miércoles, 16 de agosto de 2017

Las mareas emocionales: ecuanimidad y determinación


“Lo hago porque lo siento”; “No lo terminé porque ya no tenía ganas”; “Abandoné porque perdí el entusiasmo inicial y me desalenté”...Expresiones como éstas pueden ser muy importantes para tomar ciertas decisiones de nuestra vida: hay cosas que sólo deberíamos hacer o seguir haciendo si las emociones nos acompañan; mirarnos por dentro y darnos cuenta de que la mejor opción es elegir a partir de cómo nos sentimos.

Sin embargo, como la vida es paradójica, el enunciado opuesto también puede ser verdad. Y en determinado tipo de temperamento (ciclotímico, emotivo, con sentimientos que suben y bajan como las mareas) es posible que dejarse llevar por el sentir sea un parámetro peligroso. ¿Cuál es el riesgo? Que los propósitos más íntimos (necesarios para desplegar nuestra evolución en este mundo) queden muy frecuentemente malogrados por supeditarse a “cómo nos sintamos”: se empieza una nueva actividad con mucha pasión… pero si algo nos vulnera el ánimo, la pasión se apaga. Se comienza una obra (un libro, una escultura, un jardín…) pero cuando emergen impedimentos nos aferramos al desaliento, y abandonamos. O bien postergamos indefinidamente el hacer aquello que realmente nuestra esencia quisiera… hasta que “estemos con el ánimo apropiado”.

No es que “esté mal” ser una persona de emociones fluctuantes: de hecho, mucha gente creativa y sensible lo es! El trabajo que tiene por delante quien pueda encuadrarse dentro de esta característica es el de hacer consigo mismo pactos de perseverancia: “Independientemente de cómo esté mi ánimo, de mis ganas del momento, de qué emociones me mueva la vida… decido autodeterminarme”. La determinación es una cualidad indispensable para el camino: es elegir el sendero por donde uno va a transitar, y seguir adelante aunque sople el viento, aunque haya tramos empinados, aunque de a ratos nos sentemos a descansar. Sabiendo, sí, que a veces el ánimo no acompañará cada paso: que en determinados tramos estaremos avanzando aunque algo nos haya puesto tristes, ansiosos, preocupados, desanimados, irritados, temerosos…

La ecuanimidad es algo que acompaña a la determinación. Pero “ecuanimidad” (“mantener el ánimo igual”, independientemente de las circunstancias) no significa que el mar de nuestro sentir se quede quieto. Implica poder concebirnos cual si fuésemos concéntricos, como un huracán: en la periferia podrá haber movimiento, y cosas que el viento de las emociones arrastra con su fuerza; pero el centro de ese viento, el ojo del huracán, es un punto quieto, desde el cual podemos tomar decisiones vitales aunque las emociones estén en plena fluctuación.

Estoy segura de que si estás leyendo estas palabras te será conocida esa sensación: la de percibir que en tu periferia hay un caos de sentires que suben y bajan como los caballos de una calesita… pero que, a su vez, en el centro hay un eje quieto que no participa de ese caos, de esa marea emocional. Determinarse a sí mismo implica saber echar raíces en ese centro, para que nuestro propio huracán no nos trague nuestras oportunidades, nuestros talentos, nuestra vida…

Determinación es constancia, voluntad, la capacidad de priorizar los anhelos de nuestro espíritu (aunque nuestra periferia dude, se canse, se distraiga). Es como algo muy antiguo y maduro dentro de nosotros, que sabe, y que puede autocriar al niño revoltoso de las emociones para que cumpla con su tarea, porque es lo mejor. Quiero compartirles un fragmento de un poema de ese extraordinario músico que es Pedro Aznar, titulado “Hasta hoy” (de su libro “Pruebas de fuego”); nos habla sobre esto mismo, pero más bellamente…

“(…) He visto, también,

los que no cejan:

buscando a tientas;

aferrándose (o soltándose) al centro en las mareas cambiantes;

dejando un tenue rastro del perfume inconfundible en los vientos furiosos;

librando, cada día, la batalla más difícil, la única noble,

la de adentro;

borrando con su propia sangre los dictados negros (propios

y ajenos);

equivocándose, equivocándose y volviendo a empezar;

dudando de su fuerza, pero ofreciendo el pecho;

sabiendo que está todo por hacer, y que tendrá que ser hecho

cada vez

por cada uno;

templando su coraje en la negrura más espesa de la noche.”

