Las mareas emocionales: ecuanimidad y determinación


“Lo hago porque lo siento”; “No lo terminé porque ya no tenía ganas”; “Abandoné porque perdí el entusiasmo inicial y me desalenté”...Expresiones como éstas pueden ser muy importantes para tomar ciertas decisiones de nuestra vida: hay cosas que sólo deberíamos hacer o seguir haciendo si las emociones nos acompañan; mirarnos por dentro y darnos cuenta de que la mejor opción es elegir a partir de cómo nos sentimos.

Sin embargo, como la vida es paradójica, el enunciado opuesto también puede ser verdad. Y en determinado tipo de temperamento (ciclotímico, emotivo, con sentimientos que suben y bajan como las mareas) es posible que dejarse llevar por el sentir sea un parámetro peligroso. ¿Cuál es el riesgo? Que los propósitos más íntimos (necesarios para desplegar nuestra evolución en este mundo) queden muy frecuentemente malogrados por supeditarse a “cómo nos sintamos”: se empieza una nueva actividad con mucha pasión… pero si algo nos vulnera el ánimo, la pasión se apaga. Se comienza una obra (un libro, una escultura, un jardín…) pero cuando emergen impedimentos nos aferramos al desaliento, y abandonamos. O bien postergamos indefinidamente el hacer aquello que realmente nuestra esencia quisiera… hasta que “estemos con el ánimo apropiado”.

No es que “esté mal” ser una persona de emociones fluctuantes: de hecho, mucha gente creativa y sensible lo es! El trabajo que tiene por delante quien pueda encuadrarse dentro de esta característica es el de hacer consigo mismo pactos de perseverancia: “Independientemente de cómo esté mi ánimo, de mis ganas del momento, de qué emociones me mueva la vida… decido autodeterminarme”. La determinación es una cualidad indispensable para el camino: es elegir el sendero por donde uno va a transitar, y seguir adelante aunque sople el viento, aunque haya tramos empinados, aunque de a ratos nos sentemos a descansar. Sabiendo, sí, que a veces el ánimo no acompañará cada paso: que en determinados tramos estaremos avanzando aunque algo nos haya puesto tristes, ansiosos, preocupados, desanimados, irritados, temerosos…

La ecuanimidad es algo que acompaña a la determinación. Pero “ecuanimidad” (“mantener el ánimo igual”, independientemente de las circunstancias) no significa que el mar de nuestro sentir se quede quieto. Implica poder concebirnos cual si fuésemos concéntricos, como un huracán: en la periferia podrá haber movimiento, y cosas que el viento de las emociones arrastra con su fuerza; pero el centro de ese viento, el ojo del huracán, es un punto quieto, desde el cual podemos tomar decisiones vitales aunque las emociones estén en plena fluctuación.

Estoy segura de que si estás leyendo estas palabras te será conocida esa sensación: la de percibir que en tu periferia hay un caos de sentires que suben y bajan como los caballos de una calesita… pero que, a su vez, en el centro hay un eje quieto que no participa de ese caos, de esa marea emocional. Determinarse a sí mismo implica saber echar raíces en ese centro, para que nuestro propio huracán no nos trague nuestras oportunidades, nuestros talentos, nuestra vida…

Determinación es constancia, voluntad, la capacidad de priorizar los anhelos de nuestro espíritu (aunque nuestra periferia dude, se canse, se distraiga). Es como algo muy antiguo y maduro dentro de nosotros, que sabe, y que puede autocriar al niño revoltoso de las emociones para que cumpla con su tarea, porque es lo mejor. Quiero compartirles un fragmento de un poema de ese extraordinario músico que es Pedro Aznar, titulado “Hasta hoy” (de su libro “Pruebas de fuego”); nos habla sobre esto mismo, pero más bellamente…

“(…) He visto, también,

los que no cejan:

buscando a tientas;

aferrándose (o soltándose) al centro en las mareas cambiantes;

dejando un tenue rastro del perfume inconfundible en los vientos furiosos;

librando, cada día, la batalla más difícil, la única noble,

la de adentro;

borrando con su propia sangre los dictados negros (propios

y ajenos);

equivocándose, equivocándose y volviendo a empezar;

dudando de su fuerza, pero ofreciendo el pecho;

sabiendo que está todo por hacer, y que tendrá que ser hecho

cada vez

por cada uno;

templando su coraje en la negrura más espesa de la noche.”

Virginia Gawel
www.centrotranspersonal.com.ar

Publicado en la revista Sophia OnLine en noviembre de 2012

Comentarios

Entradas populares de este blog

Madres Tóxicas

DECRETO PARA PEDIR ,Conny Méndez

Constelaciones familiares: Ejercicio para la adicción