lunes, 16 de enero de 2017

Frena, Maru Leone


Ojalá que no sea el tiempo quien te acomode las ideas, sino el explotar tu vida. Que la sabiduría no te agarre ya sin ganas, ni los viajes, ni los besos. Ojalá entiendas que el tiempo no vuelve. Léelo otra vez: El tiempo no vuelve. La vida tampoco vuelve y la muerte es lo único seguro y certero que tenemos. Y ese, tiene que ser el disparador de tu vida. Dar revancha, dejar la marca, dejar la risa, la experiencia. La felicidad no está solo en películas, recordemos que la realidad siempre supera la ficción. Superemos a la ficción, dejemos una huella que la gente escriba, que la gente cante, que la gente baile. Seamos verídicos. Dejemos nuestra marca en los corazones.
Maru Leone

Un nuevo amanecer: El fin de la codependencia, Jeff Foster

No puedes salvar a nadie.
Puedes estar presente con ellos, ofrecer tu estabilidad, tu cordura, tu paz. Incluso puedes compartir tu camino con ellos, ofrecer tu punto de vista.
Pero no puedes eliminar su dolor. No puedes recorrer el camino por ellos. No puedes ofrecer respuestas correctas, ni tampoco respuestas que no sean capaces de digerir en ese momento. Cada quien tiene que encontrar sus propias respuestas, plantear sus propias preguntas o bien, soltarlas, cada quien tiene que hacerse amigo de su propia incertidumbre. Cada quien tendrá que cometer sus propios errores, sentir sus propias tristezas, aprender sus propias lecciones.
Si realmente quieren estar en paz, tendrán que confiar en el camino de sanación que se vaya revelando paso a paso. Pero tú no puedes sanarlos. No puedes ahuyentar su miedo, su ira, su sentido de impotencia. Tú no puedes salvarlos, o arreglarles las cosas. Si presionas demasiado, incluso podrían perder su tan singular camino. Tu camino podría no ser el de ellos.
Tú no creaste su dolor. Pudiste haber hecho o dejado de hacer ciertas cosas, pudiste haber dicho o dejado de decir ciertas cosas, detonando el dolor que ya estaba dentro de ellos. Sin embargo tú no lo creaste, y no eres culpable, incluso si ellos dicen que así fue. Puedes asumir la responsabilidad de tus palabras y acciones, sí, y podrías lamentarte por un pasado, pero no puedes borrar ni cambiar lo que ya pasó, y no puedes controlar el futuro. Sólo puedes reunirte con ellos aquí y ahora, en tu único lugar de poder. Tú no eres responsable de su felicidad, y ellos no son responsables de la tuya.
Tu felicidad no puede venir de fuera. Si es así, entonces se trata de una felicidad dependiente, una felicidad frágil que se convertirá en tristeza muy rápidamente. Y después te verás atrapado en una red de culpa, remordimiento y persecución. Tu felicidad está directamente relacionada con tu presencia, con tu conexión a tu aliento, a tu cuerpo, a la tierra. Tu felicidad no es pequeña, y no puede ser eliminada por el miedo o la ira, o a la más intensa de las vergüenzas. Tu felicidad no es un estado, o una experiencia pasajera, o incluso un sentimiento que los demás puedan darte. Tu felicidad es inmensa, siempre presente, es el espacio ilimitado del corazón, donde la alegría y la tristeza, la felicidad y el aburrimiento, la certeza y la duda, la soledad y la conexión, incluso el miedo y el deseo, pueden moverse como el clima, como la lluvia y el sol, todo acogido en la inmensidad del cielo.
No puedes salvar a nadie, y no puedes ser salvado si buscas quién te salve. No hay ningún yo que salvar, ningún yo que perder, ningún yo que defender, ningún yo que hacer perfecto o perfectamente feliz. Deja ir cualquier ideal imposible. Tú eres hermoso en tu imperfección, escandalosamente perfecto en medio de tus dudas; amoroso, incluso en medio de tus sentimientos poco amorosos. Todas esas partes han sido dadas, todas son partes de la totalidad, y tú nunca fuiste menos que la totalidad.
Estás respirando. Sabes que estás vivo. Tienes el derecho a existir, a sentir lo que sientes, a pensar lo que piensas. Tienes derecho a tu alegría y derecho a tus tristezas. Tienes derecho a dudar también. Tienes derecho a recorrer tu camino. Tienes derecho a estar en lo correcto, y derecho a equivocarte; tienes derecho a esta gigante felicidad que conociste cuando eras pequeño. Estás respirando, y eres inseparable de la fuerza de la vida que anima todas las cosas, que se conoce a sí misma como todos los seres, que se descubre a sí misma en cada momento de esta increíble y maravillosa existencia.
Tu valía no está ligada a lo que los demás piensen de ti. Está ligada a la luna, a la infinita expansión del cosmos, a los cometas que son lanzados hacia destinos desconocidos, al olvido del tiempo y al amor a la soledad, y a esta inefable gratitud por cada nuevo amanecer, inesperado, dado.
Jeff Foster
Fte:
https://www.facebook.com/Jeff-Foster-en-español

Talento para frustrarse, Virginia Gawel

Jeff Foster: Cómo Cuidar de Quien Amas (Sin perderte a ti mismo)

Cuando estés sentado con 
algún ser querido que amas y está sufriendo, 
no pretendas ser invulnerable. 
No pretendas ser fuerte. 
Deja que tu corazón se rompa un poquito, o mucho. 
Inclínate ante tu fragilidad, ante tu falta de respuestas.
Siente tu tristeza, tu miedo, tus frustraciones. 
Y tu culpa. No eres un superhombre.

Es difícil ver a alguien que amas sintiendo dolor. 
Independientemente de lo ‘evolucionado’ que estés, es difícil.

Ahora: Observa hacia dónde va tu atención. 
¿Se escapa de tu cuerpo? 
¿Estás reteniendo tu respiración? 
¿Te estás ignorando u olvidando de ti mismo 
en tu deseo de ‘ayudar’ o incluso ‘salvar’ al otro? 
¿Estás abandonando tu precioso cuerpo 
en tu anhelo de eliminar su dolor?

