera a alegrar a quienes verdaderamente nos aman!-.

Así, sufrimos de un extraño mal: cuando la valoración desde afuera finalmente viene, la declinamos considerándola o un error o una exageración (“No lo menciones”… “No es tan así”… “Sí, estoy más delgada pero tengo el pelo horrible!”…) Aun ante un “Gracias” decimos “De nada”! Evadimos la asunción de esa valoración, y luego tenemos anemia estimativa! Observémoslo. Y al observarlo, elijamos otra cosa. “Gracias” puede responderse como “Me da gusto haberte ayudado”. “Sos una hermosa persona” puede responderse con un “Me alegra que así lo sientas”. Encogerse nos hace tanto bien como a un pie calzar un zapato tres talles más chicos. A benefició de qué o de quién?

Y algo que, en lo personal, considero sumamente importante de observar es darme cuenta de cuándo alguien (yo misma, por ejemplo!) está como conduciendo con el freno de mano puesto. Así, vivimos a medias, y la pasión vital se vuelve una brasita tibia, -cuando lo que teníamos como materia prima era pleno fervor!-.

La gente que nos hace bien es la que no priva al mundo de sí. La que, de modo sencillo y pleno, da lo que tiene, pues da lo que es. Y disfruta del darse a sí mismo, “libre y sin cesar”, -como decía Walt Whitman-.

Virginia Gawel
www.centrotranspersonal.com.ar

miércoles, 8 de febrero de 2017

Los cuatro perdones, Virginia Gawel


Hay cuatro perdones con los que necesitamos trabajar para sanear nuestra vida íntima. Desde hace años mucho se habla básicamente de dos. Quisiera enunciar a los cuatro. Pero antes deseo aclarar que el perdón no es un acto: es un proceso. O sea: no es posible perdonar desde la voluntad; desde la voluntad lo que sí podemos es elegir cultivar ese proceso, sabiendo que si no lo hacemos una porción de nuestra vida permanecerá infectada, inflamada, y cada vez que algo la toque, dolerá.

No podemos, entonces, decidir “Te perdono”. Pero sí podemos decidir colaborar conscientemente con ese proceso. Este trabajo psicológico, sin embargo, es sólo una parte. La otra es que, a medida que sostenemos en el tiempo la intención de cultivar el perdón, algo nuclear de nuestro Inconsciente (nuestra Esencia, nuestro Sí Mismo) a su vez trabaja subterráneamente para que el perdón acontezca. Sí: la médula del perdón deviene de una instancia interna superior. Por eso se llama per-don: es un don que viene desde algo muy hondo (en inglés, forgive, siendo que to give no sólo es dar, sino también consagrar, o sea: con-sagrar). De manera que decidir perdonar implica disponerse a hacer, humanamente, nuestra parte en ese proceso, y también a pedir a esa instancia interna (como en una oración) que tenga a bien desplegar eso más sutil que, desde nuestro psiquismo limitado, no podemos ejecutar. Así, cuando el perdón adviene y sentimos la herida limpia, es porque muy dentro han convergido nuestro trabajo psicológico intencional y el trabajo de nuestro Sí Mismo (sin el cual el perdón no acontece).

Esto toma tiempo; y perdonar no significa aceptar que el dañador nos siga dañando, o que retorne a nuestra vida si lo hemos expulsado: implica que esa persona ya no ocupe tanto espacio dentro de uno. De modo que no se trata sólo de “ser magnánimo con quien nos hirió”, sino de des-enquistar al otro del enorme lugar que ocupa cuando una herida no ha cicatrizado. Ése es el primer perdón. Pero hay tres más.

El segundo es el que refiere a pedir perdón (tarea indispensable en el propio proceso evolutivo): revisar nuestra historia y el día a día, determinando a quiénes hemos lastimado. Por torpeza, por inmadurez, por ignorancia, por egoísmo… Una vez detectados a conciencia estos actos incisivos, será necesario ofrecerle al otro, -si aún es posible-, nuestro reconocimiento del error: ayudarle a que despliegue el proceso de su primer perdón, pues ese proceso es más fluido si quien hirió se hace cargo de la herida frente al herido. Éste también es un acto liberador, ya sea que nos brinden la disculpa o no (y debemos estar preparados para lo último, con coraje y dignidad).