Virginia Gawel
www.centrotranspersonal.com.ar

Publicado en la revista Sophia OnLine en noviembre de 2012

martes, 15 de agosto de 2017

Alejandra Baldrich: 15 verdades para mis hijas que las aprendí a la fuerza.


1- Se consciente de tus palabras, con ellas creas tu mundo.
2-No te creas todo lo que te digan.
3-Confía en tu intuición.
4-Tu verdad interior vale más que mil verdades ajenas.
5-Debes saber que todo lo que hagas, digas y pienses son causas que van a producir efectos que volverán a ti. 
6-No te acerques a nadie que te aleje de vos misma.
7-Conoce tus límites para que cuando alguien intente cruzarlos sepas decir no, esto no es lo que yo quiero para mi.
8-Recuerda, lo que digan los demás de vos refleja más quiénes son ellos, sus miedos y sus deseos, y no quien realmente eres.
10-Cada vez que necesites juzgar considera si no hay un miedo tuyo moviéndote los labios.
11- No eres tonta por confiar, si alguien alguna vez te traiciona. Es el otro que no supo cuidar lo que le dabas.
12 Aprende a amarte más allá de la belleza que dicta la moda enferma. La gente que no se ama, se vuelve buena compradora y eso sirve a los que venden.
13-Está escrito en las estrellas nuestro plan de vida. Solo podemos cambiar como vamos a elegir vivir lo que nos toca.
14-No dejes que nadie mate tus sueños. Los matasueños son aquellos que alguna vez los tuvieron y se los mataron
15-Manten tu energía limpia y vibrando alto, no estás sola, tus ancestros te acompañan y te guían.

Alejandra Baldrich

Negar no sirve, Lucia Toranzo N.


Mi abuelo creció en el campo, donde la gente es tan simple como sabia y recuerdo las platicas entre él y sus amigos, como cuando en una ocasión, uno de ellos le pregunto ¿cuanto tarda en sanar una herida, una ausencia o una inevitable pérdida de lo amado?
Sin dudarlo el abuelo contestó:
Primero: todas las heridas duelen, "negar no sirve", pero tienen sus procesos. el dolor avisa afuera y adentro y en ambos lados es la llamada para que puedan ayudarle: déjese ayudar o al menos, déjese acompañar, los buenos y los malos ratos son siempre mejor compartidos, el cuerpo lo sabe el corazón también.
Segundo: Las heridas cierran mejor expuestas al aire y al sol, "negar no sirve", deje que el viento se lleve cuanto tiene que decir, lo que le duele, lo que se quedo sin hablar, luego que el sol le sane, déjese cobijar y acariciar, vea con claridad, la luz que surge de cada herida que con el cuidado adecuado, vuelve a plantar vida y seca naturalmente cada lágrima.
Tercero: Tercero el dolor pasa, las ausencias no, "negar no sirve", pero cada ausencia nos lleva a valorar las presencias, lo que se ha quedado, el aprendizaje adquirido y la fuerza que nace de haberlo aceptado, lo duro no es fuerte, en seguida se rompe, lo flexible si, que la cicatriz se mueva, se acomode para que se acabe de absorber.
Por último: Aprenda a vivir con su pérdida, sanada la herida primera, "negar no sirve", deje de exhibirla y de permitir que la toquen, recógala como algo sagrado y así resguárdela en su corazón, es suya, su memoria y su dignidad, no luche contra el recuerdo deje que se funda en el corazón, deje que se quede ahí lo que pensó perdido, lo que quiere de ello rescatar y cierre la puerta y siga su caminar, Ahora tiene usted más valor para cuidar y para continuar.
Lucia Toranzo N.
fte: Insight facebook

lunes, 14 de agosto de 2017

Fanny Libertun: Sanadores heridos


La imagen representa la figura del bodhisattva y sus miles de manos sostienen cada una una herramienta que simboliza que tenemos heridas y por la tanto la necesidad de sanarlas. Los bodhisattvas no son deidades o estatuas que se elevan sobre nosotros o están más allá de nuestra comprensión, sino ejemplos de hombres y mujeres que también podemos ser nosotros: ellos son quienes están decididos a seguir el camino de la compasión para ellos y para los demás.