El universo no necesita dos sufrimientos. 
Uno es más que suficiente. 
Ofrece tu presencia ahora. 
Tu corazón completamente abierto. 
Tu escucha.
Llora con ellos.
Valida el lugar en el que se encuentran. 
Pero recuerda, no es tu trabajo salvarlos, 
arreglarlos, sanarlos, 
eliminar su dolor. 
Esto depende de Dios. Depende del Universo.

Tú no sabes lo que es mejor para ellos. 
Podrías estar ofreciendo respuestas equivocadas.

Ellos están en su propio viaje. 
Su viaje no es el tuyo. 
(Esto no significa que seas egoísta.)

Tu trabajo es ser su amigo en este momento, 
no su salvador.
Sé un reflejo de su propia presencia, 
de su valentía, de su capacidad de soportar 
hasta las energías más intensas.

Para poder cuidar de los demás 
tienes que cuidar profundamente de ti, 
tienes que cuidar significativamente de ti, 
para que ese cuidado se desborde, 
para que ese cuidado fluya hacia tu amigo, 
incluso si él no está consciente de eso.

No te abandones
en nombre de la ‘compasión’.

Recorre tu camino ahora, no el de ellos.
Haz menos, entonces. Irradia más.
Jeff Foster
Fte:https://www.facebook.com/Jeff-Foster-en-español-

lunes, 9 de enero de 2017

La necesidad de la desilusión y la frustración, Laura Foletto



Como comenté en “Después de nueve duros años, comienza un nuevo ciclo”, una de las cosas más fuertes que me sucedió en ese período fue el omnipresente estado de desilusión que atravesé, que se fue haciendo cada vez más fuerte hasta dinamitar casi cualquier certeza que tenía.

El vivir en fantasías ha sido una recurrencia normal en mí, que tuvo distintos despertares y consecuentes bajadas a tierra. El más fundante fue cuando era joven y me di cuenta de que me estaba perdiendo muchas oportunidades. No fue eso en sí lo importante sino tomar conciencia de que mis quimeras tenían una base de realidad: ¿por qué imaginaba esas cosas y no otras, por qué eran tan significativas para mí, por qué me emocionaban? Lo que debía hacer era creer en ellas y concretarlas de acuerdo a mis posibilidades (que obviamente no eran tan grandiosas). Fue impresionante observar cómo podía traerlas a la vida y lo maravilloso que me sentía siendo y haciendo lo que tanto había soñado.

Este proceso podía resultar en algo gratificante o decepcionante pero probaba su validez como posible. Hacer eso con metas externas puede ser fácil o difícil pero realizarlo con estados anímicos, emociones, intereses afectivos, conexiones espirituales es más complicado. Es inasible, cambiante, movilizador, indescifrable. Hacia ello me sentía impulsada cada vez más y, aunque al principio era reconfortante porque los demás registraban cuánto había “cambiado”, era nada más que las capas externas de la cebolla.

“Como es adentro es afuera” probó una vez más su legitimidad y todo se volvió una interactividad interna y externa que me mostraba quién era y qué deseaba. Y esto último se convirtió en el gran aprendizaje. Una a una mis ilusiones acerca de lo que quería se caían callada o estrepitosamente, despeñándome en un estado de decepción y frustración cada vez mayores hasta que me volví descreída, irónica y, lo peor, desconfiada.

Entonces, comencé a cuestionar mis deseos. ¿Cuánto tenían de insuficiencias egoicas, de mandatos sociales, de reconocimientos inútiles, de compensaciones dañinas? Como dijo Byron Katie: “¿Cómo sabes que no necesitas lo que quieres? Porque no lo tienes”. Lo comprendí perfectamente. Así como entendí algo que se me escapaba elusivamente: tenía lo que necesitaba. Esos “¡aha! moment” que me caen como un rayo cada tanto y que casi siempre se refieren a apreciar lo que soy, tengo y hago.

Necesitamos esas desilusiones. Nos sanan y nos vuelven a nosotros. Descartan viejos sueños y modelos que ya no vibran con lo que somos. Nos hacen darnos cuenta de que las bases son artificiales y endebles, cimientos irreales donde pretendemos construir vidas reales. Nos hacen enfrentar al temor a la incertidumbre, al aferramiento a la comodidad, la falsedad y la ignorancia (que se retroalimentan la una a la otra), al poder aparente del Ego, a la desconexión con la esencia.

Necesitamos llorar, gritar, caer para poder levantarnos verdaderos y fortalecidos. Necesitamos que se derrumben las ilusiones y las expectativas que se crearon a partir de ellas. Solo así tomamos conciencia de que ya somos lo que tanto deseamos; que venimos con un diseño que debemos respetar y bendecir; que la sencillez, la fluidez, la autenticidad, la creatividad son fuentes inagotables de felicidad y plenitud; que el cuerpo y el corazón son guías certeras. Y sobre todo que, después de tantas desilusiones, aprendemos la verdadera confianza: la de ser nosotros mismos conectados a Todo Lo Que Es.

Abracemos nuestra vulnerabilidad, seamos amables con los errores, amemos nuestra encarnación, honremos los aprendizajes, iluminemos nuestro camino a la Luz con cariño y paciencia. Este nuevo ciclo no es para deseos ni creaciones vanas y pasajeras: es para reclamar nuestra herencia sagrada y traer el potencial humano divino a la Tierra.

Fte: http://abrazarlavida.com.ar/la-necesidad-de-la-desilusion-y-la-frustracion/

viernes, 6 de enero de 2017

Por qué el silencio es tan importante para nuestro cerebro?



Florence Nightingale, una mujer extraordinaria considerada precursora de la enfermería moderna, afirmó: “El ruido innecesario es la falta de atención más cruel que se le puede infligir a una persona, ya esté sana o enferma”. Casi dos siglos más tarde, la ciencia ha confirmado que nuestro cerebro necesita el silencio casi tanto como nuestros pulmones el oxígeno.

