El Aliento de la Naturaleza

Cuando la gran Naturaleza suspira, oímos los vientos que, silenciosos por sí mismos, despiertan voces de otros seres, soplando sobre ellos. Desde todas las aberturas suenan fuertes voces. ¿No habéis oído nunca esa agitación de tonos?

Ahí está el bosque, colgado sobre la empinada montaña: viejos árboles con agujeros y grietas como muescas en las vigas, como cuencos, surcos en la madera y huecos llenos de agua. Se oyen mugidos y ruidos, silbidos, voces de mando, gruñidos, profundos zumbidos y tristes flautas.

Una llamada despierta a otra entablando un misterioso y evocador diálogo. Los vientos suaves cantan tímidamente. Los fuertes trompetean sin restricción. Entonces el viento se abate y las aberturas emiten sus últimos sonidos. ¿No habéis observado cómo entonces todo vibra y se aquieta?

Yu replicó: “Comprendo: la música de la tierra canta a través de mil orificios. La música del hombre está interpretada con flautas y otros instrumentos. ¿Qué es lo que interpreta la música de los cielos?”

El maestro Ki dijo: “Algo sopla sobre mil orificios diferentes. Algún poder está detrás de todo esto y hace que los sonidos se apaguen. ¿Qué es este poder?

“Por el camino de Chuang Tzu”

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