Las heridas no son abstractas o difíciles de definir, son la depresión, la ansiedad, el miedo, las adicciones… son parte de la vida de cualquier ser humano. Si aceptamos las heridas como parte natural de nuestro desarrollo, no las estaríamos tomamos como lugares que nos detienen, sino como los espacios desde los que podemos conectar con nosotros y con todos los demás.

¿Cómo podemos sanar las heridas? Porque sentimos compasión.

¿Cómo podemos entender las heridas de los demás sino a partir de las propias heridas?

¿Cómo podemos practicar la compasión? Con las herramientas que se forjan en las propias heridas.

¿Qué son las heridas? Son los lugares en los que las cicatrices nos recuerdan lo que hemos aprendido y si hemos aprendido es porque pudimos expandirnos y no quedar contraídos o resentidos.

Los lugares en los que hemos sido heridos no son lugares para entristecernos, criticarnos o sentirnos mal, sino lugares desde los que celebrar que somos sensibles y también que tenemos herramientas para sanar.

Aceptamos así que necesitamos sanarnos es porque en la vida hay sufrimiento, no porque podamos eliminarlo. Cualquiera que proponga la eliminación total del sufrimiento no dice la verdad. Cualquiera que quiera afirmar que es sabio basándose en que no tiene fallas, estaría alejándose de la realidad. Todos hemos sido heridos y todos sufrimos y esas heridas y las herramientas para sanarlas son el único lugar desde el que podemos tomar acciones hacia la sabiduría y la compasión.

Fanny Libertun
http://www.psicologiadelacompasion.org/
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Fanny Libertun: Espiritualidad de todos y para todos


Creo que el camino espiritual no se construye sólo siguiendo prácticas exclusivas, vistiendo de maneras particulares o leyendo libros, sino que además de ello -o tal vez sin todo ello- se trata de utilizar las prácticas espirituales para procesar lo más difícil de aceptar: nuestras heridas, dolores personales, aquello en lo que nos sentimos decepcionados de nosotros frente a nosotros, las idealizaciones derrumbadas, los fracasos, los arrepentimientos, y todas nuestras dificultades para lidiar con la realidad.

Vivir una vida espiritual es relacionarnos con el propio cuerpo con amor y respeto ya que es el vehículo que nos contiene y sin el cual no podemos estar acá, en este viaje.

Estar en un camino espiritual significa llevar una vida contemplativa, caminar mirando tanto hacia adentro como hacia afuera con la sabiduría de que comprender que “los de afuera” no son los culpables y los hacedores absolutos de nuestro destino sino que son el reflejo de nuestras proyecciones y fantasías.

Estar en el camino espiritual es acceder a un tipo de pensamiento adulto que acepta las contradicciones, las paradojas, y que éstas coexisten en la realidad. Es vislumbrar que la más grande de las paradojas es la paradoja mística de aceptar que mientras somos seres singulares y físicos en este camino, también estamos profundamente conectados unos con otros, animados y sostenidos por el mismo vasto Espíritu que reside en el grano de arena, la gota de agua, la porción de aire que estamos respirando ahora, los sentimientos más bellos y los más difíciles.

Ser espirituales también significa hacer la paz con nuestro pasado, poder mirar hacia atrás sólo para saber que el camino está libre de escombros y que no estamos obstruyendo tampoco el viaje de otros con nuestro desorden. Es reconocer, perdonar y liberar todo lo aquello a lo que nos hemos aferrado y que nos impide la evolución y el cambio.

Estar en un camino espiritual es asumir la responsabilidad de ser conscientes de nuestras propias creencias. Es aceptar que tenemos creencias que son muchas veces heredadas pero no ciertas y cultivar las propias para que sean compatibles con nuestra sabiduría y compasión.