El silencio contribuye a regenerar el cerebro


Nada fortifica tanto las almas como el silencio. Jacinto Benavente

Hasta hace poco se pensaba que las neuronas no podían regenerarse y que nuestro cerebro estaba condenado a un declive progresivo e inexorable. Sin embargo, con el descubrimiento de la neurogénesis todo ha cambiado, ahora los neurocientíficos se centran en descubrir qué puede promover la regeneración neuronal.

En este sentido, un grupo de investigadores alemanes del Research Center for Regenerative Therapies Dresden han descubierto que el silencio tiene un impacto enorme en el cerebro. Estos científicos comprobaron que en el cerebro de los ratones que se quedaban en silencio durante dos horas cada día crecían nuevas células en el hipocampo, la región del cerebro relacionada con la memoria, las emociones y el aprendizaje.

Además, constataron que esas nuevas células eran capaces de diferenciarse e integrarse en el sistema nervioso central para cumplir diferentes funciones. Por tanto, reservar algunos minutos al día para estar en completo silencio podría ser muy beneficioso para nuestro cerebro, ayudándonos a conservar la memoria y a ser más flexibles ante los cambios.

El silencio permite que el cerebro le dé sentido a la información

Nuestro cerebro tiene una “red por defecto” que se activa cuando estamos descansando. Esa red se encarga de evaluar las situaciones e información a la que nos hemos expuesto a lo largo del día y las integra en nuestra memoria o las descarta si son irrelevantes.

Básicamente, esa red funciona reclutando una serie de regiones del cerebro, que son las encargadas de seguir trabajando por debajo del nivel de la conciencia. También es la principal responsable de los destellos de genialidad ya que se encarga de ir atando cabos y buscar soluciones a los problemas.

Recientemente, investigadores de la Universidad de Harvard descubrieron que esa red se activa de forma especial cuando reflexionamos sobre nosotros mismos, por lo que sería esencial para reafirmar nuestra identidad. Estos investigadores también apreciaron que la red por defecto se activa cuando estamos en silencio y con los ojos cerrados ya que cualquier estímulo del medio que nos distraiga la “apagaría”.


El silencio es el elemento en el que se forman todas las cosas grandes. Thomas Carlyle

El silencio es el mejor antídoto contra el estrés

Las ondas del sonido provocan vibraciones en los pequeños huesos del oído, los cuales transmiten el movimiento a la cóclea, donde esas vibraciones se convierten en señales eléctricas que llegan hasta el cerebro. El problema radica en que nuestro cuerpo está programado para reaccionar de manera inmediata ante esas señales, incluso en medio de un sueño profundo. Por eso, el ruido provoca una activación de la amígdala, la cual responde estimulando la producción de hormonas como la adrenalina y el cortisol, que incrementan nuestro nivel de estrés.

Por eso, no es extraño que un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Cornell haya descubierto que los niños que viven en zonas cercanas a los aeropuertos, donde hay mucho ruido, son más vulnerables al estrés. De hecho, estos niños tenían una presión arterial más alta y niveles más elevados de cortisol.
Afortunadamente, el silencio tiene el efecto opuesto en nuestro cerebro. Mientras el ruido causa tensión y estrés, el silencio tiene un efecto sanador y relajante. Así lo comprobaron investigadores de la Universidad de Pavia, quienes descubrieron que:


tan solo dos minutos en silencio absoluto son más beneficiosos que escuchar música relajante y provocan una mayor disminución de la presión sanguínea.

Por tanto, ahora ya lo sabes: disfruta del silencio. Tu cerebro, tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán.

fte:https://autoconocimientointegral.com/2017/01/04/por-que-el-silencio-es-tan-importante-para-nuestro-cerebro/

ama tu cuerpo, sea como sea


Una Canción de cuna para el buscador, Jeff Foster

Descansa, agotado amigo.
Reposa tu cabeza aquí.
Has viajado demasiado.
No tengo palabras ingeniosas que ofrecerte.
Ningún sistema que enseñarte.
Ninguna imagen que pueda mantenerse.
No encontrarás ninguna filosofía aquí.
Ninguna respuesta a tus muchas preguntas.
Ofrezco únicamente presencia.
Un santuario.
Una cama. Un alimento.
Un poco de bondad para agradecer la tuya.
Yo no soy mejor que tú.
Mi gurú es la vida.
Mi linaje es el amor.
Yo no separo
al iluminado del no iluminado.
No enseño nada que no viva.
No extraigo citas de ningún libro, sino de las gritas que se abren en el corazón.
Veo tu fragilidad pero también tu inmenso poder.
No eres deficiente.
No permitas que te digan
que eres deficiente.
Nos conocimos hace mucho tiempo, cuando las moléculas bailaron en armonía para formar mundos.
Me parece que entonces comprendí tu coraje.
Cierra tus ojos; yo me encargo de esta noche.
- Jeff Foster
fte: https://www.facebook.com/Jeff-Foster-en-espa%C3%B1ol-132951520106392/?fref=ts

martes, 3 de enero de 2017

Canto de una madre que está lista para quedar embarazada


Este es mi rezo aquí y ahora:
Hija o hijo que aún no naces, estoy lista.

Mis brazos ya estan listos para sentir tu hermosa piel, tus pequeñas manos y escuchar tu respiración.

Mis ojos están listos para cambiar la percepción del mundo y cocrear con el corazón un nuevo espacio para tí.

Mi cuerpo está listo para hacer espacio para tí, para que como espiral te expandas de una idea en el Universo a semilla humana.

Estoy lista desde el corazón para que me guíes por laberintos del sentir, para transitar por todas las emociones, para abrirme a tu inocencia y ser guardiana de tu bienestar.

Estoy lista para guiarte con respeto, dulzura, dignidad, belleza y entendimiento. 

Universo: estoy lista, es mi deseo más profundo ser Mamá.