Del tercer perdón también se habla mucho: perdonarse a sí mismo por el daño causado a otros. Pero al cuarto no se lo menciona, y quiero destacarlo: en un momento de soledad, de quietud, a corazón abierto, pedirse perdón a sí mismo. Pues en muchos aspectos de nuestra vida hemos sido el heridor y el herido: nos hemos despreciado, nos hemos saboteado, nos hemos exigido hasta agotarnos, nos hemos expuesto al abuso reiterado de otros heridores, sin brindarnos cuidado ni afecto… (Incluiría en ello el pedirle perdón a nuestro cuerpo, pues con frecuencia ha sido lastimado por nuestras actitudes hacia él.) Si no nos disponemos a transitar este cuarto perdón, los otros tres por sí mismos no alcanzarán a cerrar los círculos abiertos, dado que cada uno de los cuatro perdones dinamiza el proceso de los otros tres, necesitándose recíprocamente. Pedirse perdón es un acto de amistad consigo mismo, tal como lo haríamos en el segundo perdón con cualquier ser querido. Y… necesitamos ser para con nosotros mismos un ser querido! El único con el que conviviremos hasta el fin de nuestros días (y más). Recordando también que, como dijo el gran Jung: “Nadie puede relacionarse con otro mientras no se relacione primero consigo mismo”. Que así sea!

Virginia Gawel
www.centrotranspersonal.com.ar

De ningún laberito propio se sale con llave ajena


Cómo ser un guerrero del amor, Jeff Foster


Cuando tu corazón se rompe y te alejas de él, te sientes perdido e impotente, sin hogar en el momento presente, sientes que el cuerpo y el espíritu están divididos. 

Pero cuando te vuelves hacia tu corazón roto, cuando le prestas una amable atención, y le dices, "Querido corazón, te veo, sé que estás roto, pero te acepto tal y como estás, te abrazo tal y como eres, sin condiciones. Así que rómpete, dulce corazón, rómpete aún más, rómpete con más fuerza, rómpete tanto como necesites romperte, y sabe que estoy aquí contigo, siempre...”, eres un guerrero del amor, ¡poderoso y libre!

- Jeff Foster

Fte:Facebook Jeff Foster en Español

El seccreto del cambio


Miedo al cambio, Juan A. Currado

Tememos a los cambios cuando suponemos que se tratará de una injusta permuta en la que perderemos algo bueno para recibir algo malo a cambio. Con tal suposición es lógico resistirnos y aferrarnos a lo conocido, no necesariamente porque tengamos certeza de que lo desconocido sea malo, sino porque en el lienzo en blanco del porvenir proyectamos nuestras escenas más temidas, lo garabateamos con momentos pasados en los cuales nos sentimos mal.
Al hacer esto condenamos al futuro sin conocerlo. También inutilizamos el poder que disponemos para co-crear favorablemente lo que vendrá. Además, desaprovechamos el potencial para conectar con esa dimensión más Luminosa que nos permite trascender las circunstancias y vivenciar que siempre estamos a salvo, que siempre hay Luz… aunque por momentos no la veamos.
Juan A. Currado
Lic. en Psicología. Universidad de Buenos Aires

martes, 7 de febrero de 2017

Sobrepeso por ansiedad

Cerrar Capitulos Pendientes

El Reconocimiento, Norberto Levy


"Todos sabemos lo bien que nos sentimos cuando alguien reconoce que hemos hecho algo bien o nos dice simplemente que le ha gustado, y sin embargo esa actitud no está disponible ni en los otros ni en nosotros. Vale la pena entonces que la miremos en detalle para comprender esta perturbación, que trae dolor y sufrimiento evitable"

Existen muchas causas que convergen. Algunas son creencias generalizadas y otras son distorsiones psicológicas y frecuentemente coexisten y se asocian. Las examinaremos una por una.

"No hace falta que le diga nada porque sólo está cumpliendo con su deber"
El hijo trae una buena calificación, la esposa hizo las tareas domesticas, el marido consiguió el dinero para las vacaciones, y quien recibe esas acciones no dice nada porque el otro sólo está cumpliendo con su deber.
Esta creencia es típica de las personas exigentes.

"Si le digo cuánto me gusta o cuán importante es para mí se va a agrandar (se va a crecer)"
Esto ocurre cuando hay un tema de poder en juego y en ese marco siento que reconocer lo valioso que recibí me expone a perder.
El tema central aquí es la relación de poder. Cuando está presente en una proporción significativa daña seriamente cualquier intercambio amoroso. En esa atmósfera no puedo mostrar mi necesidad, es difícil que pueda decir: ¡Te extraño! porque significa mostrar mi necesidad y temo ser dominado o manipulado a partir de dicha necesidad: ¡ va a hacer lo que quiere conmigo!
Incluso hay frases populares que expresan esta vivencia :"El pez por la boa muere..." Es decir el haber abierto la boca, atraído por la carnada, hizo que quedara atrapado por el anzuelo.
Oro componente vinculado con esta perturbación es la relación conquistador-conquistado. Esta calidad de vínculo tiene características que le son propias. El conquistador es pródigo en reconocimientos para halagar y quien está en el rol del "sujeto a conquistar" siente que cuando menos consienta más activa el deseo del conquistador.
Aquí es necesario distinguir el conquistar como primer paso para acceder a un acercamiento del conquistar por el conquistar mismo. Algo similar vale para el otro rol: estar en el rol de "lo conquistable" como un primer momento de un encuentro o como una forma habitual de comunicarse.
Aunque es obvio no está demás reiterar que el segundo caso es una fuerte distorsión psicológica en la manera de vivir una relación.