Ser espiritual es aprender a aceptar, saber tolerar, dejar de idealizar objetivos y puntos a llegar, comprender que no es el destino sino el viaje lo que es importante. Alguien dijo que "todo el camino al cielo es el cielo". ¿Para qué seguir añorando un Cielo que está lejos de nosotros, un sol que nos encandila y paraliza, aspiraciones personales fantaseadas e imposibles? Tal vez esta es la hoja de ruta suficiente para mantenernos caminando, recordándonos que el sutil aire que sentimos en el cuerpo al comenzar cada día no es nada menos que el aliento de Dios.

Fanny Libertun
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Virginia Gawel: La pareja Sectaria

Jeff Foster: El Amor Que Siempre Soñaste


Tienes que tomar un momento a la vez, hijo.

Un respiro a la vez. Sigue el círculo del aliento, su elevación y su caída, también. Ambos movimientos son preciosos. 

Todo pasa, ya ves. El amanecer es sin duda seguido por el ocaso. La piel vieja se sustituye. Las hojas se desprenden del árbol y no son menos hermosas al caer. Aquellos a quienes amas morirán a su forma física y volverán a la luz, a su perfección original. Como Eckhart Tolle nos recuerda, ‘incluso el Sol morirá’.

Buscamos seguridad en donde jamás la encontraremos. Huimos de la ansiedad, evitamos ese ingenioso vacío que habita en nuestro corazón, tratamos de escapar de la vida.

Nos quisieron vender una mentira acerca del amor: que tenemos que ser dignos de él.

¡Al diablo con eso!

El amor no es algo que pueda ser dado. No es algo que se tenga que mendigar, ganar o merecer.

Si tienes éxito, si consigues una excelente calificación, si consigues la promoción, si ganas la carrera, no serás más amado. Tienes que olvidar esa ilusión.

No tienes que ser digno de nada. Sólo tienes que estar vivo, y ya eres digno.

Eres la totalidad, aunque vayas por tu cuenta, y nunca vas por tu cuenta, porque eres inseparable de las estrellas, de las montañas, de los árboles que susurran en la pradera.

Y sigues tu respiración a medida que sube y baja. Y les das su lugar en ti a esas sensaciones descuidadas hace tiempo. Aprendes a confiar en el cuerpo, en sus ritmos, en la forma como intenta protegerse, en su imprevisibilidad, en sus sentimientos de inseguridad. Respiras en los lugares afectados, ofreces tu protección a eso que alguna vez se sintió amenazado.

Protegido incluso hasta para sentirte desprotegido; eso es libertad.

Para amar hasta esa parte que se siente rechazada; ese es el amor que siempre soñaste, el amor que nunca te tienes que merecer.

Jeff Foster

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domingo, 23 de julio de 2017

Jeff Foster: La belleza de un No



“En el árbol de la Vida hay dos pájaros, amigos incondicionales. 
Uno de ellos se come el fruto del Árbol; 
el otro, sin comer, observa…" 
- El Rig Veda

Es bueno permanecer abierto a la opinión de los demás, escuchar a quienes no están de acuerdo contigo. Permanecer abierto a puntos de vista alternativos. Tratar de ver las cosas a través de los ojos de otra persona, incluso si a final de cuentas no estás de acuerdo con sus puntos de vista o conclusiones. 
Pero cuando alguien cruza la línea y pasa de un desacuerdo inteligente y una opinión u observación constructiva a atacar e insultar, cuando te menosprecian y te humillan y se niegan a verte, a enfrentarte y a hablar del asunto, eso es algo muy diferente. 
Por supuesto, se podría argumentar que su comportamiento está ‘permitido’, ya que se trata de una expresión de vida también. Por supuesto que lo es. ¡Pero al mismo tiempo, tu ‘no’ es también una expresión de vida! ¡Tus límites también son completamente sagrados! 
Reconocer tu poder, expresar tu verdad, honrar tus sentimientos y necesidades – esto es también un movimiento de lo Divino. 
Un claro y directo ‘no’ al abuso, al insulto y a la objetivación, no es debilidad sino el acto más valiente de amor a ti mismo. El ‘no’ honra profundamente la vida. No contiene veneno, es muy compasivo en su esencia. No avergüenza al otro sino que lo informa. No ataca, más bien protege. Es fuego, pero no tira la primera piedra.   
¡Para quien recibe el ‘no’, podría no sentirlo como compasión! Podría sentirlo como rechazo y abandono. Podría sentirlo como lo contrario al amor. Podría sentirlo como abuso. Pero quizás, con el tiempo y una profunda reflexión, algún día lo llegue a entender. Quién sabe. 
Solo podemos expresar nuestra verdad Ahora, esperando que sea lo más compasiva posible, y seguir adelante. Y confiar en el proceso. Y respirar a través de nuestros sentimientos. Y permanecer abiertos al tierno corazón del otro, mientras protegemos a nuestro precioso y vulnerable ser humano. 
¡A veces un ‘no’ es realmente un gran ‘SÍ’ a la vida!
 Jeff Foster
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Hiciste lo mejor que pudiste, Jeff Foster