La Mujer Lunar
www.mujerlunar.com

Como Funciona La Mente Subconsciente

domingo, 1 de enero de 2017

La Función del sufrimiento, Borja Vilaseca

Sufrir es completamente inútil. Tan solo engorda el victimismo y el afán de culpa del ego. Sin embargo, la saturación de sufrimiento nos motiva a salir de nuestra zona de comodidad para iniciar un proceso de cambio.
Al vivir limitados por nuestros miedos y carencias, al entrar en la edad adulta solemos marginar nuestros sueños, construyendo una vida siguiendo las directrices establecidas por el statu quo. Y como resultado, nos vamos alejando de nuestra verdadera esencia, convirtiéndonos en alguien que no somos y cosechando interminables problemas y frustraciones. De ahí que exista la creencia generalizada de que «la desconexión es lo normal» y que «lo raro es ser feliz».
Eso sí, aunque pueda parecer lo mismo, hay una enorme diferencia entre existir y estar vivo. Muchos seres humanos han tenido que estar a punto de morir para comprenderlo. No en vano, la «zona de comodidad» en la que muchos nos hemos instalado se caracteriza por llevar una existencia alienada, monótona y gris, en la que nos sentimos seguros, pero no satisfechos. Y puesto que nuestro nivel de malestar es inferior a nuestro miedo al cambio, solemos acomodarnos y resignarnos.
De esta manera posponemos indefinidamente tomar medidas alternativas orientadas a convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos. Lo último que queremos es complicarnos la vida. Llegado el caso, seguramente tampoco sabríamos qué hacer. Y al carecer de una brújula interior que nos indique nuestro propio camino, solemos escondernos tras una máscara del agrado de los demás, entrando en una rueda que nos va atrapando y de la que nos es muy difícil salir. Eso sí, por más que nos hayamos acostumbrado, el sufrimiento no es nuestra verdadera naturaleza. Por eso tarde o temprano llega un día en que el sinsentido y el vacío devienen insoportables. Sólo entonces nos atrevemos a cambiar.
Llegados a este punto, es importante diferenciar el dolor del sufrimiento. Más que nada porque el dolor suele ser una experiencia física que aparece como resultado de una acción determinada, como por ejemplo que nos demos un golpe contra una mesa, nos cortemos con un cuchillo o que de pronto nos duela el estómago por haber comido demasiado. De hecho, su función es la de protegernos, advirtiéndonos de que estamos dañando a nuestro cuerpo. Si no existiera el dolor, podríamos lesionarnos e incluso destruirnos sin darnos cuenta. Por medio de su molesta presencia tomamos consciencia de la importancia de cuidar mejor nuestra salud física.
Por dolor también nos referimos al poso que dejan los conflictos emocionales en nuestro corazón. Es decir, a las consecuencias fisiológicas que tienen los chupitos de cianuro que nos tomamos cada vez que discutimos (ira), nos lamentamos (tristeza) o nos pre-ocupamos (miedo). Así es como de forma inconsciente vamos acumulando una bola de malestar en nuestro interior. Y por más que lo neguemos y lo rechacemos, el dolor forma parte de la vida. No hay manera de escapar de él.
TODO EL SUFRIMIENTO ESTÁ EN LA MENTE
El sufrimiento es otra cosa. Se trata de una experiencia mental que creamos por medio de nuestros pensamientos cuando no aceptamos lo que nos sucede. Por ejemplo, frente al dolor que sentimos al darnos un golpe contra una mesa o cuando nos duele el estómago, el sufrimiento sólo aparece en el caso de que adoptemos una actitud victimista, quejándonos o lamentándonos por lo que nos ha ocurrido. Así, el sufrimiento no tiene nada que ver con lo que nos pasa, sino con la interpretación que hacemos de los hechos en sí.
Lo cierto es que nada ni nadie tiene el poder de herirnos emocionalmente sin nuestro consentimiento. Es imposible. Sólo nosotros –por medio de nuestros pensamientos– podemos hacernos daño frente a personas conflictivas y situaciones adversas. Al aceptar que somos la única causa de nuestro sufrimiento, podemos decidir dejar de autoperturbarnos, tomando las riendas de nuestro diálogo interno. Si bien en un primer momento no podemos controlar ni cambiar nuestras circunstancias, siempre podemos aprender a modificar la forma en que nos afectan, cambiando nuestra manera de mirarlas y de interpretarlas. Esta es la razón por la que Buda afirmó que «el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional».
Y entonces, ¿qué función cumple el sufrimiento en nuestra existencia? Por un lado, es completamente inútil. Imaginemos que nuestra pareja decide finalizar nuestra relación sentimental. O que nuestra empresa rescinde nuestro contrato laboral. Frente a este tipo de circunstancias solemos pensar de forma negativa y destructiva. Principalmente porque son situaciones que atentan contra de nuestros deseos, necesidades, aspiraciones y expectativas. Sin embargo, por más que nos quejemos y protestemos, esta actitud victimista no sirve para nada. No promueve ningún cambio constructivo. Por más que suframos, seguiremos sin pareja y sin empleo. De hecho, en ocasiones sufrimos para llamar la atención de los demás o de la vida, creyendo –al igual que cuando éramos niños– que así conseguiremos arreglar las cosas.
MOTOR DE CAMBIO Y TRANSFORMACIÓN
Sin embargo, el sufrimiento tiene una función muy importante. Al destruirnos por dentro –envenenando con cianuro nuestra mente y nuestro corazón– nos hace tomar consciencia de que nuestra manera de pensar y de comportarnos es ineficiente. También es una invitación a cuidar nuestro diálogo interno. Es decir, los pensamientos con los que hablamos con nosotros mismos y etiquetamos constantemente la realidad. Y dado que el bienestar es nuestra verdadera naturaleza, el sufrimiento nos motiva a salirnos de nuestra zona de comodidad, iniciando un viaje de aprendizaje para crecer y evolucionar como seres humanos.
De hecho, el salto a la «zona de incertidumbre» suele llegar como consecuencia de haber experimentado una saturación de malestar. Es decir, cuando nos es imposible aguantar más en el lugar físico y psicológico en el que nos encontramos. Así es como finalmente nos armamos de coraje para aventurarnos a lo nuevo y a lo desconocido. De pronto nos sentimos con fuerza y motivación para asumir ciertos riesgos. Es entonces cuando empezamos a diseñar una estrategia orientada al cambio.
Al entrar en la zona de incertidumbre iniciamos un proceso de aprendizaje, crecimiento y evolución personal. No nos queda más remedio que conocernos mejor, descubriendo algunas verdades acerca de nosotros mismos. Por medio de este proceso, finalmente accedemos a la «zona de bienestar», en la que nos sentimos en paz con nosotros mismos, percibiendo que nuestra vida es perfecta tal y como es. Es decir, que aunque pudiéramos no modificaríamos –a grandes rasgos– nada de lo que forma parte de nuestra existencia.
Por más que muchas veces tomemos decisiones relacionadas con cambios y modificaciones externas, la zona de bienestar no tiene tanto qué ver con nuestras circunstancias, sino con nuestra manera de verlas e interpretarlas. Y es precisamente este cambio de percepción y de actitud el que nos permite descubrir quiénes somos y qué dirección queremos darle a nuestra vida. Y dado que todo está en permanente evolución, con los años nuestra zona de bienestar puede mutar, convirtiéndose en una nueva zona de comodidad. De ahí la necesidad de abrazar la filosofía del cambio y del aprendizaje permanente.
Borja Vilaseca