"Si reconozco lo valioso se va a achanchar (se pondrá perezoso)"
Creo que el estímulo para el mejoramiento es el reclamo y entonces imagino que el otro al oír el reconocimiento va a decir: " yo me esmeraba para obtener su reconocimiento, ahora que lo obtuve no hace falta que siga esmerándome".
Esta creencia también es propia de la actitud exigente.

El temor al sentimiento no correspondido:

El sentimiento es sin duda una fuente importante de dolor. El tema aquí es la intensidad de su presencia en cada uno. Cuando necesito mucho el reaseguramiento afectivo quedo hipersensible a cualquier gesto que pueda significar ese rechazo tan temido, y cuando dos hipersensibles al rechazo se juntan se activa fácilmente ese círculo vicioso que consiste en que un gesto ambiguo de "a" significa rechazo para "b" que entonces se retrae rechazando, lo cual retrae más a "a", y así sucesivamente.
La primera víctima de este desencuentro es el reconocimiento. Es una puerta que cierra otra puerta, que cierra otra puerta, que cierra otra puerta...
En este tipo de vínculo es especialmente necesario recuperar la capacidad de expresar el reconocimiento de lo valioso del otro para mí pues esa actitud es la que inicia el círculo virtuoso del reconocimiento. Cuando el otro reconoce algo valioso de mí, hace que me sea más sencillo reconocer lo valioso de él. Es una puerta que abre otra puerta, que abre otra puerta, que abre otra puerta...
Que el otro reconozca lo valioso de mí es un componente básico de la nutrición psicológica y proveer de ese nutriente es una de las funciones importante del vínculo. Por esta razón es muy útil que cada relación observe cómo está presente el reconocimiento recíproco y, en el caso que esté interferido, descubrir cuáles son sus perturbaciones y crear las condiciones para recuperar en plenitud la alegría de reconocer y sentirse reconocido.
Cuando el reconocimiento tiene el camino despejado uno puede descubrir que no sólo uno se nutre al recibirlo sino también, y en igual o mayor medida, al poder brindarlo."

Norberto Levy. La sabiduría de las emociones. Ed.: Sudamericana.

Maltrato, Merlina Meiler


El maltrato es una gran telaraña. Te va atrapando cada vez más y llega un momento en que no ves la salida.
Al principio no te das cuenta y todo se ve de color de rosa: ¡tienes pareja! Se preocupa por ti, te acompaña, le interesa cada cosas que haces, te presta atención.
Poco a poco te vas adentrando en esa tela de araña, casi sin notar de qué se trata realmente. El terreno va dejando de sentirse firme y te das cuenta de que lo que al principio sentías como seguro, era una ilusión que dio paso a maltrato, celos enfermizos, controles, límites irracionales, aislamiento, vigilancia. En resumen: la pérdida de tu libertad.
Mientras tanto, el hilo sigue tejiéndose y estás cada vez más atrapado, sin saber cómo salir. Y esto puede sucederles a hombres y a mujeres, ya que el maltrato no distingue género y la dificultad para salir, tampoco.
Por más que intenten pintarte la red de colores o argüir que todo lo hacen por tu bien, es bien evidente que solo buscan satisfacer sus propios deseos poco saludables, a costa de tu bienestar (bien poco les interesa). Sientes el aguijón clavándose una y otra vez, aunque intenten disimularlo con sonrisas, frases bonitas o regalos que intercalan con insultos, descalificaciones, abusos, órdenes o, incluso, agresión física.
Quien es maltratado no habla sobre el tema y cubre, por vergüenza, por sentirse en inferioridad de condiciones, por miedo. Y de esto se alimenta el maltratador para ampliar la intensidad de su influencia y para tenerte a su merced en su red, vulnerable.
Estas telarañas no duran permanentemente y suelen ser más endebles de lo que parecen.
El primer paso que puede ayudarte a salir de ella airoso: hablar.
Con un familiar, con un profesional, con un centro. En todos los países y ciudades hay teléfonos a los que se puede llamar y donde dan refugio, contención, apoyo. Tal vez veas esto como un paliativo o como ayuda momentánea y no entiendas cómo se entrelazarán los hechos después, pero el primer paso da lugar al segundo y así sucesivamente.
Permite que te asistan, que te cuiden, que te protejan contra quien te está haciendo mal.
Lo que está sucediendo no es culpa tuya, eres una víctima que se vio atrapada en el teje y maneje de un ser manipulador.
Puedes recuperar tu estima, tu vida y tu alegría si tan solo te decides a contar lo que te está sucediendo. El resto vendrá por añadidura. Hoy, al igual que siempre, sigues mereciendo lo mejor.
Merlina Meiler
Fte:http://www.mejoraemocional.com/superacion-personal/telarana/