Hiciste lo mejor que pudiste. 
Hiciste todo lo que podías haber hecho. 
No tenías otra opción. 

Teniendo en cuenta lo que creías en ese momento, los poderosos o sutiles sentimientos que se movían en ti, lo conectado que estabas con tu respiración, tu cuerpo, tu verdad, tu camino; lo arraigado que estabas en el momento presente, la claridad con la que veías o no; de acuerdo al dolor que sentías, a lo abiertas y crudas que estaban tus heridas; considerando la resistencia que sentías, lo estrecha o amplia que era tu perspectiva, lo atrapado que estabas en tu historia personal, no pudiste haber actuado o dicho nada de otra manera. 

Hiciste lo mejor que pudiste, dado el nivel de consciencia desde el que estabas actuando. 

¿Es esto una excusa? No. Más bien se trata de que asumas la plena responsabilidad de lo que pasó. Sin embargo, soltando la culpa, 'renunciando a la esperanza de un mejor pasado.'

¿Es esto una salida fácil? No. Más bien se trata de que te perdones a ti mismo. Soltando 'lo que pudo o debió haber sido', alineándote con 'lo que es,' arraigándote en el Ahora, el único lugar desde donde puede surgir el verdadero cambio, donde las nuevas respuestas pueden emerger, donde el sanar puede comenzar. 

Laméntate por tu pasado, por supuesto. 
Aprende tus lecciones, por supuesto. 
Escucha cómo los demás comparten su dolor. Siente todo profundamente. Corrige todo lo que puedas. Pide perdón, si es necesario.

Pero, ni por un momento pienses que el pasado pudo haber sido diferente. 
Ni por un instante creas que el Universo se ha equivocado. 

Estás donde estás, Ahora. Este es un nuevo día, un nuevo comienzo. 

Armado con una nueva visión, con una nueva perspectiva, con un corazón mucho más humilde y compasivo, con una actitud más curiosa, muévete hacia el futuro, arraigado en esta amorosa presencia, abierto a las posibilidades. 

- Jeff Foster

fte: Facebook Jeff Foster en español

Virginia Gawel: Dejar de ser mi propio obstáculo


“Soy mi propio sostén / y me lo quito”, dice con filosa contundencia el poeta Roberto Juarroz. Si en el fondo del fondo sólo puedo contar conmigo, pero vivo anulando mi valor: ¿con quién contaré en el final de los finales, a la hora de contar?

Autodescalificarse es un hábito. Un hábito mental y emocional, que deriva en un conjunto de conductas. Y, como todo hábito, puede ser cambiado. De hecho, la palabra “hábito” define un manojo de estrategias que implementamos para habitar este extraño planeta una vez que empezamos a vivir en él. Sí, es cierto: cuando un hábito se enraiza, de alguna manera una parte primitiva del cerebro lo interpreta como “eficaz”: nos permitió sobrevivir (habitar) hasta ahora. Tan es así que algunas adicciones se sostienen porque el cerebro interpreta que contar con aquello a lo que se es adicto es un antídoto contra la muerte: “me acompaña a vivir”. Pero, curiosamente, el “antídoto”, en ese caso, es el que puede matar.

Así, en algún momento podemos deconstruir esas conexiones cerebrales y emocionales, y, -a veces muy trabajosamente- “destejer” hábitos que nos dan una mala vida, nos hieren, nos enferman, o lastiman a otros.