Crecimiento interior, Melodie Beattie

Igual que cuando eramos niños nos quedaban chicos los juguetes y ropa favoritos, a veces ya de adultos nos quedan chicas algunas cosas: gente, empleos, casas. Esto puede causar confusión. Podemos preguntarnos por qué alguien o algo que era tan especial e importante para nosotros el año pasado ya no encaja del mismo modo en nuestra vida hoy. Podemos preguntarnos por qué han cambiado nuestros sentimientos.
Cuando éramos niños, quizá tratamos de que nos quedara una prenda de vestir que era grande para nuestro cuerpo. Ahora, de adultos, podemos atravesar épocas en que tratamos de forzar actitudes que ya hemos rebasado. Quizá necesitemos hacer esto para darnos tiempo y cuenta de la verdad. Lo que funcionaba el año pasado, lo que era tan importante y tan especial para nosotros en tiempos pasados, no nos funciona ya más porque hemos cambiado. Hemos crecido.
Podemos aceptar esto como una parte válida e importante de la recuperación. Podemos permitirnos pasar por la experimentación y por la pena mientras batallamos por hacer algo que nos quede, tratando de averiguar si de veras ya no nos vale y por qué. Podemos explotar nuestros sentimientos y pensamientos acerca de lo que ha ocurrido.
Después podemos guardar los juguetes del año pasado y hacer espacio para los nuevos.

"Hoy dejaré que los juguetes del año pasado sean lo que fueron: los juguetes del año pasado. Los recordaré con cariño por el papel que desempeñaron en mi vida. Luego, los guardaré y haré espacio para los nuevos".
(Melody Beattie 

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Hambre de tí mism@, Dr. Robin L. Smith


Hambre De Ti Mismo: 
La Dieta Que No Te Puedes Permitir Saltarte
Dr. Robin L. Smith 
Conversación con Greg Sherwood.



Tengo hambre de amor verdadero, no de migajas disfrazadas de menú completo, 
Tengo hambre de relaciones donde el respeto sea la piedra angular de la conexión, 
Tengo hambre de relaciones que no me exijan que apague mi brillante luz si quiero sentarme a la mesa, 
Tengo hambre de que aprecien sinceramente mis dones y talentos, aquellos con los que quiero trabajar, 
Tengo hambre de no necesitar hacerme la tonta para que otros se sientan listos, 
Tengo hambre de ser hermosa y sexy, no una mujer Barbie para un hombre, 
Tengo hambre de tener una pareja que no parezca un depredador, 
Tengo hambre de pasión, de sexo maravilloso que merezca mi mente, cuerpo y espíritu, 
Tengo hambre de no parecer pequeña cuando mi espíritu y mis sueños son grandes, 
Tengo hambre de ser valiente y de no permitir que el miedo dirija mi vida, 
Tengo hambre de un yo, un alma, una vida, un amor, una relación sin división, 
Tengo hambre de saber que soy amada y que soy irrevocablemente hija de Dios, 
Tengo hambre de ser yo...

Hungry: The Truth About Being Full
Dr. Robin L. Smith

lunes, 26 de diciembre de 2016

El verdadero significado de la prosperidad, Jeff Foster



“No preguntes qué es lo que el mundo necesita. 
Pregúntate qué es lo que te hace sentir vivo, y hazlo. 
Porque lo que el mundo necesita 
es gente que se sienta realmente viva.”
- Howard Thurman





Encuentra algo que te encante hacer y hazlo todos los días. Encuentra algo que te motive y no te deje otra alternativa, algo que te sea sumamente fácil, natural, sin la necesidad de tener que "hacer" nada, algo que te haga sentir maravillosamente vivo; algo que te absorba por completo, algo que te haga olvidar el pasado, el futuro y la pesada carga de "tener que ser", algo que se sienta absolutamente fiel a la esencia de tu ser, algo por lo que valga la pena vivir, algo que implique una conexión profunda, y hazlo. Hazlo todos los días. Busca la manera de poder vivir de ello, de convertir tu vida en una expresión de ello. Recuerda que cuando te enfocas en cierto destino, pierdes de vista el recorrido, que es en donde se encuentra toda la vida. La verdadera satisfacción no proviene de un futuro que tengas que aguardar. La satisfacción real consiste en saber conscientemente lo que eres hoy, en ser eso, en vivir eso, y así es como nacen todos los futuros.