jueves, 2 de febrero de 2017

Heridas de la infancia:la humillación, Silvia Pla de Catsanasen

Fluye



Más vale caminar finales
para comenzar de nuevo
y morir mil vidas
para sentirse viva,
que no querer despedirse
de la ilusión de resucitar
un camino muerto.

Más vale dejarse estremecer
por la incertidumbre de un renacimiento
que dejarse amansar
por el tropiezo de un camino repetido
con idénticas piedras.

Cuando un camino acaba
nuevos senderos asoman,
rumbo descalzo, puro comienzo,
tan incierto como inmenso,
inconmensurable nada
dando la primera zancada
hacia el infinito.
.
-Ada Luz Márquez-
"Susurros de la tierra"

Sé con la Sensasión, Jeff Foster


Haz contacto con alguna sensación física, sin juzgarla. 
No pienses en ella, no la analices, sólo quédate allí, con ella. 
Tú no fuiste quien la creó. 
Tú no eres responsable de ella. 
No es tu culpa. 
No hiciste nada malo. 
No es tu responsabilidad sanarla, arreglarla, deshacerte de ella, o incluso averiguar “por qué” está presente. 
No es algo personal, como el canto de los pájaros en la mañana, o el rugir del tráfico del otro lado de tu ventana. 

Sabe menos. Siente más. 
Comprométete con el momento. 
Sal de la historia del pasado, con sus culpas y remordimientos. 
Sal de la historia del futuro, con sus miedos y anticipaciones. 
Siente la cruda sensación en este momento, la vida en su forma más pura, una danza de energía. 
Ella está aquí por un momento. 
Honra su fugaz aparición. 

Sé el espacio para la sensación, su contenedor, su presencia, su cálido abrazo. 
No es tu enemigo, y podría ser tu mejor maestro. 

- Jeff Foster

fte:http://la-danza-de-la-nada.tumblr.com/post/156397688665/s%C3%A9-con-la-sensaci%C3%B3n

Más de lo mismo?


No te cuesta nada, Lin Yutang

Cuentan que un hombre mayor que había recorrido años y kilómetros en la búsqueda del camino espiritual, se topó un día con un monasterio perdido en las sierras.
Al llegar allí, tocó a la puerta y pidió a los monjes que le permitieran quedarse a vivir en ese lugar para recibir enseñanzas espirituales.
El hombre era analfabeto, muy poco ilustrado, y los monjes se dieron cuenta de que ni siquiera podría leer los textos sagrados, pero al verlo tan motivado decidieron aceptarlo.
Los monjes comenzaron a darle, sin embargo, tareas que, en un principio, no parecían muy espirituales..
-”Te encargarás de barrer el claustro todos los días” -le dijeron.
El hombre estaba feliz. Al menos, pensó, podría reconfortarse con el silencio reinante en el lugar y disfrutar de la paz del monasterio, lejos del mundanal ruido.
Pasaron los meses, y en el rostro del anciano comenzaron a dibujarse rasgos más serenos, se lo veía contento, con una expresión luminosa en el rostro y mucha calma.
Los monjes se dieron cuenta de que el hombre estaba evolucionando en la senda de la paz espiritual de una manera notable.
Un día le preguntaron: -”Puedes decirnos qué práctica sigues para hallar sosiego y tener tanta paz interior?”
-Nada en especial. Todos los días, con mucho amor, barro el patio lo mejor que puedo.
Y al hacerlo, también siento que barro de mí todas las impurezas de mi corazón, borro los malos sentimientos y elimino totalmente la suciedad de mi alma”.
De este modo el hombre se fue tornando un ejemplo para los monjes, quienes comenzaron a admirarlo y a ofrecerles tareas más importantes, pero el anciano prefirió seguir barriendo las impurezas.
Y cuentan que un día su corazón quedó tan limpio y puro que despertó a la conciencia universal, y aún así, continuó barriendo.
Hay dos maneras de difundir la luz, ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja”.
Lin Yutang