A decidir también se aprende, Fanny Libertun

Decidir, desechar, elegir, jugarse por algo; estas palabras, por sí mismas, pueden hacer que un indeciso, se sienta entrando en una zona de “terror”. Entre el momento en el que comienza el proceso en el que hay que tomar una decisión, hasta que éste culmina, se abre un espacio de ansiedad y sufrimiento que parecen interminables; sobre todo para aquellos que se auto definen como “indecisos crónicos”.

Tomi Tover Krein

Aunque no nos identifiquemos especialmente con ser indecisos, el tomar decisiones es un área de la vida que nadie tiene resuelta y que nadie atraviesa sin algo de temor o de tensión.
Al contrario, puede ofrecer a cualquiera un buen escenario para grandes aprendizajes. Las decisiones que tomamos se refieren a los asuntos más diversos, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, nos vemos expuestos a tener que decidir. Podríamos decir, sin temor a exagerar, que vivir es el acto mismo de elegir. ¿No sería ya una decisión el hecho en sí de seguir estando vivos?.
Desde una perspectiva intelectual, tendemos a suponer que la realidad se presenta como si fuera fija: “Si yo hago tal cosa, obtengo tal resultado”. El mecanismo se parece en mucho a lo que ocurre en un examen de “múltiple choice”: “si contesto bien, es porque supe elegir la mejor de las respuestas”. Acá podemos observar parte de aquello que genera tensión al decidir porque si el resultado depende exclusivamente de nuestra capacidad de elección, es imposible no sentir tensión. El problema aquí reside en que jamás obtenemos toda la información que necesitamos para tomar las decisiones, nunca se contamos con todos los datos que necesitamos en el momento de la decisión. ¿Porqué?. Porque esos datos recién los obtenemos cuando los acontecimientos ya se produjeron., esa información, entonces, se halla en el futuro. Esto parece funcionar así, simplemente existen demasiadas variables, muchas posibilidades que se mezclarán entre sí de maneras muy complejas.

En muchos de nosotros subyace la idea acerca de que tomar una decisión respecto del futuro es como elegir entre dos puertas : si abrimos una caemos en el abismo más negro y profundo; si abrimos la otra lograremos el éxito y la dicha infinita. Si la vida fuera tan ordenada, entonces todo lo que necesitaríamos sería algunos carteles que nos indiquen por donde ir. Pero ¿Quién sería entonces el encargado de escribirlos?

Es bueno recordar que en la vida todo cambia, por lo tanto el éxito nunca es permanente ni es absoluto y por eso mismo hay que esperar que sobrevengan las fallas y los errores. Por otra parte, si de alcanzar el éxito se trata ¿Quién no se a frenado inconscientemente alguna vez en el momento de lograr el éxito tan buscado? Fracasar nos desagrada, pero también nos protege de ser exitosos ya que serlo nos llevaría al espacio abierto de lo nuevo y de mayores responsabilidades.

Otro ejercicio interesante es el de disponernos a aprender a discriminar entre cuáles son las decisiones que no se pueden modificar y cuales sí y conocer el hecho de que las decisiones también se pueden cambiar , una vez que se tomaron. Pero esto, por supuesto, requiere de nuestra flexibilidad intelectual y emocional.

Aceptar que la acumulación de malas decisiones o de “errores”, nos acerca más al acierto. Por eso, tratar de apoyarnos menos palabras tale como “suerte” o “fortuna” y dar más espacio en nuestra vida al aprendizaje de la mayor cantidad de conocimientos y habilidades que nos permitan comprender mejor cómo podemos resolver problemas; o sea, formarnos y trabajar para aprender a vivir mejor.

El siguiente es un fragmento de un poema escrito por Virginia Satir (1916-1988) quien fue terapeuta y maestra. Por los 70's, viajaba y enseñaba a personas alrededor del mundo a través de sus libros, talleres y seminarios de entrenamiento.

ELEGIR LO ADECUADO
“Al analizar nuestros recursos, seamos conscientes y apreciemos lo que hemos visto y oído, sentido, tocado y olido, todos los pensamientos y sentimientos que hoy son parte de nuestra vida, lo que hemos escogido, lo que hemos decidido, nuestras palabras y acciones. Tenemos grandes recursos para tomar decisiones. Y el que hayamos optado por hacer una u otra cosa en el pasado no significa que tenemos que seguir haciendo lo mismo ahora. Sean las que fueran, nuestras decisiones fueron y siguen siendo opciones. Al entrar en contacto con nuestras capacidades personales y escoger lo que en este momento no es útil, nos damos cuenta de que hay un mundo de cosas que no hemos utilizado o, por lo menos, no como ahora quisiéramos haberlas empleado. Déjalas ir con una bendición. Probablemente todo esto alguna vez sirvió a un propósito. Pidámosle hoy, sin embargo, que sigan su camino”.
 Fanny Libertun

Comentarios

Entradas populares de este blog

Madres Tóxicas

DECRETO PARA PEDIR ,Conny Méndez

Constelaciones familiares: Ejercicio para la adicción