¡Claro! habrán ciertos temores y dudas, los "Peros", los típicos "No debería" y por supuesto, los "No puedo". Sí, se espera que haya miedo y que se pueda abrazar y que se pueda integrar. Sí, la mente dirá... "pero así no harás dinero", y la mente dirá... "eso no te brindará seguridad", y la mente dirá... "te estás engañando a ti mismo", y la mente dirá... "no lo lograrás", y la mente dirá... "¿Pero, qué dirán todos de ti?", y la mente dirá todo tipo de cosas porque a ella sólo le gusta lo que ya sabe y lo que cree que puede predecir y le da terror el cambio y ultimadamente, la muerte. Pero recuerda que tú no eres la mente y que la mente tiene todo el derecho de decir lo que quiera porque no tiene el control de tu propia inmensidad. El miedo no es un obstáculo, la resistencia no puede detener el flujo incesante que crea galaxias y hace a las aves cantar, y todas las objeciones de la mente son sólo objeciones al cambio. Sin embargo, el cambio es la naturaleza de todas las cosas, no el enemigo, y una vida vivida al máximo que termina en un glorioso fracaso es preferible a una vida vivida a medias que termina en un éxito completamente vacío y en piscinas atascadas de dinero que se hizo sin amor.

Entonces, ¿qué es el éxito? El éxito no se trata de cuánto dinero tenga uno en la cuenta de banco, eso ya lo sabemos. No es una lista de logros y premios y reconocimientos, no es la cantidad de títulos ni certificados colgados en una pared, no se trata de la cantidad de clientes ni seguidores que se tengan, se trata de ese fuego que siente en la barriga, se trata de todo aquello que sale naturalmente desde el corazón a cada momento, y no de cuánto dinero vaya a entrar a los bolsillos en el futuro; se trata de ser uno con la vida, de alinearse con lo que realmente es, es hacer lo que se ama y amar lo que se hace, amarlo tanto que no tenga uno otra opción más que permitir que eso sea, amarlo tanto que las recompensas mundanas se vuelvan algo secundario, incluso si fluyen abundantemente. Sé uno con lo que eres y vive desde esa alineación y conocerás la verdadera prosperidad, como cuando eras joven y no habías aprendido aún cómo conformarte o cómo temer al fracaso.

Hemos confundido el lucro con la prosperidad, el éxito con las estadísticas y hoy en día hay mucha gente que vive para enriquecerse y para conseguir un estatus, sin embargo, se trata de una riqueza vacía, una riqueza amenazada por el miedo, la pérdida y la ruina, en última instancia. Una riqueza que depende de las incontrolables circunstancias externas. Mejor, haz lo que amas, entrega tu vida a ello y sabrás lo que es la verdadera prosperidad, una prosperidad digna de toda tu confianza, más allá de los beneficios económicos, esa prosperidad que ningún tipo de ganancia puede comprar y que ninguna pérdida puede destruir. La mente, que opera en el ámbito de la ganancia y la pérdida, de la causa y el efecto, del tiempo y el espacio, sentirá miedo de la pérdida y la ganancia, de la pérdida de su imagen, de la pérdida de su seguridad y siempre querrá más y más riqueza. Reconoce el miedo y la codicia, no los conviertas en tus enemigos, en cambio, concéntrate en tu prosperidad y en la prosperidad de aquellos que te rodean, concéntrate en aquello que amas, en tu verdad, y no permitas que nada se convierta en una excusa para descuidar tu más profunda vocación, aquello que verdaderamente te impulsa. Haz lo que amas sin distraerte. Sí, podrías perder lo que tienes, lo que crees que es tuyo. Podrías llegar a tener menos dinero que antes. Podrías enfrentarte a las críticas e incluso a las burlas de algunos. Es posible. Sin embargo, estarás completamente alineado con la vida y abierto a la oportunidad, a que aparezca alguna ayuda inesperada en el camino, a correos y llamadas que surjan de la nada, estarás abierto a todos y a todo lo que deba aparecer en el momento oportuno y todo aquello que deba desaparecer también lo hará en su momento. Aprenderás a vivir sin la programación de la mente y sus historias, aprenderás a vivir a través de tu propio programa, un programa en donde habitan los cometas y las estrellas, un programa ancestral de profunda paz y verdadera satisfacción.

Estarás tan enamorado de lo que haces que perderás todo temor a la escasez de dinero, y la confianza ocupará el lugar del temor, y desde este fertilizante de confianza absoluta, se generará el dinero suficiente, o por lo menos, los medios para mantenerte a ti mismo, o la voluntad de ser apoyado mientras encuentras tu punto de equilibrio. En formas inesperadas, el apoyo vendrá, las conexiones adecuadas se darán, aparecerá la gente y las circunstancias adecuadas y las cosas empezarán a fluir, incluyendo el dinero, si eso es lo que te preocupa, pues el dinero, de todos modos, es solamente energía y todo es energía. Tal vez llegará lentamente en un principio. Tal vez no al ritmo que a la mente le gusta, pero llegará, en su propio tiempo. Lo realmente importante es ese fluir, no el resultado. Aprenderás a tener paciencia y a sentir confianza y te verás forzado a hacerte amigo de la duda. Podrías decir "no es posible, todo será un rotundo fracaso", pero nunca lo sabrás si no lo intentas. Podrías ganarte la vida haciendo aquello que amas. Podrías incluso tener una vida con mucha riqueza. Es posible. Otros lo han logrado antes que tú. Y con lo que la vida te dé, serás capaz de devolver mucho más de lo que algún día imaginaste y el ciclo de prosperidad continuará inevitablemente.

