miedos

El ser humano en toda hora lleva consigo miedos y de una forma u otra, según sepa, pueda y logre o no, conocer, asumir y vencer, en el sentido de poder llevarlos consigo sin que los mismos lo condicionen patológicamente, hará de su vida un momento de realizaciones o una instancia atormentadora a la que tratará de eludir de una u otra manera.

Así, tenemos que el miedo tiene lugar en una conciencia introspectiva, que halla en la muerte como en el sí mismo, dos instancias fundamentales del miedo si bien no únicas. Tenemos también, el vacío existencial, el miedo a la soledad, entre otras manifestaciones a considerar.

Y aquí comienzan las otras instancias, es decir, cómo y en qué o quiénes colocamos, o solemos colocar, nuestros miedos. Por ejemplo, el miedo al sí mismo, a través de un mecanismo proyectivo, lo depositamos en el otro.

De ahí que el miedo a la otredad, o sea, a la diferencia que signa al diferente, es en realidad el miedo a sí mismo depositado en otro que representa todo lo que no se es y nos aliviana –o creemos que nos aliviana- si “lo dejamos” en ese otro diferente al que buscaremos, en este orden de cosas, culpabilizar, demonizar, estigmatizar, en situaciones extremas.

Estamos hablando de miedos y no de temores. Que estos son, sabido es, experiencias mucho menos desorganizadas que los otros, pues los miedos son, al decir de los que han estudiado esta cuestión, con profundidad y conocimiento, sentimientos que no tienen objeto. Y el temor sí lo tiene.

Tengo para mí que el psicoanalista Erich Fromm, dio en la centralidad del problema al advertir, en su obra “El humanismo como utopía real”, que tres son las problemáticas que de una forma u otra mueven al hombre en su lucha existencial.

Dice Fromm: “Creo que, con la solución regresiva, el hombre trata de
encontrar la unidad librándose del insoportable miedo a la soledad y a la incertidumbre, desfigurando lo que lo hace humano y lo atormenta. La orientación regresiva se desarrolla en tres manifestaciones, juntas o separadas: La necrofilia, el narcisismo y la simbiosis incestuosa.”

Así, Fromm da de lleno en lo que de una forma u otra, como él signa, atormenta al hombre moderno.

Y prosigue: “Por necrofilia entiendo el gusto por todo lo que es violencia y destrucción: el deseo de matar, la adoración de la fuerza, la atracción por la muerte, el suicidio y el sadismo y el deseo de transformar lo orgánico en inorgánico sometiéndolo al “orden”. El necrofílico, por carecer de las cualidades necesarias para crear, en su impotencia encuentra más fácil destruir, porque para él sólo una cualidad tiene valor: la fuerza.”

De cada uno de estos tipos estaremos dando ejemplos y aportando reflexiones, vale aclararlo.

Dice más: “Por narcisismo entiendo la falta de un interés auténtico por el mundo exterior y un intenso apego a uno mismo, al grupo, clan, religión, nación, raza, etc., con graves distorsiones del juicio racional. En general, la necesidad de satisfacción narcisista deriva de la necesidad de compensar una pobreza material.”

Fromm no sólo “dice” sino que “da” en cuestiones que conmueven desde un ángulo u otro al ser humano en su existencia cotidiana.

Y en tercer término, manifiesta que: “Por simbiosis incestuosa entiendo la tendencia a seguir ligado a la madre a sus equivalentes: la estirpe, la familia o la tribu; a descargarse el insoportable peso de la responsabilidad, la libertad y la conciencia, para ser protegido y amado en un estado de seguridad con dependencia, que paga al individuo con el cese de su propio desarrollo humano.”

En suma, y apenas a modo de presentación del tema a abordar, entiendo hoy debemos tratar, quizá como nunca, estas cuestiones. Airearlas, compartirlas, sopesarlas también, buscar referencias pero, y por sobre todo, cotejarlas con la escucha del otro. Con su atención y, si cabe por así entenderlo, con su propio aporte sobre estas cuestiones, para una mejor contextualización de la temática, sea en nuestras circunstancias de vida, sea en las grandes líneas en las que parece darse el tránsito de lo humano en esta época de la historia.

Ciertamente aclaro que no muy lejanamente, en esta misma serie, habremos de estar abordando la problemática social porque no se trata de hablar de un ser disociado sino y justamente de un ser humano que en trato con otro humano se comprende y aislado, sin lenguaje comunicacional, corporal u oral, pasa a ser un doliente más, un átomo.

Como creemos en las personas, y nos precavemos del individuo, en su versión individualista, cosificadora y cosificante, es que creo debemos atrevernos a considerar estas cuestiones.
http://www.laondadigital.com/laonda/LaOnda/305/Recuadros2.htm

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