Y autodescalificarse es un hábito. (Sí, sé que ya lo dije. Lo vuelvo a decir: autodescalificarse es un hábito.) Así, viéndolo como un hábito, podemos ir trabajando en deshabituarnos. El primer paso es observar cómo lo hacemos: de cuán diversas maneras “siendo nuestro propio sostén, nos lo quitamos”. Desmerecemos lo que hicimos; no sabemos cobrar por nuestro tiempo o nuestros saberes; abaratamos nuestros talentos; tememos al Ego como si fuera el cuco de la Psicología; sentimos que van a dejar de querernos todos los que nos rodean, -como si autoapreciar lo que somos no fuera a alegrar a quienes verdaderamente nos aman!-.

Así, sufrimos de un extraño mal: cuando la valoración desde afuera finalmente viene, la declinamos considerándola un error o una exageración (“No lo menciones”… “No es tan así”… “Sí, estoy más delgada pero tengo el pelo horrible!”…) Aun ante un “Gracias” decimos “De nada”! Evadimos la asunción de esa valoración... y luego tenemos anemia estimativa! Observémoslo. Y al observarlo, elijamos otra cosa. “Gracias” puede responderse como “Me da gusto haberte ayudado”. O “Sos una hermosa persona” puede responderse con un “Me alegra que así lo sientas”. Encogerse nos hace tanto bien como a un pie calzar un zapato tres talles más chicos. ¿A benefició de qué o de quién?

Y algo que, en lo personal, considero sumamente importante de observar es darme cuenta de cuándo alguien (yo misma, por ejemplo!) está como conduciendo con el freno de mano puesto. Así, vivimos a medias, y la pasión vital se vuelve una brasita tibia, -cuando lo que teníamos como materia prima era pleno fervor!-.

La gente que nos hace bien es la que no priva al mundo de sí. La que, de modo sencillo y pleno, da lo que tiene, pues da lo que es. Y disfruta del darse a sí mismo, “libre y sin cesar”, -como decía Walt Whitman-.

Conversando hace muy poco con el extraordinario músico (y humano) que es Pedro Aznar, respecto de este “manejar con el freno de mano puesto”, expresó:

“Yo creo que quien es creativo y anda con el freno de mano puesto como decís, es porque se contagió de alguna forma de la mezquindad. Porque se lo debés a los demás, no solo a vos mismo. Le debés a los demás compartir a los demás eso que se manifiesta a través tuyo. Es tu don. Y cada uno de nosotros tiene por lo menos uno. Todos los tenemos. Y tenemos muchos, pero por lo menos hay uno que sobresale, el que sea. Descubrilo. Descubrilo y ponelo a disposición, hacelo valer. Porque no es solamente para tu vida, no solamente va a llenar de maravillas tu vida, sino que va a llenar de maravillas la vida de los demás. Si todos nos dedicamos a brillar intensamente, no va a ser una batalla de egos; al contrario, vamos a ser un montón de soles que vamos a dar muchísima luz. Es lo mismo que el símbolo de Brother David multiplicando la luz de una única vela: no se apaga nadie; al contrario, todos brillamos cada vez más. Compartiéndose y dándose, se es mucho más.”

Brother David (Steindl-Rast) es un monje benedictino-zen, psicólogo, que hace poco estuvo en la Patagonia argentina; entre otros bellos momentos, celebró una ceremonia en la que con una vela encendía la de cada uno de quienes estábamos allí; así, la luz se multiplicaba no sólo en la candela de cada uno, sino también en sus ojos, centelleantes en la oscuridad. Así ha de ser lo que demos: multiplicación palpitante y total. Sin freno de mano: andando.

(Quien quiera acceder al video del encuentro con Pedro puede hacerlo clickeando este enlace:https://www.youtube.com/watch?v=iP9lbmEhRjE. Que la disfruten!)

Virginia Gawel
www.centrotranspersonal.com.ar

domingo, 9 de julio de 2017

Sobre nuestros ancestros: Padres de hierro, Virginia Gawel

Hay padres que no aman. Hay padres que sólo dañan. Hay también padres que aman y lo expresan de las más variadas maneras: abrazan, dicen, cantan, preguntan mirando a los ojos, acompañan desde cerquita, y tienen el “te amo” presto para salir de los labios, entre barbas, bigotes o lampiñamente, pero así, tan fácil como una paloma hace surco en el aire.

esos padres los dejo allí hoy. Los dejo allí, y los abrazo. Pero hoy quiero traer a los padres que sufren una condición singular: los que aman, pero parece que no.

