Matar a todos, menos a ti mismo, Natalia Bullon



Nadie me dijo que crecer no era fácil.
Matar a todos, incluso a los padres es una de las cosas más difíciles en la vida, desde donde yo lo vivo.
Matar la voz interna de papá y mamá es un grito de libertad y de independencia que nos acerca a nuestra propia vida.
Hacer silencio a esas voces que repiten lo que deberías hacer o lo que es mejor para ti es un trabajo diario, que duele, que emociona. Mi trabajo de toda la vida.
Recopilando la historia de mis ancestros he recordado la fuerza que ellos tienen para estar detrás. Ellos son esa inyección de amor que atraviesa el linaje y que decanta en ti, en mí. Decanta y se convierte en eso grandioso que eres y el regalo que vienes a ser para todos los que te preceden. En cada célula de tu cuerpo vibran todas las historias no contadas, no lloradas, rebosantes de amor, la creatividad echa carne. Todo lo anterior tienen un llamado: que hagas tu propia vida. Que seas la mejor versión de ti mismo.
NO para el resto.
Para ti mismo.
El llamado a tomar TU propia vida y saberte extraordinario tal y como eres.
Mientras escribo esto recuerdo que todas estas palabras me lo digo a mi misma, muchas veces más cuando me duele la soledad. Constantemente. Crecer y hacerse adulto es construir un espacio interno seguro, iluminado, un espacio donde siempre podemos volver cuando algo en el exterior nos violenta, nos sacude internamente para recordarnos que vivimos la experiencia humana, la experiencia de polaridades: La del dolor y alegría, la de la vida y la muerte. Ese espacio tiene el poder de reconstruir nuestra piel, del baño revitalizante, de acariciarnos para sanar.
Tiene el poder de decirnos que NO tenemos nada malo.
El espacio interior, que yo lo siento en el corazón, tiene el poder de auto sanación.
Tantas terapias, tantos caminos y vuelvo al mismo punto: La sanación está dentro de nosotros mismos.
Siempre recuerdo ese primer mandamiento que me enseñaron en la escuela: Amarás a Dios sobre todas las cosas. Veía a Dios como algo fuera de mí. Así me enseñaron. Lo que no sabía y nunca había sentido era que Dios estaba en mí, que está en todos. Fuera de etiquetas, fuera de conceptos, que no tiene que ver con separar. Con excluir. Para mí esa frase es amarnos tal cual somos.
NO temer de cómo nos mostramos al mundo.
Amarnos en nuestra verdad.
NO traicionarnos.
NO hacer auto-boicot.
Cuidar ese espacio para hacerlo florecer implica poner límites, explicando mi sentir, lo que me duele, lo que me alegra, lo que me apasiona.
Cuando nos volvemos adultos nos damos cuenta que la verdadera grandeza está en sintonizar con nosotros mismos, con lo que mí me hace bien, con lo que está bien para mí más allá del resto, incluso más allá de mis padres, figuras tan importantes en nuestra vida.
Esto está bien para mí y es bueno para mi vida.
Más allá de ti mamá.
Más allá de ti papá.
Mato a todos mis referentes y habito mi cuerpo con mi propia vida. Aunque eso duela.
Ahora ya soy grande y puedo ser padre y madre para mi vida.
Sólo cuando tocamos ese lugar interno nos damos cuenta que nada nos falta, y que a pesar de que papá o mamá no me entregaron todo lo que esperaba de niño, ahora de GRANDE me lo puedo dar.
AHORA, que soy adulto puedo construir un mundo nuevo para mí. El mundo donde me escucho, donde no me traiciono, donde sé por experiencia propia que es necesaria la noche para llegar a la luz de la mañana. Donde SÉ que crecer no es fácil, pero es el regalo del vivir.
AHORA, que soy grande puedo hacerle espacio a mis emociones, a mis lágrimas por más insignificantes que parezcan. Puedo decirle SI a todo, a todo lo que surge en mí. Porque TODO eso que siento es parte de mí.
Porque todo lo que me habita es perfecto para MI.
Esta proclamación de independencia de la adultez parece el inicio de un cuento donde salimos al mundo con un tesoro. Un tesoro cristalizado que nos dice en voz baja lo que realmente somos y nuestros dones. Salimos al mundo protegiendo esa bola de cristal seguros de que afuera podría pasar cualquier cosa menos que nos lo arrebaten.
NO podrían.
Eso yace dentro de nosotros.
Estamos llamados a mantener encendida la llama de nuestra verdad.
Pase lo que pase.
Llegue quien llegue a nuestra vida.
Mantener el fuego de nosotros mismos para mostrarnos al mundo sin vergüenza.
Alzando nuestra bandera del amor por lo que somos como mensaje.
Agradeciendo lo que fue, lo que me entregaron los que me preceden. Dejando el nido de mis anteriores máscaras con el que buscaba ser incluido para colocarme mi verdadera piel.
Mi verdad.
El regalo que somos para el mundo.
Ese regalo es nuestra verdadera conquista.
 

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