Sí, puede ser que esté completamente equivocado. Tal vez todo esto sea una ilusión, tonterías de la Nueva Era, un parloteo espiritual fuera de la realidad, una promesa de felicidad para los ya satisfechos. Quizás tus miedos y dudas estén justificadas. Tal vez estés completamente atorado en la vida que llevas, sin esperanzas de algo diferente. Pero quizás no, y este "quizás no", sea la posibilidad que abra todas las demás posibilidades, y en la que muchos se niegan a adentrarse en lugar de permitir que los miedos y las dudas y las justificaciones gobiernen sus vidas limitando sus grandes capacidades. Y entonces, todo lo que queda es la censura, la amargura, el arrepentimiento y la culpa cósmica de la pequeñez y de un potencial desperdiciado, y la esperanza de una vida diferente o la expectativa de que las circunstancias externas cambien. Culpamos a todos y a todo por nuestro estancamiento y negativa (que replanteamos como nuestra propia incapacidad) de definir la vida que amamos. Culpamos a nuestros genes, a nuestra química cerebral, a nuestras creencias espirituales, a nuestro karma, a nuestra personalidad, a nuestros padres, a la economía, al gobierno, al clima, a la alineación de los planetas, a nuestra historia, a nuestras conclusiones acerca de lo que debería pasar. Una vez que el juego de la culpa comienza, ya no hay quien lo pare. Pero en eso, tampoco encontramos alegría.

He conocido a personas que, en las últimas semanas de su vida, descubrieron de pronto algo en lo que eran buenos, algo que hizo que su corazón cantara: morir bien. Morir en una forma que inspirara a los demás. Permitiendo que su agonía fuera transformadora y un factor de cambio. En las últimas semanas de vida entraron en una absoluta prosperidad. Se entregaron por completo a aquello que amaban, sin esperar ningún beneficio adicional, ninguna ganancia. Jamás hubo alguna excusa. Siempre hay algo para nosotros. A veces, el simple hecho de saber lo que no queremos es el primer paso. A veces, no saber lo que queremos, pero darnos el espacio y el tiempo para explorarlo y encontrarlo es un movimiento de suprema inteligencia y valor en sí mismo.

Aquí no hay ningún mandamiento, no existen los "deberías". No te estoy diciendo cómo vivir o qué es lo que tienes que hacer. El mundo está repleto de todo eso. Estas son sólo pequeñas invitaciones de alguien que ya pasó por eso, recordatorios llenos de amor para que te abras a tu propia inmensidad, para que liberes a tu corazón, para que bailes y cantes y para que seas eso que ya sabes que eres: la Vida misma, preñada de un potencial creativo que estalla como un Big Bang, ese potencial que por siempre ha escrito cuentos de aventuras emocionantes en las paredes de tu corazón, ese potencial que aún estalla en forma de cada pensamiento, cada sensación, cada sentimiento. Vive la vida que amas porque quizás tengas sólo este día para hacerlo. Nadie más puede vivirla por ti. Te cansarías de esperar.

- Jeff Foster
(Traducido por Tarsila Murguía)

Fte: Facebook Encuentra algo que te encante hacer y hazlo todos los días. Encuentra algo que te motive y no te deje otra alternativa, algo que te sea sumamente fácil, natural, sin la necesidad de tener que "hacer" nada, algo que te haga sentir maravillosamente vivo; algo que te absorba por completo, algo que te haga olvidar el pasado, el futuro y la pesada carga de "tener que ser", algo que se sienta absolutamente fiel a la esencia de tu ser, algo por lo que valga la pena vivir, algo que implique una conexión profunda, y hazlo. Hazlo todos los días. Busca la manera de poder vivir de ello, de convertir tu vida en una expresión de ello. Recuerda que cuando te enfocas en cierto destino, pierdes de vista el recorrido, que es en donde se encuentra toda la vida. La verdadera satisfacción no proviene de un futuro que tengas que aguardar. La satisfacción real consiste en saber conscientemente lo que eres hoy, en ser eso, en vivir eso, y así es como nacen todos los futuros. 

¡Claro! habrán ciertos temores y dudas, los "Peros", los típicos "No debería" y por supuesto, los "No puedo". Sí, se espera que haya miedo y que se pueda abrazar y que se pueda integrar. Sí, la mente dirá... "pero así no harás dinero", y la mente dirá... "eso no te brindará seguridad", y la mente dirá... "te estás engañando a ti mismo", y la mente dirá... "no lo lograrás", y la mente dirá... "¿Pero, qué dirán todos de ti?", y la mente dirá todo tipo de cosas porque a ella sólo le gusta lo que ya sabe y lo que cree que puede predecir y le da terror el cambio y ultimadamente, la muerte. Pero recuerda que tú no eres la mente y que la mente tiene todo el derecho de decir lo que quiera porque no tiene el control de tu propia inmensidad. El miedo no es un obstáculo, la resistencia no puede detener el flujo incesante que crea galaxias y hace a las aves cantar, y todas las objeciones de la mente son sólo objeciones al cambio. Sin embargo, el cambio es la naturaleza de todas las cosas, no el enemigo, y una vida vivida al máximo que termina en un glorioso fracaso es preferible a una vida vivida a medias que termina en un éxito completamente vacío y en piscinas atascadas de dinero que se hizo sin amor. 

Entonces, ¿qué es el éxito? El éxito no se trata de cuánto dinero tenga uno en la cuenta de banco, eso ya lo sabemos. No es una lista de logros y premios y reconocimientos, no es la cantidad de títulos ni certificados colgados en una pared, no se trata de la cantidad de clientes ni seguidores que se tengan, se trata de ese fuego que siente en la barriga, se trata de todo aquello que sale naturalmente desde el corazón a cada momento, y no de cuánto dinero vaya a entrar a los bolsillos en el futuro; se trata de ser uno con la vida, de alinearse con lo que realmente es, es hacer lo que se ama y amar lo que se hace, amarlo tanto que no tenga uno otra opción más que permitir que eso sea, amarlo tanto que las recompensas mundanas se vuelvan algo secundario, incluso si fluyen abundantemente. Sé uno con lo que eres y vive desde esa alineación y conocerás la verdadera prosperidad, como cuando eras joven y no habías aprendido aún cómo conformarte o cómo temer al fracaso. 