Los que crecieron aprendiendo que los hombres no lloraban, que de los temas de afectos se ocupaban las madres.

Los que fueron martillados en sus corazones para que no cometieran la torpeza de emitir ternuras a hijos varones, para conservarlos viriles; ni a sus hijas mujeres, porque no sabían dónde poner los cuerpos para dar eso tan raro: un abrazo de padre.

Los que recibieron de sus padres, y sus padres de sus padres, y sus padres de sus padres… Una regla emocional muy clara para cumplir: “Mejor recibir el respeto de los hijos, que su cariño”. (Y la letra chica de esa ley decía que si hubiera cariño no habría respeto).

Los que bebieron del Inconsciente Masculino Ancestral una prohibición más tremenda todavía: “No abrazarás a tus hijos ni te apegarás a ellos, pues no pasará mucho tiempo hasta que ellos o tú tengan que partir hacia la guerra”. Y no abrazaron. Y no se apegaron. Ni aunque no hubiese ya guerra alguna.

Aquellos a los que, ni bien fueron padres, les fue depositada una herramienta en las manos: la vara. La educación, las religiones, la sociedad, les dijeron: “Serás severo, o tus hijos te saldrán malos”. Y así ensayaron un gesto adusto, una voz miliciana, una distancia certera, para cumplir con lo que de ellos criteriosamente se esperaba, cuando a viva voz se le dijera al hijo donde fuera: “¡Ya verás cuando lo sepa tu padre!”. (También así aprendimos a temerle a cierto “Dios Padre”).

Ésos son, esos fueron, sufridos padres de hierro. Tuvieron que doblar en cuatro su amor, como un pañuelito, para no desplegarlo hacia sus hijos; tuvieron que ponerle un corcho con lacre a la lámpara de Aladino de donde quería salir su genio de cumplir sueños, de jugar, de reírse, de ser niño con sus niños; tuvieron que hacer un nudo en su corazón para hacerse un nudo con sus propios brazos, bajo una estricta norma de calidad: no abrazar, aunque tuvieran ganas.

Pero amaron. Amaron caminando mil cuadras para comprarle con lo ahorrado la revista infantil a su nena. Amaron trabajando de domingo a domingo para que su chico pudiera trabajar algún día de lunes a viernes. Amaron reparando juguetes, sin jugar; amaron, ya de viejos, colgando cuadros derechitos en la casa de su hija ya grande, o tomando café fuerte con su hijo mayor de edad, hablando de fútbol o sobre las noticias. Mas nunca, nunca, pudieron abrir el pecho (esa jaula de costillas) y dejar salir así, limpio y simple, su “¡¡¡TE AMO!!!”. Viven todavía con ese pájaro preso en su adentro, o murieron con él. Su amor de papá jamás tuvo levantado el estado de sitio, y se quedó guardado de toda expresión abierta y solar.

A ellos, estas palabras. A sus hijas e hijos, mi compañía. Porque yo escuché el “TE AMO” de mi padre a través de mis ojos (no de mis oídos), mirando sus manos rotas de tanta viruta, de tanto martillo, y de no acariciar. Porque ése fue su modo (el de todos ellos) de dar amor. Porque merecían otra cosa, pero no la tuvieron: que la Humanidad abriera la jaula de sus pechos para que tuviesen permiso de decir: “TE AMO, HIJO”.

Nosotros podemos generar lo nuevo. Y parte de ello es amar su amor de hierro, tal como fue. Y gestionar permisos colectivos para que ya no haga falta ningún padre de hierro. Ningún hombre de hierro. No más.

Virginia Gawel
www.centrotranspersonal.com.ar

Publicado por la revista "Sophia OnLine" en junio de 2015.

Jeff Foster: Sobre el rompimiento


De verdad, ninguna relación ha ‘terminado’ jamás, ni por muerte, divorcio o distanciamiento. En realidad, no hay dos personas que hayan 'roto’ alguna vez. Eso es sólo una historia que nos contamos. 

Sólo 'rompemos’ con las imágenes caducas de cada uno, con nuestras propias ideas acerca de lo que debimos o pudimos haber sido, con las esperanzas y planes del pasado y el futuro, con nuestras falsas interpretaciones e ilusiones, con los “sueños de un futuro que, de cualquier forma, nunca iban a darse”. 