Hemos confundido el lucro con la prosperidad, el éxito con las estadísticas y hoy en día hay mucha gente que vive para enriquecerse y para conseguir un estatus, sin embargo, se trata de una riqueza vacía, una riqueza amenazada por el miedo, la pérdida y la ruina, en última instancia. Una riqueza que depende de las incontrolables circunstancias externas. Mejor, haz lo que amas, entrega tu vida a ello y sabrás lo que es la verdadera prosperidad, una prosperidad digna de toda tu confianza, más allá de los beneficios económicos, esa prosperidad que ningún tipo de ganancia puede comprar y que ninguna pérdida puede destruir. La mente, que opera en el ámbito de la ganancia y la pérdida, de la causa y el efecto, del tiempo y el espacio, sentirá miedo de la pérdida y la ganancia, de la pérdida de su imagen, de la pérdida de su seguridad y siempre querrá más y más riqueza. Reconoce el miedo y la codicia, no los conviertas en tus enemigos, en cambio, concéntrate en tu prosperidad y en la prosperidad de aquellos que te rodean, concéntrate en aquello que amas, en tu verdad, y no permitas que nada se convierta en una excusa para descuidar tu más profunda vocación, aquello que verdaderamente te impulsa. Haz lo que amas sin distraerte. Sí, podrías perder lo que tienes, lo que crees que es tuyo. Podrías llegar a tener menos dinero que antes. Podrías enfrentarte a las críticas e incluso a las burlas de algunos. Es posible. Sin embargo, estarás completamente alineado con la vida y abierto a la oportunidad, a que aparezca alguna ayuda inesperada en el camino, a correos y llamadas que surjan de la nada, estarás abierto a todos y a todo lo que deba aparecer en el momento oportuno y todo aquello que deba desaparecer también lo hará en su momento. Aprenderás a vivir sin la programación de la mente y sus historias, aprenderás a vivir a través de tu propio programa, un programa en donde habitan los cometas y las estrellas, un programa ancestral de profunda paz y verdadera satisfacción. 

Estarás tan enamorado de lo que haces que perderás todo temor a la escasez de dinero, y la confianza ocupará el lugar del temor, y desde este fertilizante de confianza absoluta, se generará el dinero suficiente, o por lo menos, los medios para mantenerte a ti mismo, o la voluntad de ser apoyado mientras encuentras tu punto de equilibrio. En formas inesperadas, el apoyo vendrá, las conexiones adecuadas se darán, aparecerá la gente y las circunstancias adecuadas y las cosas empezarán a fluir, incluyendo el dinero, si eso es lo que te preocupa, pues el dinero, de todos modos, es solamente energía y todo es energía. Tal vez llegará lentamente en un principio. Tal vez no al ritmo que a la mente le gusta, pero llegará, en su propio tiempo. Lo realmente importante es ese fluir, no el resultado. Aprenderás a tener paciencia y a sentir confianza y te verás forzado a hacerte amigo de la duda. Podrías decir "no es posible, todo será un rotundo fracaso", pero nunca lo sabrás si no lo intentas. Podrías ganarte la vida haciendo aquello que amas. Podrías incluso tener una vida con mucha riqueza. Es posible. Otros lo han logrado antes que tú. Y con lo que la vida te dé, serás capaz de devolver mucho más de lo que algún día imaginaste y el ciclo de prosperidad continuará inevitablemente. 

Sí, puede ser que esté completamente equivocado. Tal vez todo esto sea una ilusión, tonterías de la Nueva Era, un parloteo espiritual fuera de la realidad, una promesa de felicidad para los ya satisfechos. Quizás tus miedos y dudas estén justificadas. Tal vez estés completamente atorado en la vida que llevas, sin esperanzas de algo diferente. Pero quizás no, y este "quizás no", sea la posibilidad que abra todas las demás posibilidades, y en la que muchos se niegan a adentrarse en lugar de permitir que los miedos y las dudas y las justificaciones gobiernen sus vidas limitando sus grandes capacidades. Y entonces, todo lo que queda es la censura, la amargura, el arrepentimiento y la culpa cósmica de la pequeñez y de un potencial desperdiciado, y la esperanza de una vida diferente o la expectativa de que las circunstancias externas cambien. Culpamos a todos y a todo por nuestro estancamiento y negativa (que replanteamos como nuestra propia incapacidad) de definir la vida que amamos. Culpamos a nuestros genes, a nuestra química cerebral, a nuestras creencias espirituales, a nuestro karma, a nuestra personalidad, a nuestros padres, a la economía, al gobierno, al clima, a la alineación de los planetas, a nuestra historia, a nuestras conclusiones acerca de lo que debería pasar. Una vez que el juego de la culpa comienza, ya no hay quien lo pare. Pero en eso, tampoco encontramos alegría. 

He conocido a personas que, en las últimas semanas de su vida, descubrieron de pronto algo en lo que eran buenos, algo que hizo que su corazón cantara: morir bien. Morir en una forma que inspirara a los demás. Permitiendo que su agonía fuera transformadora y un factor de cambio. En las últimas semanas de vida entraron en una absoluta prosperidad. Se entregaron por completo a aquello que amaban, sin esperar ningún beneficio adicional, ninguna ganancia. Jamás hubo alguna excusa. Siempre hay algo para nosotros. A veces, el simple hecho de saber lo que no queremos es el primer paso. A veces, no saber lo que queremos, pero darnos el espacio y el tiempo para explorarlo y encontrarlo es un movimiento de suprema inteligencia y valor en sí mismo. 

Aquí no hay ningún mandamiento, no existen los "deberías". No te estoy diciendo cómo vivir o qué es lo que tienes que hacer. El mundo está repleto de todo eso. Estas son sólo pequeñas invitaciones de alguien que ya pasó por eso, recordatorios llenos de amor para que te abras a tu propia inmensidad, para que liberes a tu corazón, para que bailes y cantes y para que seas eso que ya sabes que eres: la Vida misma, preñada de un potencial creativo que estalla como un Big Bang, ese potencial que por siempre ha escrito cuentos de aventuras emocionantes en las paredes de tu corazón, ese potencial que aún estalla en forma de cada pensamiento, cada sensación, cada sentimiento. Vive la vida que amas porque quizás tengas sólo este día para hacerlo. Nadie más puede vivirla por ti. Te cansarías de esperar. 

- Jeff Foster
(Traducido por Tarsila Murguía)

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