Rompemos con un relato que ya no nos es útil, eso es todo. Las relaciones, como la vida, en realidad nunca terminan; simplemente evolucionan, cambian de forma y apariencia. El amor no conoce ninguna ubicación en tiempo y espacio, y jamás puede terminar, porque es la fuerza que une. Lo que somos, no puede ser dividido ni terminado. El corazón no entiende la muerte ni la separación. Somos Uno. 


Jeff Foster

fte:http://la-danza-de-la-nada.tumblr.com/post/162780816710/sobre-el-rompimiento

Miedo a cambiar, Fanny Libertun



Tan programados estamos para llegar a metas, conseguir objetivos, y lograr cosas, que cuando en algún asunto vemos que vamos para atrás, entramos en pánico. Pero cambiar es ir hacia adelante, detenernos, retroceder y experimentar hasta saber cuál es el lugar en el que elegimos estar. El proceso de cambio no es lineal, es desprolijo, lleno de aspectos que no comprendemos, lleno de “vacíos”, es una aventura que nada nos promete pero todo nos da.

Hasta el cambio es cambiante, valga la redundancia. Todo lo que lograremos en algún sentido será perdido. Entonces debemos saber que el motivo del cambio no debería ser retener, acumular y fijar cosas en el mundo material, en el de los sentidos, sino evolucionar como seres humanos.

Todos somos Uno, de modo que debemos apreciar los cambios psicológicos que logremos, más allá de su tamaño, más allá de la atribución de una mayor o menor importancia. Cualquier cambio que hago por mí, microscópico o gigantesco, será un cambio que beneficie a todos.

Nuestra vida está mayormente regida por juicios de valor, por creencias que gran parte de las veces distorsionan la realidad. Tengamos cuidado con las sentencias de la siguiente clase: "No vale la pena… es demasiado tarde o demasiado pronto…”. ¿Cómo pensar así cuando se tratar de cambiar para llegar a ser quien uno quiere ser? No hay límite de tiempo, no hay reglas para esto. En cada aspecto de la vida podemos hacer lo mejor o lo peor de nosotros.

Espero que veas las cosas que te asustan, cambiar no siempre implica estar en peligro. Espero que puedas sentir lo que nunca antes habías sentido. Espero que conozcas muchas personas con puntos de vista diferentes a los tuyos. La vida se renueva a sí misma en cada instante, esa es su ley y nosotros mismos somos la vida, por eso espero que puedas acompañar los cambios que te sucedan con alegría. Espero que puedas encontrar el coraje de empezar todo de nuevo cuantas veces se haga necesario.

Fanny Libertun
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Enfermarse, Fanny Libertun



"Si deseas sanar,
déjate caer enfermo,
déjate caer enfermo ".
- Rumi

Cuando algunos se sienten insatisfechos con sus propias vidas irradian malhumor por ahí por donde van pisando y envuelven en él incluso a quienes los quieren ayudar: “No me digas eso porque no me gusta... no quiero consultar... yo puedo solo... no necesito a nadie que me diga lo que tengo que hacer...”

Muchos dicen que están tristes o que se sienten frustrados, pero no quieren ni siquiera hablar de lo que les sucede. Todos los días se sienten mal pero se quedan en sus guaridas revolcándose en la misma sustancia oscura de sus angustias. ¿Por qué suponemos, tan a menudo, que las cosas cambiarán a pesar de que seguimos haciendo siempre lo mismo?

La alegría se forja en la tristeza, la risa en la comprensión de nuestras imperfecciones, el amor en la superación del egoísmo y del odio. ¿Cómo puede alguien puede pasar por alto el mensaje que le dan sus propias heridas sin hacer algo por ellas?

En nuestra cultura está mal visto enfermar, sentirse mal emocionalmente e incluso descansar. A casi nadie le resulta fácil relajarse ya que todos somos animalitos que necesitamos sobrevivir y sentimos que no podemos bajar la guardia. Tan fácil y tan difícil, la clave reside en descansar cuando estamos cansados y también de enfermar cuando estamos enfermos.

Fanny Libertun
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